viernes, 5 de julio de 2013

CAPÍTULO 1 y 2



Qué tal a todos. Sé que me he tardado en hacer entradas, pero la verdad ando un poco ocupado últimamente. Esta novela la terminé hace unos tres meses, ya está incluso concursando, y estoy en correcciones finales para checar con un asesor a qué editorial la podría mandar. 

He decidido empezar a colgarla por aquí para hacerme publicidad. Antes que nada, les diré que no es una novela apta para puristas y mogigatos, tampoco esperen una gran obra maestra; sin embargo les aseguro que les divertirá (entre otras cosas).

Disfruten su lectura.

 

1. Endorfinas




Bueno, aquí estoy con Marco, sentados. Él luego no entiende mucho de lo que pasa, pero a lo largo de estos años ha aprendido la manera de llevarnos bien, en medida de lo posible, por mucho que en momentos no me escuche.
Piensa que nadie se da cuenta. Pero basta verlo como ahorita, sentado, con la mirada perdida entre los coches y el camellón. Con un cigarro de la trompa al piso. Tal vez los demás, que no saben lo que piensa, crean que está buscando la manera de conquistar el mundo, o solo metiéndose en sus pensamientos como cualquier persona introvertida. Pero a mí no me engaña, últimamente piensa en el suicidio. No sé si un día tenga el verdadero valor para hacerlo.
Todo está tan confuso desde que Karina se fue. O mejor dicho nos dejó. Por fin, el momento en que sus papás la convencieron de meternos una demanda por ser mayores de edad. Al final, tanto esfuerzo a lo wey.
Hace unos meses, Marco le encontró una carta en el Facebook, le dije que no buscara, pero no quiso escucharme. Primero la sonrisa se le fue de los cachetes, y empezó a sentir caliente todo el rostro. Al final...
Es que claro, ¡de qué otra puta manera se iba a poner! Leer que tu novia piensa en los ojos verdes de tu amigo mientras se masturba y que quiere ser derretida por esa mirada y en esas caricias que solo sus manos le serían capaces de dar. Pero lo dejamos de lado e intentamos seguir con esa relación durante un mes más, hasta que así, de la nada, ¡madres! Una orden de restricción que, de violarla, nos metería derechito a la cárcel por ser más viejos.
Nuestra primera novia, nuestra primera vez, y nuestra primera decepción. Luego a las dos semanas Mario se suicida, él era el único al que le podíamos contar nuestras cosas... Extraño coger con ella, y extraño sus besos, aún después de estos tres meses, y más con Liliana que a cada rato dice que nos quiere menos. Por si fuera poco, mamá se ha aliado con mi tío Armando para andarnos chinga y jode con la escuela; lo cual no importaría tanto si no fuera porque le tenemos que pedir dinero para salir pues no tenemos trabajo.
¿Así o más jodido?
¿Por qué no te suicidas?
Ni cuenta me di cuando apareció este wey tan agresivo. Como si me conociera. ¿Qué pedo? No es alguien que conozcamos.
Neta, Marco, no lo entiendo, neta que no lo entiendo.
—¿Qué?
En serio. Todos tus desmadres... ¿Qué necesitas para meterte plomo en la cabeza o unas pastillas?
—¿Quién eres?
Quizá aún no es suficiente, o de plano te faltan wevos, ¿le tienes miedo al castigo divino? Yo aquí te pongo el tiro entre ceja y oreja.
Siento como si el tiempo se detuviera, nunca había visto una pistola real en mi vida; pese a eso, no nos sentimos amenazados. Hasta cierto punto quiero que lo haga. Ya, de una vez por todas, a chingar a su madre y ver si existía un cielo, un infierno o un útero nuevo formándome poco a poco.
No, si vas a morir tiene que ser por tu cuenta; sería muy fácil, y así no se hacen las cosas. Recuerda cuando escribas: nunca puedes matar a un personaje como si nada, no tiene chiste, es una salida falsa y te puede arruinar la historia. Sigue escribiendo, en lugar de andar buscando cuatro pares más de labios para tener pedos.            

