domingo, 30 de septiembre de 2012


Calíope

Hace algún tiempo quizá te recordaba.
Hace algún tiempo quizá te extrañaba.
No voy a negarlo, pensé que algún día estarías ahí
algún día
Ahora he olvidado cómo hacer poesía
y casi olvido cómo escribir
Antes te buscaba en cualquier oscuro recoveco,
antes incluso te busqué bajo mi piel
había algún lugar en donde te quedaste tatuada
pero por más que busco no encuentro nada
te fuiste, te has ido
¿Algún día estuviste?
Ahora creo que a lo mucho eres un recuerdo
pero la verdad es que ya poco de ti me acuerdo
te escribí poesía
te escribí
te
...

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Hola a todos los lectores. Lamento no haber estado escribiendo nada por acá en estos días, lo que pasó fue que un querido familiar mío falleció y me tuvo completamente acaparado. En medida de lo posible trataré de retomar el contacto con las letras por este medio. Les recuerdo de todas maneras que los textos de carácter lterario estarán siendo publicados en otras páginas que ya he especificado. En este lugar solo pondré mis ideas, y post que considere pertinentes; pero reitero la invitación a que me sigan leyendo por cualquiera de los otros medios que he encontrado por la red. Por cierto, sigo recomendado que lean "Entre cenizas" que en este momento se ha hecho acreedor a una mención honorífica.

También sigo esperando que dejen sus comentarios para saber más qué les parecen las cosas que he escrito, tanto si les gustan como si no, para seguir tomando en cuenta algunos detalles que considere van más allá del gusto (en el cual no me puedo meter).

Un saludo y gracias por seguirme leyendo.

MJ

martes, 21 de agosto de 2012

Caigamos


Me pregunto cuánta sangre tiene que salirme para que me dé cuenta de las cosas. Cuántos golpes más me tengo que dar antes de irme, Cuántos suspiros, y frustraciones y noches sin dormir, cuántas horas, cuántos días y dolores de panza para escuchar dentro de mí y decir: es suficiente. 
                ¿Por qué sigues cuando las cosas tienden a repetirse en un ciclo eterno? Es raro pero nunca puedes encontrar tan fácilmente la medida para el dolor anímico. No entiendo por qué cuando uno quiere tocar fondo nos volvemos como un hoyo negro y devoramos incluso la luz que tenemos cerca.
                Pero el problema no es hoy, ni yo ni nadie, es esa necedad humana de seguir al lado del vacío, quizá el vacío es muy seductor, y queremos caer, porque bien lo dijo Kundera, “Aquel que se cae está diciendo ‘levántame’”. Pero lo que nunca dijo fue lo que pasa al que levanta, y levanta, y levanta… y levanta ¿Algún día deja uno de caer, o algún día deja uno de levantar? ¡Cómo fascina ese vértigo y esas ansias de seguir en el suelo!
                Porque todos caemos, y todos seguiremos cayendo -quizá es que estamos solos-, cada quien cae tanto que quizá no es capaz de levantar a su compañero; se ve a sí mismo en el piso, derrotado y vencido ¿Pero caer significa tocar el fondo? ¿Cómo sabemos cuando hemos caído por completo y suficientemente abajo? Parece ser que el homo-mensura platónico–gorgiano aquí tampoco está bien definido. Pero uno se mira tan agotado y tan abatido… hay que tomar ánimos, mirar al compañero y si según cada uno lo cree, levantarse o jalar el gatillo.
                Porque curiosamente muchas veces pasan estas cosas cuando estamos junto alguien, el vértigo no se antoja tanto en solitario, el vértigo se vuelve entonces en motivo, para no abandonarse. Solo en compañía del otro queremos tocar fondo, porque hay apapacho, hay protección, solo en compañía del otro somos desvalidos.
                ¿Hasta cuando dejar de caerse, o cuándo caer cada vez más?

miércoles, 15 de agosto de 2012

...

