Ociosilandia, actualmente es un blog donde publicaré ideas y alguna que otra reseña o yo qué se. Lo único que quiero aclarar es que los textos literarios se han trasladado a las siguientes páginas y allí seguirán siendo publicados los nuevos escritos: http://www.liibook.com/usuarios.php?ID=11930 **** http://wattpad.com/Marcojp **** http://es.scribd.com/Marcojp **** http://issuu.com/marcojuarez4
jueves, 9 de julio de 2015
Citas de novela
viernes, 3 de julio de 2015
Aquí no pasa nada
Estamos escribiendo
lo cual significa que aquí no pasa nada
a fuera llueve a ratos
y a ratos el agua se calla
sale el sol
sale la noche
en algún lugar alguien se enamora
por primera vez
para siempre
por allá, lejos, alguien es "silenciado" extraoficialmente
un abuelo se despide
a alguien le da un paro cardíaco
por ahí alguien descubrió
por primera vez
cuánto dura el amor eterno
alguien nace
y algunos cuantos buscan crear vida en una cama
se apaga una estrella que sólo la NASA sabe que existe
aparece una nueva nebulosa de diecisiete dígitos
lo cual significa que aquí no pasa nada
a fuera llueve a ratos
y a ratos el agua se calla
sale el sol
sale la noche
en algún lugar alguien se enamora
por primera vez
para siempre
por allá, lejos, alguien es "silenciado" extraoficialmente
un abuelo se despide
a alguien le da un paro cardíaco
por ahí alguien descubrió
por primera vez
cuánto dura el amor eterno
alguien nace
y algunos cuantos buscan crear vida en una cama
se apaga una estrella que sólo la NASA sabe que existe
aparece una nueva nebulosa de diecisiete dígitos
Aquí adentro
en un quinto piso
la vista al suelo tiende a hacerse bella por las noches
y la cornisa es el mejor sitio para mirar el cielo
el desastre ha mudado de piel tres veces en la semana
el polvo se come los libros
le tinta de mi pluma se evapora en su cartucho
las navajas se marchitan
en silencio
como el colchón
y la comida
y el ruido
y el ánimo
como los días
todos los días
en un quinto piso
la vista al suelo tiende a hacerse bella por las noches
y la cornisa es el mejor sitio para mirar el cielo
el desastre ha mudado de piel tres veces en la semana
el polvo se come los libros
le tinta de mi pluma se evapora en su cartucho
las navajas se marchitan
en silencio
como el colchón
y la comida
y el ruido
y el ánimo
como los días
todos los días
aquí no pasa nada
lunes, 22 de junio de 2015
Reminiscencias
Bajé al mundo de los muertos otra vez
a mirar mi cuerpo cansado
en la orilla hecho añicos
Y yo que otrora había sido sonriente
y la felicidad me recorría entero
do quiera que iba
no me queda más que sombra
que se recuesta durmiente
en la oscuras arenas
Ya los ojos cascados
ya la sonrisa vieja
ya el ánimo marchito
ya toda cama sabe a lecho
y poco importa a la lengua
el manjar o la ceniza
Ahora todo sueño
sea despierto o dormido
es pesadilla
Ahora todo día
no deja de ser
otra cosa que agonía
Y así fenece lento lo ya fallecido
ahogándose los ojos y la garganta
por mirar las playas en la memoria
alejarse
a mirar mi cuerpo cansado
en la orilla hecho añicos
Y yo que otrora había sido sonriente
y la felicidad me recorría entero
do quiera que iba
no me queda más que sombra
que se recuesta durmiente
en la oscuras arenas
Ya los ojos cascados
ya la sonrisa vieja
ya el ánimo marchito
ya toda cama sabe a lecho
y poco importa a la lengua
el manjar o la ceniza
Ahora todo sueño
sea despierto o dormido
es pesadilla
Ahora todo día
no deja de ser
otra cosa que agonía
Y así fenece lento lo ya fallecido
ahogándose los ojos y la garganta
por mirar las playas en la memoria
alejarse
lunes, 1 de junio de 2015
Antídoto
--En la mayoría de los casos se siente como si mataras a alguien.
--¿Alguna vez..?
--No, viejo, cómo crees. Pero supongo que así se debe sentir. Después de eso, bum, no hay marcha atrás. La vida vuelve a empezar para los dos.
--¿Cómo fue?