(…)
No sé qué nos pasó… Este beso…  debe ser Liliana, sí, así recuerdo que se sienten sus labios, tan suaves, con todo y sus fierros de ortodoncia... Mariposas en la panza, y sangre al miembro. Que no se dé cuenta; qué pena, va a pensar que nada más me la quiero coger.
—Te quedaste dormido.            
—No.
—No te estoy preguntando, es en serio, por eso te desperté con un besito. Beso rico.
Puta, que si besa rico. No mames, podría hacerlo durante horas. Más, dame más.
—Te diré.
—Ash, grosero, está bien; ya no te voy a dar besos. Una quiere ponerse linda y tú me quitas las ganas.
—Bueno, entonces te beso yo.
Madres, nos esquivó los labios, hay que abrazarla a ver si así.
—Es en serio, no te voy a dar más.
—Ay, qué fresa.
—Bueno, uno en el cachete.
¿Neta, nada más esto? No debí de haberle dicho nada. No la puedes contradecir porque se le aloca. Pero bueno, vamos de la mano caminando por la calle. Marco mira a todos lados buscando al extraño. ¿Quién habrá sido?, ¿de qué hablaba?, ¿cómo sabe que escribo y que he pensado en matarme?, ¿será que todo lo habremos soñado?
—¿Qué tienes? No hablas.
—Así soy, serio (no, por favor, no lo digas, te vas a arrepentir si lo haces). Además lo hago en protesta porque no me vas a dar más besos (y sí lo dijiste. Pendejo).
—Bueno, pues yo también me puedo quedar seria.
—Jajaja, ¿tú quedarte seria?
—Sí.
—Bueno, si tú lo dices.
Qué bonita se ve; más trompuda por los frenos, y esa mirada de niña chiquita, tiene granitos, pero en serio es bonita; frentuda y con las encías grandes, pero bonita; los ojos también, siempre me han gustado más los ojos de color. Karina era todo lo contrario: flaca, morenita, ojos chicos y cafés; tenía bonitos ojos, y bonitos labios, y también su nariz es más bonita que la de Liliana, más fina. A Liliana se le ven entradas, no es tan grave, seguramente nosotros terminaremos más calvos…
—¿Qué tanto me ves?
—La frente.
Ahhhh.
Ay, ahora sí la cagaste. Está bien que no la tengas que adular todo el tiempo, pero… ¿no te podías quedar callado? Hay que alcanzarla antes de que se vaya más lejos. ¿Pero es que quién la entiende? Le hablas bonito y nada, le hablas feo y se ofende, no le hablas y te manda a la chingada, ¡carajo!
—¡Déjame!
—Ya, no te enojes.
—Pues no me insultes.
—No te insulté, tú me preguntaste qué te veía, y yo te dije la frente. Pero está bien, te veía la cara completa. Estaba pensando que me gustas mucho.
—Tengo hambre, por acá hay unas hamburguesas bien buenas. Me traían mis papás cuando estaba más chica.
—Pero no traigo mucho dinero.
—Yo pago la mía.
Bueno, está seria pero no está tan mal. Aún nos deja tomarla de la mano. Hay que saber cuándo no ser tan imprudente. Por lo menos no está con su “creo que te voy queriendo menos”; puta, ahorita lo menos que necesito es que se ponga así. Está más llenita que Karina; se parece un tanto a Eloísa. Ojalá esté bien después de lo que le hice: terminar con Karina, andar con Eloísa y después cambiarla, de nuevo, por Karina. No quería, pero me ganó el amor. ¿Qué podía hacer? De haber sabido lo que iba a pasar, nos quedábamos con Eloísa, pinche Karina puta; pero es la última vez que cambio una relación por otra. Si tan siquiera Grizel viviera aquí… Claro, primero se burlaría de lo que pasó con Karina “por fin te diste cuenta de que tu naquita no te convenía”; o si Jimena apareciera, ah ¡Carajo!, esa mujer, cuánto nos hizo escribir, tan buena musa y tan desgraciada como chica, solo juega conmigo. Pero bueno, ahorita las cosas parecen mejorar con Liliana. Y luego ese wey… ¿habrá sido un sueño? Se veía muy real, pero… debería de desvelarme menos… tantos libros, luego creo que terminaré como Alonso Quijano y me llevaré a mi primo de Sancho Panza…
—Aquí es. Hay que pedir rápido que se tardan un chorro en hacerlas.
—Vas.
—Yo invito el refresco, ¿cuál quieres?
—Del que sea.
—¿Qué pasa?, andas raro.
—No sé, ¿no viste a nadie conmigo cuando llegaste?
—No, estabas solito, como vago, dormido en la banqueta. ¿Por?
—Porque sí besas rico.
—Jajaja, ya lo sé.
Bésala, aprovecha que ya cambió su humor. Madres, solo un piquito, bueno, va mejorando, peor es nada. Nos vibra la pierna.
—¿Es tu teléfono?
—Ah sí. Qué más da. Déjalo que suene (y claro sigamos con esto de los besos… qué ricos se sienten, sobre todo cuando ya se animó a más que los piquitos).
—Marco, sigue sonado.
—¡Qué?
Oh, sí. Benditas endorfinas…