Muy bien, hoy estoy más tranquilo quizá sea más fácil sacar algo en esta ocasión. En realidad sigo con la misma problemática del día de ayer: no sé qué escribir. Supongo que ya no es uno de esos bloqueos literarios que me daban durante meses; al parecer el blog ha funcionado en mayor o menor medida. Ahora en realidad estoy por probar la opción de algunos escritores y darme a la tarea de escribir durante las mañanas. El problema con esa idea es despertarme temprano. Pero asumámoslo, yo he sido enemigo jurado de las mañanas desde la secundaria si no es que durante toda mi vida. En realidad lo más que pasa es que termino desvelado, y muriendo de sueño al día siguiente; ahora el problema aumenta con eso. La razón, sencillamente que no respondo ante nadie, entonces fácilmente puedo decir, no voy a la escuela o no trabajo, y ya me quedo a dormir y descanso. Por eso iré haciendo esto paso a paso, poco a poco; sé que no podré dormirme más temprano nunca, y menos aún de golpe, así que he tratado de recorrer la hora de abrazar la almohada. Pero también hay un problema con esto: no puedo, siempre sale algo, un texto pendiente, ayuda para alguien, un libro por leer, videojuegos, o hasta el simple insomnio...

Bueno aunque sea, salió una mini entrada que no esperaba. ¿Creen que sea más fácil si me quedo despierto esperando la mañana?

Para variar un poco.

Muy bien, es el intento treinta y dos de entrada de este día, llevo treinta y un borradores previos a este y sigo sin saber qué escribir. Ya he pasado por la política, por la crítica social, por la problemática personal y su resolución, por los falsos gurús literarios, por las confesiones, etc, y sigo sin darle al clavo.

      Al principio pensé en contar un poco de mí, pero no creo que a nadie realmente le interese saber sobre un desconocido cuentista. Entonces viene un problema enorme, pero con mayúsculas (ENORME), que es lo que tengo en la cabeza, porque pienso y pienso más y me doy cuenta de que en primer lugar pienso por ustedes, en segundo lugar asumo de qué voy a hablar y sé que sonaré aburrido, así que regreso al primer pensamiento y me doy cuenta de que pienso por ustedes. Entonces pienso en quedarme callado, pero no puedo, ¿alguien sabe como callar su cabeza?, y entonces discuto; pero la verdad es que discutir conmigo me da weva, siempre gana la parte que quiere discutir, sabe las respuestas de la otra parte. Después cuando hay un poco de silencio mental, me doy cuenta de que estoy loco, o al menos algo bastante parecido.

      Quizá lo mejor sea poner un poco de orden. Así que analizo, y pienso que muchos blogs no dan pauta a sus lectores a participar más allá de la pasividad. Escriben lo que les viene en gana y lo dejan ahí posteado, como desecho literario a ver quién lo encuentra y se le hace bonito, interesante o al menos agradable.

     Pienso nuevamente, algunos blogeros son pretenciosos y solo escriben para ellos. Claro juegan con las palabras bonitas y la combinación de la estructura de las oraciones. Algunos juegan a la seriedad, y otros al chacoteo, muchos en realidad juegan a esa falta de importancia. Una de las ventajas de la red.

     Al final pasa algo raro en mi cabeza es como el momento post orgasmo, cuando quedas inerte y todo desaparece de tu consciencia, aunque por dentro sepas que está ahí. Y me quedo sin palabras, todo pierde la importancia inicial y me encuentro ajeno incluso a mí mismo. Me leo y no comprendo nada, solo alcanzo a percibir entre líneas lo que ya me había dicho algún maestro: "la literatura es el intento por poner orden al caos que es el universo".

     Después de diez minutos de ausencia, y un cigarro, creo que esto no dice nada y solo sirve como mal preludio para preguntar a los lectores ¿qué les interesaría saber? (puntos suspensivos).

domingo, 29 de julio de 2012

El Charco


Les dejo uno de mis primeros textos. Espero lo disfruten.


