Ociosilandia, actualmente es un blog donde publicaré ideas y alguna que otra reseña o yo qué se. Lo único que quiero aclarar es que los textos literarios se han trasladado a las siguientes páginas y allí seguirán siendo publicados los nuevos escritos: http://www.liibook.com/usuarios.php?ID=11930 **** http://wattpad.com/Marcojp **** http://es.scribd.com/Marcojp **** http://issuu.com/marcojuarez4
jueves, 12 de junio de 2014
Carta no entregada a una niña que me quiere o me habría querido
No es que sea realmente tan malo, tampoco es que esté tan roto. De igual manera mentiría si dijera que estoy completamente bien; sin embargo, todo se trata de una especie de prueba (no sé por qué pongo pruebas, pero sé que es la única manera de acercarme a ti). Si dijera que todo está bien, que soy el tipo que esperas, el sujeto inteligente y carismático que crees que soy (porque no soy ni inteligente, ni carismático), las cosas no valdrían la pena. Hago esto por una razón: si quieres estar conmigo me gustaría que lo hicieras en los momentos que tienen un poco menos risas de lo normal. Que vieras los peligros por los que transito, esos momentos de humo y alcohol que me llevarán a malos ratos (e inolvidables, e invaluables). Porque estar con alguien en los momentos buenos no tiene ningún mérito, todos pueden estar a lado de alguien mientras el aire huele a rosas y sexo, a mañanas y desvelos, a risas; pero estar con alguien cuando lo único que tiene es úlceras, y pus, y dolor, un hedor a vómito matutino, a dientes podridos como sueños, ahí está lo difícil. Estar con alguien que ríe siempre es más fácil que con alguien que siente el dedo de dios cazándolo para darle una buena aplastada: el olor al culo roto por ángeles guardianas que no saben hacer otra cosa que sodomizar a cambio de sus favores de protección. Estar con alguien en los momentos jodidos, no es lo mismo que estarlo siquiera en los malos ratos... por eso, siempre que me buscas hablo de más, no soy sutil al aceptar tus invitaciones, advierto de antemano que las aceptaré con la intención de apresarme a tu par de labios finos, a tus caricias, a tus ojos, advierto aceptar esas reuniones de ansiedad cabrona donde no sabré hacer otra cosa que meterme en tus brazos. Sé que eso te alejará, que impedirá que me mandes un mensaje durante semanas, que te hará pensar en la distancia. En realidad no quiero que te alejes, sé que me alejé yo mismo, pero lo que realmente quiero es que me preguntes a qué me refiero cuando digo que hay cosas que no deseo mencionarte para evitar que te preocupes; por eso no te digo que bebo más y fumo mucho, porque no quiero que llegues a mi casa, que te aparezcas de repente y me digas: tranquilo, he venido a salvarte, y me abraces, y me metas en la cama, para que después de cogerme solo me vuelvas a abrazar. No le digo a nadie esta problemática, porque también me asusta que estés, que realmente estés y te preocupes, y me apoyes de verdad y, entonces, no tenga más opción que llorar, y seguir llorando, de tristeza, de soledad, de compañía, de arrepentimiento, de ayuda y gratitud. Por eso no quiero decir nada, no quiero que estés, no quiero tu cercanía, no quiero hundirte en mi agujero, porque es mío, es un hoyo que he cavado y al que le tengo aprecio pues es verdaderamente mío y sé que no me dejará nunca.