2. Tramoya



Cuando un personaje se mata, no sirve mucho para una historia, y menos cuando en realidad no tiene un motivo que le dé fuerza a su acción. En lo personal creo que es un problema con la construcción del mismo. Quizá aún no sé crear personajes tan complejos y por eso todos han terminado suicidándose, pero no todo lo que se escribe tiene que irse a la basura, algunas cosas de todas esas historias diferentes me sirvieron para ver a Marco cuando aún estaba con Karina, platicándole todos sus desmadres amorosos a Mario, el personaje que había bautizado con mi nombre con la intención de contar mejor mi historia, y que al final se suicidó. Entonces volteé a Marco, empecé a ver a Karina, ella se parecía mucho a la Karla que yo conocía, su edad, la berrinchuda forma de ver el mundo, la situación en la que estaba, todo empezó a cuadrar. Me di cuenta de que quizá el problema no era que no supiera crear un personaje, sino que no quería decir las cosas. Tenía miedo, me agarraba de las bolas y me autocensuraba.
                Quizá tampoco sabía qué quería escribir.
                ¿Qué quería escribir? ¿Por qué lo quería escribir? ¿Para qué? ¿Quería escribir? ¿Por qué Lola no regresaba?
 ¿Qué diría Lola si alguna vez se cruzaba con lo que escribía? Seguramente arruinarían todas mis intenciones de volver con ella. Pero Lola ya no leía mis publicaciones, ni mis historias, ni nada, se había ido.
                No contaré, mucho de lo que había pasado en esa historia, al parecer Marco va por el mismo camino que yo, por lo menos con los detalles importantes. Igual que él, un día estaba sentado en esa banqueta desgastada, fumando, esperando a Lola, y también me pregunté por qué no me había matado cuando tenía tantos problemas en casa que generalmente se hubieran resuelto corriéndome de ella; o cuando pasaba algo con Karla, que siempre encontraba la forma de endulzar la mierda con su voz y decirme que hiciera algo más con mi tiempo en lugar de escribir, pues, a su juicio, no servía para ello. Cosas que la verdad duelen cuando te las dice alguien a quien consideras especial e importante.
                En esa banqueta pensaba el porqué no lo hacía, ¿cobardía? Solo era agarrar el carro más bonito que pasara y aventármele de frente. Incluso había pensado antes formas más poéticas de hacerlo: seis de la tarde metro Pantitlán, Hidalgo o Tacubaya; brincar a las vías en el momento que pasara el tren. Mi muerte no habría sido en vano; quizá si estaba de buenas, buscaría la forma de meterme con una bomba a la cámara de diputados y volarme junto con aquellos de los que todos se quejan y a mí me venían valiendo madre.
¿Por qué Lola no podía sencillamente regresar? Unos besos por aquí, unos por allá, risas, carcajadas, películas. Camas que nos comían por horas y de las que no podíamos salir por ningún motivo.
                Estaba harto. Cansado. Dos cajetillas diarias de cigarrillos, alcohol, dulces, ayunos, insomnio, siestas de doce horas; pesadillas con ella siempre lejos de mí, casándose con alguien más, huyendo cuando la llegaba a ver. O sueños de ella y yo nuevamente de la mano, besándonos, abrazándonos, yendo a cenar, al cine; al final, pesadillas disfrazadas a las que se les caía la piel de cordero cuando despertaba.
