martes, 3 de octubre de 2017

Don't forget

domingo, 1 de octubre de 2017

Prefacio a los multiversos (o: si sí te hacía más caso del que crees)

Creías que no te ponía atención. Que no eras importante. Pero los dulces que más te gustaban entonces eran los bombones cubiertos de chocolate; y que eres incapaz de controlarte como quisieras cuando algo te apasiona y terminas diciendo las cosas de una u otra manera. Que nunca te mostraste vanidosa, pero era realmente importante para ti sentirte bonita (aunque te hicieras un hoyo en la frente estornudando). Y cómo se te frunce el entrecejo con el sol y no puedes evitar verte frentona, y sonreír casi siempre mostrando los dientes, y no en esa sonrisa tímida solo de labios. O la forma en que te apropian del mundo cuando te sientas, declarando que el lugar es tuyo sin más. Y la forma cuando lloras dónde los ojos en lugar de verdes parecen grises, y cómo se te hinchan los párpados si alguien te hace reír después de llorar. Y que tu color favorito es el verde, y la crema de apio y las chimichangas y las babuchas. Y que tuviste una muñeca que encontraste en Chiapas cuando fuiste de viaje con el CEDART. Y que te molestaba que recontara el dinero después de que tú ya lo habías contado. Sé que muchas veces lo que más te molestaba de Jimena no era Jimena sino la forma en la que me trataba y que no te dejara a ti hacerlo. Y que las fábulas pánicas y Esperando a Godot eran de los libros que más te habían gustado. Y que aunque tienes un corazón de oro, también eres vengativa y rencorosa y ventajosa, y fuerte (siempre fuerte). Que luchas y sigues luchando para seguir adelante. Sé que había noches en las que te quedabas despierta llorando por algo que había hecho o esperabas que hiciera y no había hecho. Y que el verme enojado te ponía feliz porque tú eras quien solía enojarse. Pero fueron más las noches que me quedaba despierto cuidándote el sueño, y acariciándote el cabello, con cuidado, para no lastimarte al jalarlo, porque había que jalarlo todo, hasta el final y acomodártelo detrás de la oreja. Y que odias sentir que estás sola, que nadie te apoya, porque siempre eres tan fuerte que sigues adelante, pero te gusta que te apoyen (ah, sí, y que te dan miedos los aliens) y que se den cuenta de que tienes buenas ideas. Y que si te vas, de alguna forma, vayan detrás de ti y no dejen que te vayas.

Piensas que no lo sé. Que nunca puse atención a esas cosas, pero lo hacía. 

Te conozco más de lo que tú crees, quizá más de lo que te conoce alguien más, si hasta tus personalidades disociadas me llegaron a querer y a odiar. Y me saludaba una por ahí con el movimiento de tu nariz como conejo; y que el tocarte las bubis hacía que te diera risa. Y lo mucho que quieres a Lalo y a Ricky, y a tu tía Paty y tus primas. Y que querías que tu padre se diera cuenta de lo mucho que vales, y que te valorara por lo que eres y lo que has logrado. Sé que creías en el secreto y que conseguiste el mismo reloj verde de pulsera que habías visualizado unos años atrás. Sé que por las mañanas se te pega un ojo a lo Gary, y te da por restregarte como gato, y que mientras duermes, babeas y tienes la cara de una niña chiquita. 

Sí, sí te ponía atención, de veritas, de veritas, jaja. Y a lo mejor me hubiera gustado vivir en otro de los multiversos...

Pero eso será en la siguiente entrada.

Lubilú


Mi Lu
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma 
(Girondo)


Mi lu... mi lubilú 
mi lú-luna lubiluliana liliana.
mi hoja quieta en la ventana, en el recodo del río. 

Mi lu, mi luna didita autonombrada.
mi luna lilu abyecta autosalvada.
Mi lu, vestida de noche y de planetas
de faldas largas y escotes.
Mi luz de luna de noche
mi lámpara para dormir
mi lustre luciérnaga
temblor y calma
botella de ron vacía.

Me costó tanto olvidarte como para que regreses cinco años más tarde, vestida de palabras y reclamos que además hablan de risas. Nunca voy a reclamarte tu falta. Ni hacer de tu partida una carta que hable de pregones que exigen justificación. 

Lu mi luna liliana, mi luz lucero celeste.
mi noche amarga de otoño
mis viajes y nostalgias
mis mares, mi arena
mi playa nayarita en calma
Lu, mi lunika de cosas por hacer que no hice
mi evo 
mi recuento de daños
mis daños propios vueltos ajenos

el lugar al que uno va cuando muere, cuando es capaz de elegir dónde quedarse, donde volverse fantasma y entonces por qué calles caminar y habitar hasta el olvido. Allí, mis veinticinco años que se vuelven treinta tan de golpe y tan de falta. Como cuando uno se da cuenta de que habita sus propios pasos. Mi camino sigue, a pie juntillas, por el tiempo, el corazón y el amor se quedaron en cierta tarde o noche de hace años mientras dormía y dormías; mientras jugaba y no dejaba de jugar. 

