miércoles, 18 de junio de 2014

Nostalgias X

¿Cómo era la vida antes del alcohol? ¿Realmente no estaba tan roto como creía? Quizá, como se lo habían sugerido, todo se trataba de una fantasía suya donde creía que estaba mal. Era una mierda, una mierda para usarla de pretexto y escribir en tercera persona, logrando con este juego no hacerse responsable de él mismo y su situación. De algo sí estaba seguro. Era una especie de grito de auxilio para que alguien le prestara atención, para que alguien lo tomara y se importara por su vida. ¿Y después qué seguía? No mucho, seguir usando el pretexto de la tercera persona para sacar un poco de esa mierda que lo tenía consumido por dentro y que, aunque fuera fantasía, no lo hacía menos real. Llegando a un punto en el que se olvidaba cuántos días seguidos llevaba bebiendo. En realidad estaba seguro de no tener más de una semana, pero haber perdido la cuenta era algo digno de preocupación, y  a la vez nada le preocupaba. Se sentía cayendo en un pequeño abismo donde sólo cabía él, un pequeño abismo que no estaba exento de las leyes de la física a las que agradecía para que su misma mierda no cayera más lento que él, suficiente con la sensación de tener el esfínter descontrolado como para sentir cómo su propia mierda le caía en la cara, en realidad le caía por todos lados, pero no le llegaba a la cara, y agradecía que sus pegajosas entrañas expuestas tuvieran la decencia de no meterse por su nariz mientras seguía cayendo en esa vorágine que amenazaba con no tener fondo. Parecía tan sin fondo que si alguna vez lo tocaba, el piso terminaría rompiéndose para dejarlo seguir cayendo, hasta la muerte, después seguiría cayendo en el infierno, el purgatorio y el cielo y, seguramente, la siguiente vida. ¿No se trataba todo de esto? De seguir cayendo de manera interminable, de manera infinita, en su propio abismo y en el abismo que para los demás no parecían reparar: hay gente que está peor. Sin embargo, creía que ninguno podía estar peor de lo que uno mismo podría estar, cada uno es su propia varita medidora y era imposible medirse con la de alguien más. Al menos, si no imposible, sin sentido. Pero justo cuando llegaba a ese punto, a ese momento donde el nonsense se hacía presente, tomaba el vaso old fashion y le vertía un poco de ron, un poco más que en el último trago, para después agregarle refresco de manzana. Dos tragos más tarde el vaso estaba vacío, su vida también. Tenía cuatro paredes, y quizá lo que le hacía falta era perderlas a todas, y eso le asustaba, a veces sus palabras escritas se volvían una profecía que terminaba autoinflingiéndose y autocumpliendo, a veces también sus palabras orales tenían el mismo efecto; una vorágine que se lo seguía tragando para llevarlo al punto en el que ni siquiera lo podría escupir. Beber, beber y beber, y entre trago y trago una bocanada de humo, por si el alcohol no servía de mucho o de suficiente. No era la intención matarse de golpe, prefería hacerlo poco a poco, la razón era sencilla, no tenía miedo a la muerte, tenía (le costaba aceptarlo) esperanza, la creencia de que en algún momento las cosas mejorarían y terminarían por llenarlo de sonrisas, y no quería no estar, dejando que fuera demasiado tarde, que la vorágine también se aplicara a otros aspectos de su vida, porque, dentro de todo, había tenido buenos momentos y era por esos buenos momentos que tenía la intención de esperar a que pasaran unos nuevos que se parecieran a los viejos. Entonces regresaba al alcohol,  pensando que el alcohol tenía un poco de esos recuerdos, algo de esos viejos tiempos, algo de esas promesas, de un futuro, tan incierto como amanecer al día siguiente. Y entonces lo que hacía era escribir, seguir escribiendo, usar esa tercera persona impersonal disfrazando la ficción con la realidad, dejando la duda de si lo que escribía era algo sacado de su mente o de su vida… esperado que alguien más dudara, siguiera dudando como dudaban los otros, de que lo que pasaba fuera un cuento, una historia para divertir a los lectores: un ellos, una nueva tercera persona, un plural que los englobara de manera anónima, mencionado sus propias ficciones y sus fantasías.