                La historia la repetía tantas veces en mi cabeza que terminé contándola a todos mis amigos, hasta que terminaron hartos; no los culpo, yo también ya me había cansado de decírselas y decírmelas. Él único que tenía tiempo para mí, era yo mismo.
                Uno de esos días resolví mandar todo al carajo. Agarré un pedazo de piola, lo metí por los agujeros del cinturón de piel, y la piola a su vez la usé para ponerla en un árbol. Acerqué una piedra de buen tamaño que encontré por ahí, me subí en ella, me puse el cinturón en el cuello, lo corrí por la hebilla para ver la medida, rectifiqué lo largo de la piola pues sí era capaz de tocar el piso; me volví a subir a la piedra y rogué porque la piola no se rompiera. Mis ruegos fueron escuchados, pero se rompió la unión de la hebilla con el cuero. Recuento de daños: una rama que se cayó sobre mí después de haberme caído yo en el piso, lesionado el pie con la piedra, cortado en el mentón con el metal de la hebilla, y claro, moretones y dolor en el cuello.
                Puta, de nuevo al alcohol, pérdida total de la conciencia. El último día incluso, después de haberme acabado el del botiquín, mezclándolo con café, decidí tomar mi orina para no desperdiciar nada. Con jugo no sabía mal, o quizá ya había quemado mis papilas gustativas. Entonces tomé las pastillas para dormir que me había conseguido un amigo, después de convencerlo (claro está) de que no me iba a meter una sobredosis, al tratar de ayudarme con el insomnio. No sé cómo logré metérmelas a la boca con todo dando tantas vueltas. Me quedé dormido después de tomarlas, desperté al día siguiente, ardiéndome un poco la cara que tenía sumergida en un charco de vómito y donde vi a todas las putas de blanco casi deshechas por completo, como pequeñas novias con sus largas colas bailando en una misma y viscosa pista hedionda.
                Todo parecía indicar que ni para matarme era bueno, y me burlaba de esto en poemas ácidos; la mayoría eran mis cartas suicidas:
                Me dicen que podría morir por mis descuidos. En lo personal, últimamente me vale verga. Total, lo peor que podría pasar es que me muriera, y hoy, al menos, la muerte no me da miedo; podría esperarla sin pedir clemencia. Quizá pediría un par de minutos para escribir mis últimas letras mientras me fumo un cigarro, y (en las circunstancias actuales) ver mi último video porno, que me tome justo cuando acabe. Que los demás me vistan con su pudor por verme muerto con el miembro en la mano.
                Pero la muerte no llegó ese día. Hija de puta. Así que si yo era demasiado estúpido para matarme, lo intentaría de manera que alguien más me ayudara. Salí un par de veces por las calles oscuras del Pedregal de Santo Domingo y no encontré a nadie. Me aventuré un poco más lejos, por donde había escuchado que asaltaban seguido. Un parquecillo en Tepocatl, con un pequeño altar en el centro. Dos cabrones medio raros estaban ahí.
                —Oigan, un paro. Denme un puto plomazo.
                —Nel, morro, tú estás loco. Mejor saca el varo.
                —¿Y si no se los doy? ¿Me matan?
