domingo, 11 de agosto de 2013

Este perro muerde.

Tengo facebook, twitter, wattpad, mail, celular... sin embargo escribo esto aquí, por una sencilla razón: la gente a la que se supone que le importo, no me lee lo suficiente. Siendo honestos, la gente que visita este blog son, en su mayoría, curiosos de mis letras, en su minoría, alguna suerte de admiradores que por lo menos se sienten identificados con alguno que otro texto. Pero retomo el curso antes de desviarme. Me pregunto cuánto pasaría para que alguien se diera cuenta de que he muerto el día que lo haga. Insisto en ese curioso caso, dudo, honestamente, que cualquiera de esas personas a las que les "importo" lea esto pronto, la verdad si pienso que algún día lo leeran sigue siendo demasiado optimista de mi parte. Ahora sí, dejemos eso de lado.

     Hace mucho que no escribía nada de mis divagaciones, últimamente solo me he encargado de postear todo lo relacionado a escritos míos, nuevos o viejos. Y creo que ya hacía falta poner una entrada con relación a lo que pasa... mala idea, creo que no habría mucho que contar, salvo que tengo dos muy buenos proyectos que me atemorizan, de alguna manera porque sé que son muy probables para que salgan adelante: se tratan de proyectos de guiones; en uno tengo un conocido que trabajó mucho tiempo para televisión y aún conserva los conectes, en el otro mi querida asesora me va a presentar (en cuanto tenga algo armado) a Paula Markovitch y/o al productor de Argos. Ambos los estoy trabajando con muy buenos colegas (ya mencioné a mi amigo del primero, que además es actor de doblaje; en el otro tengo a un poeta que ha ganado más de cuatro o cinco premios nacionales).

      ¿Y qué más?

     La verdad es que nada. Hasta ahí se queda. Escribo mucho, diario casi, poemas, cuentos, ideas, siempre escribiendo. Me consumo en mi locura y aislamiento, me divierto muchísimo estando conmigo, planeando, imaginando, recordando... y sin embargo, me he dado cuenta que fuera de escribir, no me interesa nada más. Me seduce la idea de que el vacío me jale y me deje tirado con todos los huesos rotos. Así de sencillo. Solamente desde fuera uno puede ver a los demás, y le he agarrado tanto gusto a estar por fuera, a relacionarme lo indispensable y con la gente que quiero (ahora que lo pienso, no hay mucha diferencia de como era antes), a vivir en mi cabeza, y a creer que todo es un producto de mi imaginación...

     No sé, es raro, no tengo ganas ni de haber escrito esto; no sé de dónde saca mi gran amiga que tengo una naturaleza fundamentalmente sana; que me reiré de todo esto... quizá un día me sea seducido tan profundamente por el vacío que por fin me aviente por la ventana; lo único malo es que no podré ver la reacción de ella, y decirle: "ves, ¿dónde está la salud que decías que tenía?" Tal vez, solo tal vez, un día llegue ese momento, pero aún no, aún falta el reconocimiento y las muchas obras que deje a la posteridad que influyan en uno que otro nuevo escritor dentro de 50 o 100 años. Y vean que este que escribe, no solo abrazó a sus ángeles, sino que hizo el amor con sus demonios, y estuvo jugando (porque no dejo de jugar) al borde del abismo todo el tiempo, riéndose, asustando a los otros, rompiéndose a cada rato para que alguien tuviera algo más que leer, para que alguien dijera: "me gusta cómo escribes, me siento identificado(a)".

     Ahorita lo único bueno de todo esto, es que mis seres cercanos, se han dado cuenta de que no es bueno meter la mano en la rendija de la casa porque este perro muerde.

jueves, 1 de agosto de 2013

Capítulo 12 y capítulo 13

Aquí les dejo otros capítulos de la novela "Deja que te mate". Espero que los disfruten n.n