Entró en su departamento a la misma hora de siempre ‒no por nada el sobrenombre en su trabajo era “el Relojito”‒, echó un vistazo rápido para confirmar que todo estaba en orden. A los veinte minutos regresó con Sandra, él estaba nervioso, era una nueva puta, y no estaba acostumbrado a nuevas experiencias, 'tranquilo hombre' decía ella con una voz sensual y áspera, como detestaba él que lo calmaran; sin embargo la belleza de su nueva amante podía perdonarle lo que fuera. Después de la sucesión de gemidos fingidos y orgasmos, el Relojito se dirigía al baño como siempre; todo estaba cronometrado, había tardado los siete minutos que tenía que tardar, un minuto más en el baño, y dos para despedir a la puta que en esos momentos debía estarse cambiando. No fue así, la puta, seguía acostada, fumando, llenando todo el lugar con cenizas para inculparlo de su delito carnal, como si no fuera suficiente el olor a sexo y, por si fuera poco, ya llevaba un minuto (1) de retraso; sutilmente la hizo vestir para sacarla del departamento (2), la acompañó cortésmente hasta la puerta pero ella se detuvo, él siguió su mirada (3), en el suelo, saliendo de la puerta del ropero, una mancha que fácilmente podía juzgarse de ser sangre. El fulgor que desprendía lo había hipnotizado (4), realmente era sangre, ¿había sido la puta para tratar de incriminarlo en algo? De pronto, sintió como si la cabeza le fuera a estallar, habían pasado ya cinco minutos de retraso, era inaceptable, ella preguntaba qué sería eso, se paró (6), estiró la mano al picaporte y después… todo negro. Ahora él tenía dos charcos de sangre que limpiar, había perdido siete minutos para hacerlo, pero con los veintitrés restantes eran más que suficiente.

domingo, 22 de julio de 2012

Tres poemas juntos


Este es un "soneto alejandrino incluido en liras con pitipié y acróstico"
Se puede leer de tres formas, la lira: que es el poema completo, el soneto alejandrino que es solo lo que dice cada 5 versos, y está en negritas para hacerlo más fácil a la lectura, y el acróstico, que fue hecho para mi escuela. 
Después viene otro poema que en realidad es como una miniserie, pero ya no tan formales, sino con versos más libres, que resultan más agradables. Y al final un poema en prosa. Si no están acostumbrados al tipo de poemas como el primero y les aburre, salten al que sigue, es completamente diferente. Saludos, y difundan.

SONETO EN TRES TIEMPOS
S
igo juego verbal       
orientado por este joven, mas no doncel      
notorio mi arsenal           
escribo en panel         
tomo de entre mis recuerdos el recuerdo aquél   
o
diaría ser él  
a quien mis versos refieren, de esta forma tal          
labro destino cruel     
¡ea, hasta el final!      
juntos estábamos cada quien desde su umbral                
a
pareciste del 
nido de algún ave extraña e importancia vital                     
desconocida piel        
repelente del mal       
imaginé tus palabras de forma total          
n
ada descomunal      
oro, plata, incluso arena o pedernal  
interesaba igual                     
no eras nada babel     
como si estuvieras aquí, no en el papel.     
l
isto y ágil al  
urdir,  fiero en la batalla como Gabriel         
idealista cabal
dulce como la miel    
otro tu trino creyó tener de forma fiel                  
e
rrado coronel
nadie cuenta se daba de tu forma real          
luego en el laurel       
indudable señal                     
ruiseñor de bellas plumas, ¿serás un quetzal?                 
¿acaso no Miguel      
sucumbiría a tu belleza desde el zarzal?       
¿conoces a Luzbel?               
¿o no eres fatal?        
no devoras serpiente alguna sobre nopal  
Parecieras leal
imagen de varón delineada por pincel          
testimonio fatal         
inhábil Samüel           
¿piensas que estás en desierto? Estás en vergel.  
imagen  femenil
éscondete velozmente tras un girasol
y aunque estés inmovil
atrapada en perol
clamándole al viento la libertad del sol
r
ogando en formol
óblicua vida pero por completo civil
será en español 
 tu reclamo futil
idílicamente con una voz tan gentil
c
on hermoso perfil
orgullosa gritabas con un tono bemol
¡Muerte al autor vil!
aclamabas pueril
rehuyendo de las letras que marcaban tu rol
c
ual si fuera mongol
odiábasme por crearte. Pensaba sutil:
Junto al quitasol
una tarde en añil
árbol que cortaron durante aquel mes de abril
r
esolvílo cubil
en una cálida noche de musas y alcohol
zopenca juvenil
De frescor cual mentol
eras quizá mi sueño, o quizá de Pitol
l
ogré contigo gol
¡Viva mi creación, soy con letras tu albañil!
aunque de metanol
llamas me quemen mil
eres prisionera, en páginas de marfil.