                Había escuchado a un amigo, hace muchos años, que una vez hizo lo mismo estando pedo. Entonces el tipo al que se le acercó, en lugar de hacerle algo, se fue asustado. Mi suerte fue otra. Después de poner la cabeza justo frente al cañón, incitándolo a que le jalara, el otro me agarró; yo pataleé, escupí, solté golpes a donde cayeran, y le pegué al que me había agarrado, pensé que ahora se cumpliría mi deseo. Sin embargo, solo recibí unos buenos golpes en el estómago, los brazos y la cara. Al despertar vi que la gente pasaba de largo, como ignorándome; adolorido y, sintiéndome estúpido y desgraciado, descubriendo que los daños no eran graves,  moretones, cortadas en la cara, rasguños… ni un puto hueso roto, o algo que requiriera sutura; me fui a mi casa.
                Me veía en el espejo y me reía de mí mismo. Ni para eso servía, ¡qué pendejo! Nada más fui a que me quitaran mi dinero. Quizá debí haberles dicho que les pagaba porque me mataran. Puta y lo peor de todo, estaba más feo de lo que ya era; peor aún, hasta reírme me dolía. Seguramente Lola si me viera, no querría estar conmigo así; un ojo chiquito, un labio hinchado, raspones en la sien derecha. Hijos de puta, ¡y medio diente!
                Unos días después me he dado cuenta de que quizá, no buscaba morirme, si lo hubiera querido realmente, habría hecho algo que fuera más seguro que me matara, eso del metro sonaba en verdad divertido. Un héroe anónimo: un gran desgraciado; aunque quizá hacerlo en la mañana sería mejor, cuántos no llegarían a destiempo a sus trabajos. ¿Y si lo hiciera en fechas de exámenes?, además de trabajadores, podría chingarle la calificación a uno que otro infeliz, o varios.
                Regresé a escribir poesía, jajaja, sí claro, como si a eso se le pudiera llamar poesía. Pero daba igual, a mí me divertía la posibilidad de que Lola pudiera leerla y se preocupara por mí, o de menos se enojara, o en el mejor de los casos, se le hiciera linda.
Por el momento se acabó lo cursi:
No más besos de buenas noches antes de dormir.
No más tinta rosa con corazoncitos.
No voy a llenar de “mierda” mis textos para parecer más interesante
porque no necesita de palabras soeces para hacerse presente.
Esto es mierda aunque le llamemos: popó o caquita.
Esto es mi vida y mis historias.
Y no diré: que feíto está lo que me pasa
para referirme a que me está llevando la chingada.
Pues está feíto y me está llevando de igual manera
sin importar las palabras que use para decirlas.
Eufemismos para los que se sonrojen
por llamar pan al pan y vino al vino,
Carajo a lo que me está llevando
y puta a esta puta noche,
a esta puta vida.
                A la chingada, se habían acabado los poemas bonitos.
                Después escribía alguna que otra historia, donde pasara lo que pasara, se podía leer entre líneas: Muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere… y después: regresa, regresa, regresa, regresa, regresa…
                Cuando me aburrí, me puse a pensar en que quizá aún no había tocado fondo. La gente dice que cuando llegas, lo sabes, y yo sentía que siempre era posible llegar más abajo, sobre todo habiendo sido rechazada mi solicitud de ingreso al cementerio. Siempre se puede estar peor.
Entonces, divagando, pensé: por qué no me había matado. Pero ya no con asombro, ahora sí tenía una duda; qué me había detenido.  Creé historias de diferentes personajes con diferentes nombres: Mario, Marco. Y ahora Marco está pasando lo que yo, siendo empujado, porque no se puede forzar a un personaje, hacia las mismas situaciones, y yo solo me encargo de recoger lo que le pasa, por más raro que se me haga.