12. Otra pesadilla.




¿Qué hace él aquí? Qué carajos hace él, ya lo habíamos dejado en que era un sueño. ¿Llegará igual que la vez pasada preguntándome si ya me voy a matar o si ya me voy a poner a escribir?
                Tranquilo, vamos a caminar. Y sí, definitivamente, Coyo se ve mejor de madrugada; ahorita lo arreglo, pero primero vamos por un café al Jarocho.
(…)
                —No sabía que vendían café con alcohol en el Jarocho.
                Digamos que soy un miembro que posee ciertos privilegios aquí.
                Toda la gente empieza a desaparecer, a esfumarse, son como fantasmas caminando que cada vez se llenaran más de aire y se fueran vaciando de materia.
                No nos pueden ver, incluso puedes morbosearles el culo de forma descarada y no te dirán ni pito. No te hagas, yo sé cómo te han dado ganas de hacerlo con alguna que otra vieja buenona que pasa con sus falditas como invitándote a arrancárselas, y cogértelas en la plaza.
                —¿En dónde estamos?
                En Coyo…
                —Sí, pero en dónde.
                Para fines prácticos, y dejes de estar de castrozo, estamos en un sueño. Y no te diré más, al menos no hoy. O ¿qué?, ¿también vas a llorar por no saber en dónde andas? Si los hombres nos alcanzáramos el miembro con la boca extrañaríamos menos a las viejas. Practica yoga, quizá así dejes de andar lloriqueando por una desgraciada. Puta igual que Lola.
                —¡Cállate!
               —¿Qué vas a hacer? Vayas donde vayas, te escondas tras tantas cobijas antimonstruos como quieras te voy a encontrar, y ahorita tienes de dos para librarte de mí, o te matas y terminas con esto, o te despiertas, y al menos la segunda no te voy  a dejar hacerla, así que decide.
¿Está lloviendo? Llueve pero tampoco nos mojamos.
Muy bien, escoges el silencio, ¿qué, te da miedo morirte? ¡Pero si estás dormido…! O quizá es que en realidad no quieres que me calle, quieres que siga, ¿sabes? Creo que eres medio masoquista.
            —Claro que no.
           Sí, piénsalo. Mira, había una abejita reina que se llamaba Karina, y después apareció otra abejita reina llamada Eloísa. La abejita Eloísa no quería problemas y por eso casi casi se ponía como una alfombra ante ti para evitarlos. Pero qué hizo el zángano Marco; regresó con la primera abejita porque la “amaba”. Luego también está por ahí Jimena, que cuando la conociste te dijo que tenía novio y tenía amante, y madres, que Marco se enamora. Después el zángano encuentra a otra chica que como Karina, tenía problemas con sus papás, y también es cuatro años más joven que él, Marco se enamora de ella, aunque lo trajo como calzón de puta hasta que se desesperó de tanto desmadre, aparece Grizel (reaparece) cuando las cosas con Liliana ya no están tan bien. Es como si la vida te pusiera otra oportunidad de hacer lo que no hiciste con Eloísa en una versión mejorada, más afín, que le dijo que le enseñaría todo lo que pudiera y si se sacaba la lotería sería su esclava, y madres, nuevamente, Marco busca el primer pretexto que encuentra para regresar con Liliana porque quiere estar complicándose la existencia.
                —No es tan así.
               Claro que sí, hazme caso. Olvídate de Liliana, ve con Grizel, con ella disque escribes, porque lo único que haces es ponerle splenda en mensajes de texto y ahí está Grizel: “oh sí, Marco, vomítame tu miel, sírvemela en un vaso que me la quiero tragar toda  para orinar rosas y cagar corazoncitos”. Eso que le escribes no deja de ser mierda aunque la sazones con azúcar, pero por lo menos le escribes más. Espérala, qué son unos días.
                —¿Por qué la insistencia?
               Mira el Kiosco, con su brillo nocturno y el vapor de nuestras bocas. Tú ves piedras, pero todas esas piedras, todo ese concreto, aquí y ahora, no son más que palabras, está hecho con las palabras de todas y cada una de ellas, con todos sus: “te quiero”, “te extraño”, “te necesito”; todas las camas y los besos y los abrazos, están hechas de todas las miradas, las risas, los enojos, todos esos golpes, esos corajes. Las escaleras están llenas de los viajes, las carreteras, los autobuses, los desvelos, los paseos; los “te amo”. Tantos recuerdos. Todo eso está ahí, unido con lágrimas, sudor y semen. Ojalá llegara un meteorito y destruyera todo, ¡pum!, volver a empezar, hacer nuevos monumentos a tu locura y tus desdichas. Rompe ese viejo kiosco, vete con ella.
                —¿Por qué?
              Porque si Karina no te llevó al suicidio, Liliana lo hará. No sé si te quieres hacer el pendejo o el ciego, tú sabes que lo que digo de Liliana es verdad. Como con Lola, son básicamente las mismas, orgullosas, berrinchudas, ventajosas: “yo sí, tú no”, ¿o crees que a ella le importa lo que haces? No, para ella eres un egoísta porque no tiene relevancia que Marquito “salga detrás de mí en plena madrugada porque me puse a hacer berrinche y la zona está fea, ni que me aguantara mi bipolaridad de me quedo contigo, regreso con mis papás, me quedo, regreso; prefiero ponerlo celoso con sus amigos y los comensales, para que yo no sea la única celosa; Marquito no quiere pelear y a mí me enoja que no quiera pelear, por eso me hago la digna, le digo que no tengo nada, y cuando ya se va, le reclamo que qué le pasa, que si no le importo y cómo puede irse y dejarme así, como si no me hubiera preguntado primero qué tenía; o que Marquito pague todo menos la mitad de la renta, para que yo haga con mi dinero lo que quiera, ni me salvara de quedar con el rostro quemado por andar jugando a escupir fuego y no saber qué hacer cuando se me prendió la cara; ni siquiera le importó que Marquito se jodiera el lomo durante un mes porque yo estaba recién operada y no podía hacerlo”.