--Ojete. Una mierda. No hay marcha atrás. Te llenas de poder, y es como si pudieras sentir el corazón palpitando en tu mano y sólo tuvieras que apretarlo para que dejara de latir. Entonces te mira; sabes que lo sabe y sin palabras su mirada te suplica que no lo hagas, y cuando lo haces es como si escucharas cómo se parte. Y no tiene nada que ver con las lágrimas, todo se hace lento, el aire pesa, y la saliva se vuelve densa como si quisiera resistirse a que la tragues. Entonces sólo estás tú y la mirada y la duda. El corazón te late en los oídos y la cabeza se te acalora, y a la vez las manos te sudan pero están frías. El tiempo se alarga tanto. Entonces sólo lo haces, lo dices y con la lengua le atraviesas el pecho. No sangra, pero te juro que el corazón se le para, se detiene como se detiene todo lo demás. Entonces todo vuelve a moverse, te das la vuelta y no miras para atrás. Sabes que después nada vuelve a ser igual, y ambos renacen, pero es al revés: el mundo ya no tiene tantos colores, y todo se siente gris y nublado, pero no llueve, todo es árido y vacío, monótono, ya no hay chispa ante nada.
--Suena como a estar muerto.
--Algo así.
--¡Vaya! Entonces por qué...
--Porque debes y no quieres que nadie más le haga daño. Porque te aseguro que no se puede matar algo que ya está muerto.
domingo, 31 de mayo de 2015
Avergonzado
Tengo un miedo atroz. Entre pesadillas y vagos recuerdos. Rara vez me había arrepentido de algo. Ahora me arrepiento de un acontecimiento pueril. Me avergüenzo de mí mismo y no duermo; tengo cruda de desvelo, tengo cruda moral. Me quiero arrancar el insomnio pero no puedo, cierro los ojos y pienso, y trato de recordar, pero no recuerdo. He decidido no salir más, hasta no ser más que polvo, y entonces no salir sino ser sacado por el viento, en silencio, sin que nadie se dé cuenta.
Pigmalión
Apagué las luces. A tientas tomé las cobijas y poco a poco les fui dando forma, pero la forma era inconsistente, falta de algo más. Entonces rellené de ropa, aquella vieja ropa que tenía guardada en los cajones que no había abierto y por lo tanto no había perdido su aroma. Convencí a mi recuerdo de que así es como debía de sentirse, y pasé mis manos durante horas por aquellas curvas recubiertas de seda. Abracé y aspiré, mientras el sueño me fue llegando. Era un sueño pesado, como nunca lo había sentido; Venus me iluminaba a través de la ventana, y felizmente abracé a aquel sueño alado, a aquel cansancio infinito y oscuro que transformaba al tacto la tela en carne.
Al final ambos, inertes, ya nos estamos volviendo polvo, Galatea.
Al final ambos, inertes, ya nos estamos volviendo polvo, Galatea.
lunes, 18 de mayo de 2015
De viaje
En su cabeza ya no quedaba un rostro. Sólo características imprecisas: Frente, cabello, ojos, dientes; quizá abstractas: bonita ¿Bonita? Divertida ¿Divertida? Linda ¿Linda? Algunas pasiones: la añoraba, la deseaba, la amaba ¿La amaba?
En los primeros días escuchó por ahí que le dijeron que volvería. Pensó que sería pronto, y cuando pasaron las semanas, ella parecía volver; sin embargo sólo aparecía. Después se iba. Durante un año apareció constantemente, siempre apareció en el anonimato de otros nombres. Apareció en comentarios también anónimos. Él pensaba que volvería, que quizá sólo estaba necesitando tiempo. Después se enteró que se casaba. Quizá eso es lo que necesitaba, pensó él. Juntarse con alguien para que lo extrañara, recibir la dosis de monogamia aburrida que le recordara la vieja monogamia chueca que habían tenido. Poco a poco dejó de aparecer, y él pensaba en alguna mujer que se le cruzaba de repente, pensó una y otra vez que con una y otra sería capaz de conseguir un nuevo paraíso. No era así. Ella apareció más esporádicamente, lo cual lo hacía creer cada vez que reaparecía que era para regresar; no regresaba. A él dejaron de interesarle las relaciones, las demás chicas le causaban fatiga. Tenía fatigados los ojos para mirar más, y tenía fatigados los dedos para tocar otra piel. Le fatigaba hasta la cama, el hueco entre él y el borde que prometía dejar caber a alguien más.