miércoles, 19 de junio de 2013

Sin título X

Dos mails a tu madrugada
que se hace mía
espero a diario
más que el mensaje de unonoticias
o el de mi madre el día de mi cumpleaños

en mis mañanitas
no quiero soles
quiero tus besos
entrar por mi ventana
cerrar las cortinas
y meterse en los cobertores

falta poco para mi cumpleaños
y cada vez está más lejos el deseo
cada vez necesito más aliento
para apagarlas todas
y perder las desesperanzas
a que vengas

te espero
eso es seguro
no importa tanto
en qué piel te hayas metido esta vez
mientras te metas en una
pues estoy cansado y aburrido
más aburrido que cansado
de tanto aire
de tanto hueco en mi cama

(y eso que es un colchón individual
quizá enflaqué demasiado)

ya hasta la palabra puta
a la que le había agarrado cariño
me tiene harto y desgastado
solo sirve de heraldo y compañía
a la palabra soledad

estoy esperando mi cumpleaños
casi con un mes de antelación
que me llegue de noche
que me despierte la luna
y se metan dos o tres estrellas
a arrancarme la pijama

(les ahorro el trabajo:
no uso)

Así es
en este cumpleaños
yo seguiré dándome los regalos

(como me los doy a diario)

dosis de cáncer
los desvelos
y las mal pasadas
como la luna
durante veintitantos días
y las estrellas cuando no está nublado
las buenas noches
los buenos días
y mis hermosas madrugadas.

domingo, 2 de junio de 2013

Suéñame

Últimamente todo era gris. Estaba bien, los colores los podía seguir distinguiendo. Las paredes azules, las puertas café, el refrigerador negro. El colchón lleno de manchas de diferentes colores; las baldosas color paja. Todo seguía teniendo colores, sin embargo parecía como si un velo grisáceo las cubriera, el cielo era gris, el espejo también, hasta el sol. El reloj también estaba raro: veía los números cambiar constantemente, casi me aventuraría a afirmar que lo hacían cada minuto, pero no estoy seguro, sin embargo, era la misma hora. Por la mañana, la tarde o incluso la madrugada era la misma hora; no sé cuál, porque también eso era lo que pasaba, no podía poner nada en específico. El mundo y yo estábamos separados de alguna manera y por algún medio que no podía definir. Todo lleno de incertidumbre y pesadez. 

Me había equivocado. No soy una de esas personas que puedan estar solas. Corrección, no soy de esas personas que disfruten estar solas (no todo el tiempo, ni la mayor parte de él). Sigo funcionando: trabajo, como, duermo, pienso, imagino recuerdo observo; pero ya no soy yo. Algo me falta... desgraciadamente sé que algo me falta, desgraciada mente sé lo que es: tu compañía.

Yo te sueño, bastante, debo admitirlo. No sé quién seas, y aunque lo supiera no importa, prefiero conocerte de nuevo, por primera vez, desde cero; como si no la hubiera cagado antes con nadie, o como si no te importara que la hubiera cagado. Como si todas esas almas y esos muertos no tuvieran peso y yo no tuviera que meterlos en sus tumbas; mi memoria. 

Quiero conocerte:

Una mañana, despertar, abrir los ojos, sentir miedo por verte a mi lado. ¿Qué haces ahí desnunda? Por el momento no importa, seguramete verte dormida con una expresión tranquila sería suficiente para que yo recuperara mi tranquilidad. Aunque la verdad preferiría que tuvieras una pesadilla, así mis temores desaparecerían más rápido, me apresuraría a abrazarte, protegerte entre mis brazos, pasar tu cabello detrás de tu oreja, apretarte contra mi pecho cuando sienta cómo tiemblas, hasta que te tranquilices. Entonces buscaría hacer nuevamente memoria: ¿A qué nombre le pertenece esa cara bonita? ¿Qué haces a mi lado...? No importa, realmente no importaría. Dije que quería empezar de cero, ni siquiera la noche anterior; cero es cero. Como si hubieras sido puesta por generación espontánea. O quizá sería yo quien habría sido puesto a tu lado. 

¿Y entonces qué?

Entonces no dejaría de verte, quizá por horas, tu respiración, tu sonrisa, tus pequeños movimientos involuntarios. ¿De qué sabor serán tus labios?  Amo el sabor de unos labios en la mañana; espera, dije de cero. ¿A qué sabrán tus labios?, ¿de qué color tus ojos?, ¿qué nota tendrá tu risa? Porque seguramente ríes. Horas y horas de empezar a aprenderme tu figura. Quizá tomaría el valor de pasar mi mano por tu piel, acariciar las líneas de tus labios, tus mejillas, sentir la calidez de tu rostro, y la frescura de sentirlo. Podría robarte un beso. Seguramente lo haría...

¿Quién eres?

Creo que te conozco, ya habías estado en mis sueños antes. Yo te conozco, creo que he olvidado demasiado. Empiezo en ceros, me da miedo. ¿Me reconocerás tú? Te abrazo, tengo miedo, te beso la frente, te acaricio la espalda; ¿te gustará que te acaricie la espalda? Susurras, susurras algo. Puedo escucharte, realmente te escucho; no entiendo nada, nada, nada. No me importa, yo solo quiero tomarte entre mis manos, mirarte, acariciar mi nariz con tu nariz. 

¿Quién soy?