                —Eso de la operación nunca ha pasado, ¿a qué te refieres?
                Perdón, estaba proyectándome.
                —No, dime.
                Nada, hazme caso y ve al baño, antes de que tu siguiente anécdota sea sobre cómo te hiciste pipí en la cama a los veintitantos. Por cierto…
                Carajo con estos sueños. Cómo me mal viajan. Pinche inconsciente, esto es obra tuya, cerebro idiota. 'Ni madres, es del inconsciente'. A la chingada, deja de joderme la puta vida, cerebro. 'Bueno, pero por lo menos prende la luz para que le atines a la taza'… Tranquilo, seguramente es tu imaginación, aunque yo también creo que vi en el espejo la palabra “escribe”.
(…)
                Perfecto, aquí estamos, haciendo locuras nuevamente. A la verga Grizel, no pudimos aguantar siquiera una semana sin novia. Estoy empezando a pensar que de verdad tenemos problemas con la soledad, '¿estás seguro de que es amor y no soledad? Mira, recuerdo que hace unos años le dijimos a Karina que tú solo te apoyabas en tu pareja, y que si ella no era, que sería otra, nadie es indispensable; y madres que se suelta a llorar', ¿por qué todas las mujeres-niñas que conocemos, quieren que les digamos que son especiales para que se sientan especiales?, con un dedo extra, un coeficiente de doscientos o una tara podríamos justificar que lo sean, quizá es la edad. Pero entonces podría ser Grizel, Jimena, Liliana, o Panchita López; 'quizá, ahorita lo preocupante es que solo a nosotros se nos ocurre venir casi a media noche a casa de Liliana, en una colonia de la verga, con malandros drogándose a la vuelta de cada esquina'. ¿Y si la descubrieron sus papás? 'A chingar a su madre, tomamos un taxi a casa de mi mamá y le decimos que nos preste para pagarlo'. Esperemos diez minutos más… ocho minutos más… ¿será amor…? Seis minutos más… Ahí viene. Síííí, que nervio escuchar cómo mete las llaves para abrir la puerta... Estuvo llorando, reconozco las bolsas que se le hacen por llorar, y los ojos deslavados que en lugar de verdes parecen grises. Pero qué bonita sonrisa; mi trompuda hermosa. ¡Qué bonita es! Cuántas ganas tenía de pasarle los dedos por su cabello y acomodárselo detrás de la oreja…
                —No hagas ruido, si te escucha el perro va a despertar a mis papás, me estoy quedando en el cuarto de acá abajo.
—OK.
—Eres el primer novio que conoce mi casa por dentro. Métete rápido.
            —¿Cómo le vamos a hacer mañana para salir?
            —Mis papás se van temprano, podemos sacarte antes de que se vayan. Lo planeamos después. Mientras abrázame.
                Puta, cómo no va a ser amor esto. Basta estar entre sus brazos para sentirme lleno otra vez, como si ella ya fuera parte de mí. A la verga mi cerebro, a la verga el sociópata desconocido de mi inconsciente, me dirán toda la misa que quieran pero yo sé lo que siento. Sonrisa por aquí, sonrisa por allá, un suspiro, dos suspiros, tres.
                —¿Qué haces con la ropa puesta? Te quiero desnudito, me encanta tu cuerpo, y tu pancita. Desvístete. Yo te tengo una sorpresa.
                No es sexy lo que hace, pero no estoy buscando sensualidad, solo esos ojazos… ok, sí se le ve bien esa lencería roja como de encaje. Fuck, retiro lo de no-sexy; tal vez no fue la mejor manera de desvestirse, pero ya así semiencuerada…
                —Quiero hacerlo con una canción.
                —Ok… ¿Placebo?
                —Sí… shhhh, nada más hazme el amor, Mar.
                Esa canción no es romántica, pero… qué ricos son sus labios, carnosos, suavecitos. Cómo no voy a amarla, si en sus brazos, en sus pechos, en sus piernas, en su saliva, me siento como en casa, como si los dos encajáramos a la perfección, casi podría escuchar que hacemos Clic…
                —Me gusta hacer el amor contigo.
                “Me gusta hacer el amor contigo” sonó raro ese contigo, contigo, contigo
                —¿Conmigo?, ¿en esta semana lo hiciste con alguien más?
                —Sí, Mar, pero no me gustó, contigo está rico, me gusta mucho, es especial, me enchinas la piel cuando me acaricias, cuando me pasas las manos por el cabello; me prende cómo me agarras las nalgas, me pones loquita.
                Sonríe y déjalo así, no tienes nada que reclamar, tú permitiste el tiempo y durante ese tiempo no eran nada, así que te chingaste. Quizá es una especie de venganza de que le dijeras en el viaje que tú eres una puta, y que necesitas de musas para escribir y ves una vez al año a Jimena, ella aceptó que eras así. Te dije, no le digas, no lo hagas, aguántate. Pero no, ahí va Marco a ser sincero, pendejo, ahora te jodes; aunque lo aceptara sabes que es poco probable que las cosas salgan bien. Pero bueno, ni pedo, está con nosotros, es lo que vale, no con otro, confórmate con eso.
                —Quiero estar en nuestra casita.
                ¿Ves?, más pruebas, tranquilo. Es como cuando le encontraste mensajes, no pasa nada, duele, pero no chille. 'No chillo, pero se siente feo'.