EL ETERNO RETORNO DE LO IGUAL (CRONOLOGÍA DE UN INSTANTE)
           
                                 I
A tu encuentro me aproximo sin espera de nada
con expectativas bajas por saber cómo eres
pero contento por la promesa certera de volverte a ver.
Ya un ciclo se ha cerrado
las cosas han cambiado,
tu lejanía se había hecho presente
y de vez en cuando te pensaba
(seguramente tú no hacías lo mismo).
Al menos recuerdas quién solía ser
o quizá cómo me llamaba;
pensamientos consoladores
ante desconsolada realidad.
Prometí prepararte una cena
(excusa para pasar el rato)
y brindar con vino blanco
que tú ibas a llevar.
Y aunque con la intención de no esperar nada
mucho es lo que espero
de mi cabeza no sale la idea que decías:
"contigo nada quiero".
                                II
Decir que desperté a tu lado sería una mentira
más bien una verdad a medias
no desperté, en realidad no dormía.
A lo largo de la noche, en vela observándote la pasé
recordando los estragos que el vino en mí había hecho
y tus caricias frescas en mi cabello
al regresar del baño al sofá.
Recordé las lecturas de poesía
las de tus autores, y también las mías
compartías tus labios
con Sabines, con Borges y los demás.
Cité mi propio epigrama, titulado trío:
En mi  cama hay espacio para un sueño
que puedes ser tú; pero si traes otro sueño
a que nos acompañe, se volverá pesadilla
pues también será él.
Te volviste musa, revivió Calíope,
revivieron las caricias que de antaño me obsequiabas
revivieron sin que las pidiera una vez más
y después de las poesías y las caricias
llegaron los momentos de cantar.
Al final con una frase te retiraste a tu cuarto:
"estoy hasta la madre, ya no puedo más".
Pedí cobijo en tu cama, a tu lado,
sin pesar me lo concediste; y mis brazos
te acogieron, te entregaste al sueño
y en la serenidad del momento, con las caricias
en turno mías, recordé la poesía de más de un año:
Dormida, quédate dormida
sin despertar jamás
verdadera y cálida como lo has sido.
Que el frío no se acerque a tus labios
y el rubor no abandone tu tez.
Quédate dormida.
Dormida te puedo observar mejor,
donde mis ojos que te miran
no sean motivo de agravios;
donde mi tacto no sea espinas
que lastiman tu lastimada piel.
Dormida, quédate dormida
con la promesa de algún día despertar.
Has de quedarte callada como la soledad,
y respirar apacible el olvido de mí
que te invade, que te recorre
como la sangre por el cuerpo
mientras yo sigo creyendo
que entre sueños me piensas
al menos una vez.
Dormida, Bella Durmiente,
te cubro de besos que no saben a hiel,
y no recibo rechazos ni reclamos,
pues estás dormida…
Dormida, quédate dormida
con la promesa de nunca despertar.
Pero era inevitable, despertaste
feliz, contenta, y desganada
preguntaste qué había hecho sin ti
yo dije que escucharte roncar,
te mencioné que olías a tepache,
y después de responder que era obvio
te bañaste y pediste de desayunar;
te marchaste, sutilmente
gentilmente, me dejaste quedar.
           