Un minuto de silencio porque no sabes nada
No digas nada
no sabes nada de la vida
si no has terminado
en una cama
tirado por semanas
con el corazón roto
porque te lo hicieron mierda
si no has terminado
tirado en una cama
porque alguien que querías
se ha ido
si no has terminado en una cama
porque estás enfermo
solo
abandonado
no sabes nada de la vida
si una ventana no ha clamado tu nombre
por días
por semanas
durante todas las noches
no sabes nada de la vida
si aún tíenes sueños
si aún vives a la espera de un mañana
si piensas
de manera certera
que amanecerás
que la noche no te comerá
las entrañas
los dedos
las ideas
no sabes nada de la vida
si no has tenido otra persona
con quien hablar
que no sea la del espejo
la que está en un asiento vacío
si no has platicado con tu sombra
si no has dicho
a los vientos
y la soledad
que se vayan a la mierda
no sabes nada de la vida
si no sabes
lo que se siente ser seducido
por las navajas
o la cuerda que cuelga del cortinero
si no has recogido
de la basura
los fragmentos
de las sonrisas
llenas de recuerdos
sin las charlas de amigos que se marchan
en el fondo de un vaso
si no has sabido
la inmensa ansiedad que causa
pensar en que todo el alcohol del mundo
no es suficiente
para aguantar las lunas
y las nubes
y los cigarros
que acompañan
días y días
y noches
madrugadas
que te dan ámpulas en los pies
por compañía
no sabes nada de la vida
si no has sobrevivido
la carcajada vacía
de una voz que no reconoces
y que te dice
no sabes nada
de la vida
no sabes nada de la vida
si no has terminado
en una cama
tirado por semanas
con el corazón roto
porque te lo hicieron mierda
si no has terminado
tirado en una cama
porque alguien que querías
se ha ido
si no has terminado en una cama
porque estás enfermo
solo
abandonado
no sabes nada de la vida
si una ventana no ha clamado tu nombre
por días
por semanas
durante todas las noches
no sabes nada de la vida
si aún tíenes sueños
si aún vives a la espera de un mañana
si piensas
de manera certera
que amanecerás
que la noche no te comerá
las entrañas
los dedos
las ideas
no sabes nada de la vida
si no has tenido otra persona
con quien hablar
que no sea la del espejo
la que está en un asiento vacío
si no has platicado con tu sombra
si no has dicho
a los vientos
y la soledad
que se vayan a la mierda
no sabes nada de la vida
si no sabes
lo que se siente ser seducido
por las navajas
o la cuerda que cuelga del cortinero
si no has recogido
de la basura
los fragmentos
de las sonrisas
llenas de recuerdos
sin las charlas de amigos que se marchan
en el fondo de un vaso
si no has sabido
la inmensa ansiedad que causa
pensar en que todo el alcohol del mundo
no es suficiente
para aguantar las lunas
y las nubes
y los cigarros
que acompañan
días y días
y noches
madrugadas
que te dan ámpulas en los pies
por compañía
no sabes nada de la vida
si no has sobrevivido
la carcajada vacía
de una voz que no reconoces
y que te dice
no sabes nada
de la vida
martes, 3 de junio de 2014
Poema
SOLEDAD
Y poco a poco
lo amargo
comenzó a saber dulce
como la memoria
la cerveza
y el dolor
Y poco a poco
lo amargo
comenzó a saber dulce
como la memoria
la cerveza
y el dolor
Por ahí... un poema
No hay consciencia social
para un poeta al que no le queda
ni un pedazo de sí mismo
al que asirse
que vive en una orfandad
humana
donde sólo hay maestros
y Borges, y Baudelaires, y doctores
honoris causa Nobels y Cervantes
que le dictan para escribir
legiones de reglas
tablillas que pesan
en el alma
los dedos
para un poeta al que no le queda
ni un pedazo de sí mismo
al que asirse
que vive en una orfandad
humana
donde sólo hay maestros
y Borges, y Baudelaires, y doctores
honoris causa Nobels y Cervantes
que le dictan para escribir
legiones de reglas
tablillas que pesan
en el alma
los dedos
y hasta la tinta
No hay consciencia social
en un poeta
que recurre a las musas
en un poeta
que recurre a las musas
de ubres secas
violadas
por Hemingway y Bukowski
y se compra dos cervezas
que acompañen la noche
para platicar consigo mismo
y con todos
violadas
por Hemingway y Bukowski
y se compra dos cervezas
que acompañen la noche
para platicar consigo mismo
y con todos
fragmentos de un mundo
que cada vez está más roto
cada vez más fragmentos
espejos que lo devoran
y le vomitan
sonrientes
imágenes rotas
una tras otra en un dédalo quebrado
que no deja de vomitarle
su no pertenencia
su estado ajeno
a un mundo
de gatos
que cada vez está más roto
cada vez más fragmentos
espejos que lo devoran
y le vomitan
sonrientes
imágenes rotas
una tras otra en un dédalo quebrado
que no deja de vomitarle
su no pertenencia
su estado ajeno
a un mundo
de gatos
de inmediatez completa
que satura una soledad
acrecentada
en más espejos
de letras
de otros
que no paran de gritar:
Estás solo
¡Estás solo!