Vino la duda, ¿regresaría? Se habría equivocado aquellos oráculos. Desapareció por meses, casi llegó al año, reapareció en silencio, de la nada, y se marchó. Se había ido; sabía las cosas que tenía que decirle para que se marchara, quizá no segura y no tranquila, pero para que al fin se fuera. Él seguía siendo un imbécil, no al estilo patán, sino al inconsciente, al idiota, al torpe. ¿No, después de tanto, se conocieron? No se había ido en paz, pero se había ido. Se habían dejado descansar. La paz vino al pecho, el alivio. Siguió el paso del tiempo, ella espiaba pero no aparecía. Él empezó a aceptarlo. Era cierto, lo que ella le llegó a decir era cierto. Se había ido desde hacía mucho tiempo, sólo le quedaba el cuerpo en aquella casa, pero se había marchado antes de terminar, lo supo al descubrir algunas cartas que había dejado olvidadas; "él sería perfecto si no fuera él", decía ella. "Quisiera que esto cambiara, pero ya no regresaría". Él lo entendía, y de alguna manera no le dolía, había dejado de dolerle. Había regresado a pensar que era inútil preguntarse qué habría cambiado o si hubiera sabido esas cosas antes ¿habría cambiado? ¿habría importado que cambiara para ella? ¿habrían encontrado otras cosas por las que pelear? Pero ella también lo había dicho, se la habían pasado bien. Sí, se la habían pasado bien. Y ahora ella estaba feliz; se había casado y había encontrado a su pareja ideal, y él... bueno, él se había resignado, a quedarse callado y pensarla de vez en cuando en silencio y en secreto, a no molestarla y había empezado a crecer, había dejado de enfocarse en el amor y mejor lo hacía en sus cosas, en sus proyectos. Leía, investigaba, creaba. Aún no lo sabía, pero en poco tiempo él se iría, se iría para no volver. Se iría a la aventura que da una mochila en otros lugares, su patria sería más grande que su país, y si no era por la mochila se iría en alguno de sus proyectos, pero se iría lejos. A ella le gustaba viajar; dentro de todo también por eso se iría. Pensaría en ella mientras mirara las ventanas y las nubes: Frente, cabello, ojos, dientes, aquellas imágenes que seguirían borrándose con el paso del tiempo... y otras más claras, que se quedaban afianzadas; cosas abstractas como el amor.
En los primeros días escuchó por ahí que le dijeron que volvería. Pensó que sería pronto, y cuando pasaron las semanas, ella parecía volver; sin embargo sólo aparecía. Después se iba. Durante un año apareció constantemente, siempre apareció en el anonimato de otros nombres. Apareció en comentarios también anónimos. Él pensaba que volvería, que quizá sólo estaba necesitando tiempo. Después se enteró que se casaba. Quizá eso es lo que necesitaba, pensó él. Juntarse con alguien para que lo extrañara, recibir la dosis de monogamia aburrida que le recordara la vieja monogamia chueca que habían tenido. Poco a poco dejó de aparecer, y él pensaba en alguna mujer que se le cruzaba de repente, pensó una y otra vez que con una y otra sería capaz de conseguir un nuevo paraíso. No era así. Ella apareció más esporádicamente, lo cual lo hacía creer cada vez que reaparecía que era para regresar; no regresaba. A él dejaron de interesarle las relaciones, las demás chicas le causaban fatiga. Tenía fatigados los ojos para mirar más, y tenía fatigados los dedos para tocar otra piel. Le fatigaba hasta la cama, el hueco entre él y el borde que prometía dejar caber a alguien más.
Vino la duda, ¿regresaría? Se habría equivocado aquellos oráculos. Desapareció por meses, casi llegó al año, reapareció en silencio, de la nada, y se marchó. Se había ido; sabía las cosas que tenía que decirle para que se marchara, quizá no segura y no tranquila, pero para que al fin se fuera. Él seguía siendo un imbécil, no al estilo patán, sino al inconsciente, al idiota, al torpe. ¿No, después de tanto, se conocieron? No se había ido en paz, pero se había ido. Se habían dejado descansar. La paz vino al pecho, el alivio. Siguió el paso del tiempo, ella espiaba pero no aparecía. Él empezó a aceptarlo. Era cierto, lo que ella le llegó a decir era cierto. Se había ido desde hacía mucho tiempo, sólo le quedaba el cuerpo en aquella casa, pero se había marchado antes de terminar, lo supo al descubrir algunas cartas que había dejado olvidadas; "él sería perfecto si no fuera él", decía ella. "Quisiera que esto cambiara, pero ya no regresaría". Él lo entendía, y de alguna manera no le dolía, había dejado de dolerle. Había regresado a pensar que era inútil preguntarse qué habría cambiado o si hubiera sabido esas cosas antes ¿habría cambiado? ¿habría importado que cambiara para ella? ¿habrían encontrado otras cosas por las que pelear? Pero ella también lo había dicho, se la habían pasado bien. Sí, se la habían pasado bien. Y ahora ella estaba feliz; se había casado y había encontrado a su pareja ideal, y él... bueno, él se había resignado, a quedarse callado y pensarla de vez en cuando en silencio y en secreto, a no molestarla y había empezado a crecer, había dejado de enfocarse en el amor y mejor lo hacía en sus cosas, en sus proyectos. Leía, investigaba, creaba. Aún no lo sabía, pero en poco tiempo él se iría, se iría para no volver. Se iría a la aventura que da una mochila en otros lugares, su patria sería más grande que su país, y si no era por la mochila se iría en alguno de sus proyectos, pero se iría lejos. A ella le gustaba viajar; dentro de todo también por eso se iría. Pensaría en ella mientras mirara las ventanas y las nubes: Frente, cabello, ojos, dientes, aquellas imágenes que seguirían borrándose con el paso del tiempo... y otras más claras, que se quedaban afianzadas; cosas abstractas como el amor.
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