jueves, 12 de junio de 2014

Sin título orgásmico

Ella tenía un culo hermoso, era un culo al que de repente le salían granitos, y que tenía estrías, era un culo que mostraba cierto grado de celulitis. Como si un culo liso fuera algo natural; ni las actrices culonas como Scarlett Johansson tuvieran culos tallados en mármol. Ella tenía un culo hermoso, con finos pelitos y una piel firme, apretado, tan apretado que le dolía cada vez que la penetraba. Hay quien dice que el dolor se va con las reincidencias, pero a ella nunca se le fue, sin embargo aprendió a volver el dolor en placer, en gritos constantes que la llevaban al éxtasis, el orgasmo inevitable que empezaba con lamidas a los vellos que le rodeaban el ano. El sabor no era feo, sabía a piel, era un sabor real, y no el de las fantasías producidas por los videos porno que pululan en la red. Era un sabor dulce, como el de sus pezones acres, como el de sus senos, como el de su espalda, como el sabor que tenía toda su piel, incluso con el olor a jabón que tenía al llegar a mi cama y me contaba en secreto que se había bañado antes de verme. Que había lavado su piel blanca y tersa sin pudores, o al menos con pudores desvestidos. Esa piel sedosa, jovial, que pedía mi lengua en sus nervios, que pedía ser estimulada por la húmeda caricia de mi saliva y sus labios, y para sus labios, y en sus labios. Y entonces me regalaba unos gemidos que confirmaban un buen trabajo. Y entonces nos volvíamos pegajosos a la piel del otro, cálidos, húmedos y pegajosos uno para el otro; implosionando en su cuerpo con un orgasmo que la dejaba abatida durante unos minutos satisfecha donde, al recuperar el aliento, pedía nuevamente más, volviéndose una fuente, una pequeña fuente en mi cama, mojando las sábanas, las cobijas y el colchón. No había nada más en el mundo que no fuera ese momento de éxtasis, de explosión primigenia que hacía nacer al mundo en su boca y en su mirada, y en sus pulmones, a través de suspiros que nos daban la ilusión de ser uno, al menos por un par de segundos.

Carta no entregada a una niña que me quiere o me habría querido

No es que sea realmente tan malo, tampoco es que esté tan roto. De igual manera mentiría si dijera que estoy completamente bien; sin embargo, todo se trata de una especie de prueba (no sé por qué pongo pruebas, pero sé que es la única manera de acercarme a ti). Si dijera que todo está bien, que soy el tipo que esperas, el sujeto inteligente y carismático que crees que soy (porque no soy ni inteligente, ni carismático), las cosas no valdrían la pena. Hago esto por una razón: si quieres estar conmigo me gustaría que lo hicieras en los momentos que tienen un poco menos risas de lo normal. Que vieras los peligros por los que transito, esos momentos de humo y alcohol que me llevarán a malos ratos (e inolvidables, e invaluables). Porque estar con alguien en los momentos buenos no tiene ningún mérito, todos pueden estar a lado de alguien mientras el aire huele a rosas y sexo, a mañanas y desvelos, a risas; pero estar con alguien cuando lo único que tiene es úlceras, y pus, y dolor, un hedor a vómito matutino, a dientes podridos como sueños, ahí está lo difícil. Estar con alguien que ríe siempre es más fácil que con alguien que siente el dedo de dios cazándolo para darle una buena aplastada: el olor al culo roto por ángeles guardianas que no saben hacer otra cosa que sodomizar a cambio de sus favores de protección. Estar con alguien en los momentos jodidos, no es lo mismo que estarlo siquiera en los malos ratos... por eso, siempre que me buscas hablo de más, no soy sutil al aceptar tus invitaciones, advierto de antemano que las aceptaré con la intención de apresarme a tu par de labios finos, a tus caricias, a tus ojos, advierto aceptar esas reuniones de ansiedad cabrona donde no sabré hacer otra cosa que meterme en tus brazos. Sé que eso te alejará, que impedirá que me mandes un mensaje durante semanas, que te hará pensar en la distancia. En realidad no quiero que te alejes, sé que me alejé yo mismo, pero lo que realmente quiero es que me preguntes a qué me refiero cuando digo que hay cosas que no deseo mencionarte para evitar que te preocupes; por eso no te digo que bebo más y fumo mucho, porque no quiero que llegues a mi casa, que te aparezcas de repente y me digas: tranquilo, he venido a salvarte, y me abraces, y me metas en la cama, para que después de cogerme solo me vuelvas a abrazar. No le digo a nadie esta problemática, porque también me asusta que estés, que realmente estés y te preocupes, y me apoyes de verdad y, entonces, no tenga más opción que llorar, y seguir llorando, de tristeza, de soledad, de compañía, de arrepentimiento, de ayuda y gratitud. Por eso no quiero decir nada, no quiero que estés, no quiero tu cercanía, no quiero hundirte en mi agujero, porque es mío, es un hoyo que he cavado y al que le tengo aprecio pues es verdaderamente mío y sé que no me dejará nunca.