Lu, mi lumía, mi lugar
mi lujo y lujuria
mi luto
Lu, mi luna Liliana
mi lustro de falta
mi silencio
mi limbo
mi hogar...

sábado, 30 de septiembre de 2017

martes, 29 de agosto de 2017

veintinueve de agosto

Vaya extraño día. Me vienes de pronto a la cabeza sin razón del todo aparente. Luego en mis recuerdos de Facebook aparecen comentarios sobre la novela, es un buen comentario, quizá debería imprimirlo y tenerlo enmarcado para los momentos en que dude de mí. Corro a buscar el comentario original, para hablar con la persona en cuestión, y no lo encuentro en mi correo: debe estar en el Messenger, voy pasando hasta las conversaciones del 2015, y lo hallo. Me pone a pensar en la novela, en recordarla. Me pongo a pensar en mi incapacidad de enamorarme, que ha sido la constante últimamente; las historias de mis novelas, el denominador común del protagonista masculino en todas, es un tipo abatido, no está amargado, pero en general siempre coquetea con la idea del suicidio. Creo que eso dice más de mí que cualquier cosa que sea capaz de decir conscientemente.

      Ahora veo las fotos que tengo de mí, y me doy cuenta que sólo sonrío en ellas cuando estoy con algún amigo y hay alcohol de por medio. Pero ya es una felicidad que viene con factura: los blackout, el malestar ligero en el estómago, la tristeza a modo de resaca. Justamente ayer pensaba en una escena donde un niño le preguntaba a mi personaje por qué estaba triste; él no lo sabe. Ha consumido tanto de una droga que lo hace dormir y ser dueño pleno de sus sueños, que le ha comido la memoria, al punto que tiene que contarse sueños y escribirlos antes de que se le olviden, a modo de recuerdos. Bueno, pues no es algo que esté tan alejado de la realidad: "la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Sin embargo, y como lo dije atrás, mi memoria ya ha dejado de ser la misma. Entre lo que pasó y la forma en que escribí lo que pasó, bueno, soy las historias que me he contado de mí mismo.

     Así que al ver el mensaje de quien me había felicitado por mi novela, encontré que el usuario se había dado de baja. Si se van uniendo los hilos de lo que he escrito, podría ser evidente que hice algo: tenía años sin ver nuestras conversaciones en face. Dije que ya lo había superado, aún así me vino el temblor en la manos, el sudor frío, y el malestar en el estómago, seguramente era la cruda, porque también tenía la tristeza trepada.

     Hace una semana un amigo me preguntó qué se sentía estar enamorado. Le expliqué a mi forma y tuve que caer en  cuenta de lo mismo de siempre. Hay un antes y un después de aquella época. La verdad es que tampoco la recuerdo muy bien. Y bueno, ahí estoy en el messenger, viendo las últimas conversaciones, fotos. Cuando sonreía de verdad sin necesidad de "fiesta". Aquel amigo terminó diciéndome que ojalá algún día sepa lo que es estar enamorado. Tiene treinta años igual que yo y nunca ha tenido una relación con nadie. Entro a la conversación y puedo encontrar la voz que creía olvidada. En tus palabras, todavía puedo escucharte. No me duele el recuerdo o tú, o tu falta. Sólo el hecho de no volver a amar así, no volver a estar enamorado así. De ni siquiera poderlo chillar. El ir viendo cómo poco a poco me convertí en algo diferente. En cómo desde hace casi dos años, ya no les escribo poemas a las chicas que quiero enamorar, en cómo he dejado de hacer regalos con mis manos, cocinarles

     De nuevo el cliché: extraño la época cuando era feliz y no lo sabía.

     Cuidado, le dije a mi amigo, la felicidad que tienes al estar enamorado, tiende a ser directamente proporcional a la tristeza que queda tras la partida.

     Llevo horas haciendo este texto, escribiendo lo que pasa, lo que pienso, y lo que dejo un rato para ponerlo después. Cada vez me siento más confundido. A veces siento que no siento nada. Otras, que me gustaría sentir, algunas más, que está bueno no sentir. Al final siempre termino extrañando. Extraño una profesora que me enviaba videos diciéndome que me amaba con su voz grave. Extraño a una cuentacuentos a la que nunca besé, pero me acurrucaba bien con ella. Y me pongo a pensar que a lo mejor no son ellas a las que extraño, sino el afecto que lograba sentir con ellas. Extraño el afecto que ya no sé sentir, no con el que me autoconvenzo, el de las pláticas de madrugada que ahorita ya sólo son oraciones reescritas. Después me confundo más, me pongo a leer más de las conversaciones de hace casi cinco años, y vaya que cursi y dramático sí era, je. Pero era honesto. Lo sé porque mientras lo hago, algo dentro de mí sí duele, no sé qué sea ni por qué, pero el llevaba sin llorar años, bueno, cambió... minutos apenas. Y entonces no sé nada. ¿Extraño mi vida de esos momentos, te extraño a ti, extraño al yo de ese momento? Quizá lo más sensato es decir que no se puede separar nada de eso. Todo viene siendo uno expresado con diferentes palabras.

     Quizá sólo extraño sentir. Sentir de verdad

     Luego me pongo a pensar, que quizá estaba completamente errado, y que quizá fue sólo una asociación inconsciente por ser este día. 26, ¿no?

jueves, 16 de marzo de 2017

vocación de picis

Tengo vocación de picis, de ir mirando por la ventana y perderme en mundos alternos o alterados. En uno de esos, no voy a descansar a mi cama, sino a la tuya. No como en el de hace dos semanas, donde tú llegabas a mi casa porque ahí vivías. O en el de hace tres días donde llegabas a mi trabajo a decir que me extrañabas. En el de ahorita, que no tiene que ver con el de hace tres minutos, vamos abrazados en el transporte; sigue siendo premañana, pero vamos con mochilas, venimos llegando de un viaje, cansados y sonrientes, casi como ahorita, que me gana el cansancio, y se me escapa la sonrisa entre tanta fantasía, pero no solo.