                        III
Aguanto mis ganas de llamarte otra vez
hace unas horas que lo hice,
te escuché reír por mi llamada,
parecías disfrutarla, parecías agradada.
Instantes, al fin instantes,
recordé los papelitos que dejé en tu cuarto:
una invitación a una nueva visita,
una cursilería:
No puedes hacer poesía
porque como lo dijo Bécquer
poesía eres tú
”,
también dos fragmentos de algo
 que en sí mismos eran uno cada uno:
como la nota que tiembla,
 y se alarga (crece) en tus dedos
así me sentía yo con tus manos en mi cabello
”,
y dejé el papel color morado
en las cuerdas del violín
estábamos buscando instantes sutiles,
talvez instantes pueriles
donde estábamos sin estar

y éste quedó bajo un pisapapeles
con forma de mundo en cristal.
Es mi turno de partir, de irme
de dejar en el deseo lo que es del deseo
mañana te llamaré para saber lo que piensas.
Me toca descansar, recordando tu piel
recordando lo que sentía en las manos
al pasarlas sobre ti.
                                IV
Tengo ganas de ti, no de mí,
 no de nosotros, sólo de ti,
no del que nace en caricias gentiles,
no del que muere en deseos de ser,
sólo de ti.
No del que somos
cuando estamos sin estar
sino de la que eres por ti misma
por ti y para ti,
sólo de ti.
Tengo ganas de ti cuando estás conmigo
cuando apacible te recuestas a mi lado
y me acoges entre tu brazo y tu pecho
y dejo de ser para mí
y comienzo volverme de ti.
Tengo ganas de ti, de aquella desconocida
que me deja recostar a su lado
 cuando se va fuera de sí
y me vuelvo testigo mudo
mientras con la vista te hago parte de mí.
Tengo ganas de ti y de mí, de nosotros,
de ese algo que se forma sin llegar a ser,
tengo ganas de ojos, de miradas,
de dedos, de manos, de caricias.
Tengo ganas de ti, sólo de ti.
                                V
Lo cierto es que contigo
todo es incierto,
que todo es, mientras deja de ser
que todo deja de ser, mientras va siendo
que todo va siendo mientras desaparece
que todo desaparece mientras va apareciendo.
Contigo, lo único cierto es lo incierto
y el efímero instante lleva consigo
la promesa de nunca volver.
                                VI
Te llamé, la primera vez no estabas,
la segunda, eterna espera,
resultó ser la indicada.
Te dijiste indispuesta, ocupada;
habías leído el mensajito:
"Nos vemos el próximo año
este fin de semana ando atareada".
Seguramente, andabas con tu novio
pues no hacías tarea, ni cenabas,
no perdías el tiempo, no hacías nada.
No sé, quizás algún día (pronto) te llame,
y pregunte sincero cómo estás;
mientras tanto, estaré con mi novia
esperando (para contigo)
el eterno retorno de lo igual.

UN BUEN ABRIGO
Yo tengo un abrigo de piel que no está hecho a mi medida sino a la de ella; que sabe decir con las manos lo que con la boca no, y está cubierto de finos vellos que sólo se sienten ―a veces― al pasar la lengua.
    Qué dicha tener al alcance una piel para refrescarse en verano cuando el aire roza el sudor; y en invierno cuando el frío se cuela hasta los huesos, una buena piel es más práctica que diez cobijas y una pijama de lana.
    Hay veces en que es necesario tener a la mano una piel para las noches de ocio ―haga frío o calor―, buscar su tersidad entre juegos y abrazos donde se vuelve, mientras me envuelve, más grande que yo.
     Por eso una piel es la mejor compañera en los días nublados y lluviosos para el cine en casa ―aunque se vaya la luz―, pues funciona como botana, almohada y cobertor, y es capaz de calentar los labios y refrescarlos por igual. Quedarse dormido junto a ésta ―que tiene la capacidad de amoldarse a uno y viceversa―, pues al despertar generalmente es una grata sensación.
     Yo tengo una piel mestiza, un poquito morena, que a veces está y a veces no. Algunos la llaman por su nombre, yo a veces sí y otras no: y cuando la mando llamar diciendo: "ven pa'cá, cosa hermosa", y la tomo entre mis brazos y me convierto en su abrigo; me pongo a pensar que por más que pase el tiempo y se desgaste, no hay mejor cobija ni juguete para el ocio que su piel.