¡Estás putamente solo!
que satura una soledad
acrecentada
en más espejos
de letras
de otros
que no paran de gritar:
Estás solo
¡Estás solo!
¡Estás putamente solo!
Y roto
y solo
y cada vez más roto
y cada vez más solo
y solo
y cada vez más roto
y cada vez más solo
lunes, 2 de junio de 2014
Me muero
No sé si la cirrosis
o el enfisema
o la soledad
o algún virus raro de gato
no sé si la calvicie
o la nostalgia
o la tristeza
o la añoranza
no sé si los deseos
las fantasías
la nicotina
o el alcohol
(o la repetición)
o los teXXXtos
no sé si los corajes
o los riñones
o los sueños
o las pesadillas
o el hambre
o el desvelo
o la realidad
o la vida
o hasta la misma muerte
o hasta la puta muerte
o hasta la chigada muerte
o hasta la muerte
a secas
sin adornos
sin adjetivos
sin nada
desnuda
agarrándome
a medio sueño
a media paja
o a media esperanza
en total abandono
a pelo
al chingadazo
al frío
(o al infarto)
al abandono
(o al cáncer)
al olvido
(o a la embolia)
al adiós
((o al sarcoma)
al perpetuo adiós
( o a la chingada
bien y bonito
a la chingada)
o el enfisema
o la soledad
o algún virus raro de gato
no sé si la calvicie
o la nostalgia
o la tristeza
o la añoranza
no sé si los deseos
las fantasías
la nicotina
o el alcohol
(o la repetición)
o los teXXXtos
no sé si los corajes
o los riñones
o los sueños
o las pesadillas
o el hambre
o el desvelo
o la realidad
o la vida
o hasta la misma muerte
o hasta la puta muerte
o hasta la chigada muerte
o hasta la muerte
a secas
sin adornos
sin adjetivos
sin nada
desnuda
agarrándome
a medio sueño
a media paja
o a media esperanza
en total abandono
a pelo
al chingadazo
al frío
(o al infarto)
al abandono
(o al cáncer)
al olvido
(o a la embolia)
al adiós
((o al sarcoma)
al perpetuo adiós
( o a la chingada
bien y bonito
a la chingada)
martes, 20 de mayo de 2014
A la espera
A veces siento que estoy bien. Desgraciadamente creo que mi producción literaria lo confirma. Estoy en un punto en el que no encuentro la manera de escribir una historia que me nazca de las entrañas, que me emocione hasta las tripas y me haga desvelarme pegado al teclado diez, doce, quince horas, transcribiendo historias. No ha habido producción poética donde me sacaba tres, cuatro, seis poemas buenos en una noche. Lo único que pasó es el alcohol, es raro, casi diario bebo, pero ya no me emborracho, no porque sea inmune a Baco, más bien, porque bebo disfrutando el trago (pero aun cuando termino ebrio, sigo seco). Antes, cuando bebía, me terminaba hasta la madre y entonces: pum! Líneas de literatura, entre mediocre y excelente, juegos, hallazgos, lo que fuera. Hoy, y desde hace varios meses, mi vida es estable, está estable. Y yo mientras no soy más que... pues no sé, un "artista" de crucero que aguarda el momento de emoción exacerbada que desborde litros y litros de tinta virtual. Quizá un guion, otra novela, un conjunto de cuentos o un poemario, cosas que tengo atoradas a medio proceso y que esperan ahí, a que llegue ese algo que las desgrane...
domingo, 27 de abril de 2014
Falso regreso
Cierto es que tengo mucho tiempo sin publicar, quizá o haya nada que decir en estos momentos (bueno, el face está atascado de notas), la verdad es que hay momentos en los que no sale nada y uno solo se dedica a practicar, así que esto es un ejercicio que me puse. A ver qué tal.