No me acuerdo de nada, yo aparecí en esta cama, y ahí estabas tú. Como solo tú podías estar, con el rostro ufano, y el sueño diáfano. No me acuerdo de nada. No hubo noche pasada, lo he olvidado todo. Yo aparecí en esta cama, y tú ya estabas ahí, dormida, me sentí tranquilo; era todo lo que importaba. Yo no sé quién soy, todo está gris, y esta hora es la misma hora aunque los números cambien. 

Abres los ojos. 

Me ves
             etéreo
te veo.


Desaparezco.

domingo, 26 de mayo de 2013

Siento la demora.

Lo siento a todos los lectores de diferentes partes del mundo y blogs pornográficos que vienen a dar por aquí, especialmente los rusos que son bastantes.

La verdad es que he estado bastante ocupado últimamente, y no sé ni en qué. Por este motivo no he podido subir nada en dos semanas. Me siento mal. Y ahorita no tengo idea de qué subir, así que postearé uno de mis inicios tentativos de la siguiente novela que tengo en mente (tengo tantas cosas que hacer: la novela, ver telenovelas, escribir una, un sitcom, entre tantas otras cosas; esto es un desmadre). Ojalá sea de su agrado.

Definitivamente el sucidio siempre era una opción; quizá dependiendo de mi estado de ánimo sería la forma: rápida e indolora como un balazo en la cabeza, si ya estaba harto; dulce como un sueño inducido por una sobre dosis de somníferos, si estaba triste; aventándome a periférico en plena hora pico si estaba con ganas de joder a alguien...

      Pero no, nunca había estado de acuerdo con todos esos activistas provida que dicen que el suicidio es la salida fácil. Seguramente se habrían de tener muchos wevos para hacerlo; los nervios de una puta ante el mismo cliente de cada quincena y la convicción firme de un santo. Tal vez tener aún muchas cosas que perder, cosas valiosas, al menos una; no, tampoco, porque al perderlo todo, lo único que queda es la posibilidad de ganarlo todo, casi como tocar fondo, por eso es que al suicidio no se llega por perdelo todo. Perderlo todo no significaba tocar fondo, el verdadero fondo solo está dos metros bajo tierra, o en una urna decorativa sobre la televisión de mi familia. 

     Definitivamente el suicidio siempre era una opción, pero solo la última. Cuando las demás ya hubieran sido descartadas por flojera o por hartazgo. O bajo un descuido, un revés (suicidio inconsciente). Por ejemplo mezclar el alcohol y el peróxido de hidrógeno sobre la estufa encendida mientras preparas lsd casero; no usar cerámica o porcelana al momento de hacer dinamita negra; o atragantándose, al abrir con la boca, con un tapón de pastillas.

      Quizá algún día podría hartarme realmente, cada vez me sentía más cerca, y atreverme a saber lo que se siente volar antes de terminar de caer; pero aunque cada vez me sentía más cerca, aún no era el momento. Aún había moscas a las que cortarles las alas y quemarles las patas para escuchar el eco de su zumbido intentando volar, y perros esponjosos corriendo encendidos, ante la mirada de niños en los parques, como brujas de las historias de mi abuela.

      Aún estaba Lilith que volvería a ser mía.

      No todo fue siempre así...

sábado, 11 de mayo de 2013

Sin título I


Por ahí dicen que los poetas escriben de la vida
la vida
qué es la vida
para cada uno la vida es diferente
(ya me sentí cursi)
(pero)
el poeta (también) es cursi
y termina diciendo de los besos
los que no se dan
los que ya se dieron
los que se darán
de esos sueños que uno se platica despierto
a media calle
a media luna
de esas que solo se dan


pero no soy poeta
ni siquiera escritor

yo solo quiero quemar el mundo
con una vela para posadas
volarlo en pedacitos
con palomitas
y chifladores
tirar nuevamente
las torres gemelas
con aviones de papel
matar al mundo
con balas de pintura para gotcha

soy un niño chiquito
lo sé
y mi venganza
es miel
azúcar
splenda
para matarme de diabetes


(el splenda es para diabéticos)

y cortarme las venas con servilletas
al ver lo
que he escrito
y darme cuenta que es lo peor
que he escrito