Un minuto de silencio porque no sabes nada

No digas nada
no sabes nada de la vida
si no has terminado
en una cama
tirado por semanas
con el corazón roto
porque te lo hicieron mierda
si no has terminado
tirado en una cama
porque alguien que querías
se ha ido
si no has terminado en una cama
porque estás enfermo
solo
abandonado
no sabes nada de la vida
si una ventana no ha clamado tu nombre
por días
por semanas
durante todas las noches
no sabes nada de la vida
si aún tíenes sueños
si aún vives a la espera de un mañana
si piensas
de manera certera
que amanecerás
que la noche no te comerá
las entrañas
los dedos
las ideas

no sabes nada de la vida
si no has tenido otra persona
con quien hablar
que no sea la del espejo
la que está en un asiento vacío
si no has platicado con tu sombra
si no has dicho
a los vientos
y la soledad
que se vayan a la mierda

no sabes nada de la vida
si no sabes
lo que se siente ser seducido
por las navajas
o la cuerda que cuelga del cortinero
si no has recogido
de la basura
los fragmentos
de las sonrisas
llenas de recuerdos
sin las charlas de amigos que se marchan
en el fondo de un vaso
si no has sabido
la inmensa ansiedad que causa
pensar en que todo el alcohol del mundo
no es suficiente
para aguantar las lunas
y las nubes
y los cigarros
que acompañan
días y días
y noches
madrugadas
que te dan ámpulas en los pies
por compañía

no sabes nada de la vida
si no has sobrevivido
la carcajada vacía
de una voz que no reconoces
y que te dice
no sabes nada
de la vida

martes, 3 de junio de 2014

Poema

SOLEDAD

Y poco a poco
lo amargo
comenzó a saber dulce
como la memoria
la cerveza
y el dolor

Por ahí... un poema


No hay consciencia social
para un poeta al que no le queda
     ni un pedazo de sí mismo
       al que asirse
que vive en una orfandad
humana
     donde sólo hay maestros
y Borges, y Baudelaires, y doctores
     honoris causa              Nobels y Cervantes
que le dictan para escribir
   legiones de reglas
      tablillas que pesan
         en el alma
       los dedos 
        y hasta la tinta
No hay consciencia social
en un poeta
       que recurre a las musas
de ubres secas
                violadas
     por Hemingway y Bukowski
y se compra dos cervezas
que acompañen la noche
para platicar consigo mismo
y con todos
    fragmentos de un mundo
que cada vez está más roto
cada vez más fragmentos
espejos que lo devoran
y le vomitan
      sonrientes
imágenes rotas
     una tras otra en un dédalo quebrado
que no deja de vomitarle
su no pertenencia
su estado ajeno
    a un mundo
      de gatos
de inmediatez completa
que satura una soledad
acrecentada
      en más espejos
de letras
    de otros

que no paran de gritar:
Estás solo
¡Estás solo!
¡Estás putamente solo!
Y roto
y solo
y cada vez más roto
y cada vez más solo

lunes, 2 de junio de 2014

Me muero

No sé si la cirrosis
o el enfisema
o la soledad
o algún virus raro de gato
no sé si la calvicie
o la nostalgia
o la tristeza
o la añoranza

no sé si los deseos
las fantasías
la nicotina
o el alcohol
(o la repetición)
o los teXXXtos

no sé si los corajes
o los riñones
o los sueños
o las pesadillas
o el hambre
o el desvelo
o la realidad
o la vida

o hasta la misma muerte
o hasta la puta muerte
o hasta la chigada muerte
o hasta la muerte
a secas
sin adornos
sin adjetivos
sin nada
desnuda
agarrándome
a medio sueño
a media paja
o a media esperanza
en total abandono
a pelo
al chingadazo

al frío
(o al infarto)
al abandono
(o al cáncer)
al olvido
(o a la embolia)
al adiós
((o al sarcoma)
al perpetuo adiós
( o a la chingada
bien y bonito
a la chingada)