EL CHINGADO GATO
Cierto es que pese a todos los años que llevaban cargando en la espalda y sobre todo en algunas partes de la cara, él seguía teniendo cierto miedo a los roedores, así que cuando ella encontró un par de calzones agujerados (no por el uso), no quiso asustarlo. No es que su esposo tuviera desagrado a los animales peludos como suelen tenerlo algunas personas, pues habían tenido durante quince años dos perros y un gato, pero un roedor era otra cosa. Y entre no saber si era rata o ratón, la esposa decidió que lo mejor sería mantener el secreto, y evitar los gritos. Por ello, un día, mientras él iba a la tienda de tabaco en el centro, ella sacó toda la ropa del viejo ropero, encontró un hoyo muy simétrico, y más ropa con agujeros. Sacudió todas y cada una de las prendas para hallar al culpable, pero no lo logró. Cuándo el esposo regresó del centro, y la vio con toda la ropa tirada a diestra y siniestra, preguntó si necesitaba ayuda; y aunque la idea sonaba agradable, prefirió decirle que no, para evitarle el disgusto a su marido.
Con el paso de los días, los hoyos fueron apareciendo en más telas, y la esposa estaba desesperada por no encontrar a la transgresora visita, por ello decidió decirle a su esposo lo que pasaba, para que fuera preparándose si llegaba a enfrentarse a tan despreciable criatura (y también para que la ayudara a escombrar su desastre). Sereno, el esposo, le comentó que por qué no compraban un pinche gato. Después de meditarlo unos minutos, ella dio la negativa. Él no quiso insistirle, no porque pudiera salir una pelea, pues llevaban años sin pelear, habrían aprendido a ignorarse de forma selectiva; en realidad no quiso porque sabía que aún le calaba en el pecho el último gato que habían tenido cinco años atrás, y del cual se habían encariñado como un hijo a falta de estos. Así que no quiso insistir.
Prefirió probar con las trampas, y también decidieron dejarlas después de que una de ellas le había prensado el dedo al esposo mientras caminaba descalzo al baño, además nunca hubo ni una pérdida de algún trozo de queso (quizá al ratón no le gustaba el queso, pensó ella). Compró comida envenenada y tampoco evitó que los hoyos siguieran apareciendo.
El esposo nuevamente le comentó que compraran un puto gato.
Ella validó por un momento más grande que la vez anterior la posibilidad, pero terminó por bufar su negativa.
Las cosas empeoraron, ya no era posible salir a la calle con ropa sin hoyos, y el mentado ratón no aparecía. Quizá el gato no era tan mala idea, pensó ella. Después recordó cómo se deprimieron ella y su esposo, sobre todo él, y pensó en que no estaba dispuesta a aceptar otro mes de llantos intermitentes en las noches. Así que siguió su búsqueda...
Después de dos meses sin frutos, y con calzones, blusas y suéteres agujerados había pensado en dejar que el inquilino hiciera de las suyas. Parecía que la pequeña bestia era inalcanzable, y por primera vez durmió tranquila, tan tranquila que escuchó en plena oscuridad, cómo arañaban o roían, o algo, un ruidito chiquito que venía de algún lugar. Se levantó de la cama sin hacer ruido para no espantar al animal y siguió el sonido, no prendió las luces, pero escuchaba a la perfección algo en la cocina, aunque mientras más se acercaba más nítido se hacía el sonido y más creía que se trataba de algo diferente a un animalito. Dudó si regresar al cuarto y avisarle a su marido, hasta el momento en que le llegó a la nariz el olor a pipa. Prendió la luz de la cocina y encontró a su marido con un sostén en la boca.
--¿Qué carajos haces? --le preguntó la esposa.
--Ya te dije que quería un chingado gato.
EL CHINGADO GATO
Cierto es que pese a todos los años que llevaban cargando en la espalda y sobre todo en algunas partes de la cara, él seguía teniendo cierto miedo a los roedores, así que cuando ella encontró un par de calzones agujerados (no por el uso), no quiso asustarlo. No es que su esposo tuviera desagrado a los animales peludos como suelen tenerlo algunas personas, pues habían tenido durante quince años dos perros y un gato, pero un roedor era otra cosa. Y entre no saber si era rata o ratón, la esposa decidió que lo mejor sería mantener el secreto, y evitar los gritos. Por ello, un día, mientras él iba a la tienda de tabaco en el centro, ella sacó toda la ropa del viejo ropero, encontró un hoyo muy simétrico, y más ropa con agujeros. Sacudió todas y cada una de las prendas para hallar al culpable, pero no lo logró. Cuándo el esposo regresó del centro, y la vio con toda la ropa tirada a diestra y siniestra, preguntó si necesitaba ayuda; y aunque la idea sonaba agradable, prefirió decirle que no, para evitarle el disgusto a su marido.
Con el paso de los días, los hoyos fueron apareciendo en más telas, y la esposa estaba desesperada por no encontrar a la transgresora visita, por ello decidió decirle a su esposo lo que pasaba, para que fuera preparándose si llegaba a enfrentarse a tan despreciable criatura (y también para que la ayudara a escombrar su desastre). Sereno, el esposo, le comentó que por qué no compraban un pinche gato. Después de meditarlo unos minutos, ella dio la negativa. Él no quiso insistirle, no porque pudiera salir una pelea, pues llevaban años sin pelear, habrían aprendido a ignorarse de forma selectiva; en realidad no quiso porque sabía que aún le calaba en el pecho el último gato que habían tenido cinco años atrás, y del cual se habían encariñado como un hijo a falta de estos. Así que no quiso insistir.
Prefirió probar con las trampas, y también decidieron dejarlas después de que una de ellas le había prensado el dedo al esposo mientras caminaba descalzo al baño, además nunca hubo ni una pérdida de algún trozo de queso (quizá al ratón no le gustaba el queso, pensó ella). Compró comida envenenada y tampoco evitó que los hoyos siguieran apareciendo.
El esposo nuevamente le comentó que compraran un puto gato.
Ella validó por un momento más grande que la vez anterior la posibilidad, pero terminó por bufar su negativa.
Las cosas empeoraron, ya no era posible salir a la calle con ropa sin hoyos, y el mentado ratón no aparecía. Quizá el gato no era tan mala idea, pensó ella. Después recordó cómo se deprimieron ella y su esposo, sobre todo él, y pensó en que no estaba dispuesta a aceptar otro mes de llantos intermitentes en las noches. Así que siguió su búsqueda...
Después de dos meses sin frutos, y con calzones, blusas y suéteres agujerados había pensado en dejar que el inquilino hiciera de las suyas. Parecía que la pequeña bestia era inalcanzable, y por primera vez durmió tranquila, tan tranquila que escuchó en plena oscuridad, cómo arañaban o roían, o algo, un ruidito chiquito que venía de algún lugar. Se levantó de la cama sin hacer ruido para no espantar al animal y siguió el sonido, no prendió las luces, pero escuchaba a la perfección algo en la cocina, aunque mientras más se acercaba más nítido se hacía el sonido y más creía que se trataba de algo diferente a un animalito. Dudó si regresar al cuarto y avisarle a su marido, hasta el momento en que le llegó a la nariz el olor a pipa. Prendió la luz de la cocina y encontró a su marido con un sostén en la boca.
--¿Qué carajos haces? --le preguntó la esposa.
--Ya te dije que quería un chingado gato.
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