13. Un viejo amor me puede consolar




Ayer estaba pensando en Andrea y ahí está ese recuerdo de cuando la vi hace dos años, al dormir se me ocurrió ese capítulo; qué cagado con Marco, cómo se asusta cada vez que me encuentra. En algún momento tal vez le revele que soy su autor, solo espero que no se cause una indigestión que lo lleve a la muerte; aunque sería muy cagado, un suicidio por saber que es un personaje no me serviría de mucho.
                A estas alturas, lo único que me queda son recuerdos y fantasías, uno se abraza a algo intangible cuando ya no le queda nada tangible. Pero aún es muy pronto para aferrarse a Dios. Más cuando yo soy como Dios. Quizá un día le mandaré la peste, o sífilis o gonorrea. Ahorita no, ahorita que disfrute de sus pendejadas, que se encule para que cuando valga verga todo, sienta como si lo colgaran de los pelos de los wevos. Es una mierda cómo uno termina creando amigos imaginarios para no aburrirse. Es como mi Wilson, solo que no es un balón ensangrentado. Yo lo quise ayudar, decirle el camino que debía de seguir, pero cuando un personaje está bien desarrollado, no lo puedes obligar, se sentiría forzada la historia; así que lo dejaré que se complique con Grizel y con Liliana, mi Andrea y mi Lola.
                Chale, qué pendejo fui al dejar a Andrea irse. Ella estoy seguro que hubiera sido perfecta, o muy parecida a lo perfecto. La conocí a los diecisiete, cuando estaba más idiota que ahora; un chat de no sé qué pendejada, y de repente todos a quejarse de sus madres, cuando yo empecé a quejarme de la mía, ella me dijo que la entendiera, que le diera un masaje y que así iba a ver cómo cambiaba, jajaja. Claro que sí; que no mame. Que ella le dé mansaje a la suya, le lleve café, té, galletas, leche con chocolate y hasta champurrado si quiere. A mí que me deje estar tranquilo con mis pedos; más o menos eso es lo que pensaba en esos momentos, pero aun así, como era la única en el chat casi de mi edad, decidimos cambiar correos.
                Quién sabe de qué tanto hablábamos. Pero sé que eran horas de andar chateando, mandándonos mails y de alguna forma coqueteándonos. Recuerdo que le contaba de mi relación con Karla, y siempre se le notaban los celos, la insultaba; yo le decía que le bajara de wevos, que no se pusiera tan pendeja. No, eso fue después.
                Antes, cuando no había pedo de Karla, hablábamos de libros, le gustaba leer, le gustaba la filosofía, sí, ya me acordé. Hasta sentía que la muy cabrona estaba queriendo competir conmigo porque le gustaban las mismas cosas. Cuando le dije que estudiaría Filosofía, ella me dijo que también; cuando pasó el tiempo y dije que me cambiaría a estudiar Creación Literaria, ella hizo lo mismo. Hasta quería venirse a estudiar acá. Ojalá lo hubiera hecho antes.
                Cómo nos divertíamos platicando de nada, o si no, en los peores tiempos donde yo no tenía internet, esperábamos una vez a la semana, yo iba a algún café internet para leer y responder sus mails. Desde los problemas en nuestras casas, hasta los días de escuela. Lo que fuera. Nos conectábamos a video llamadas para hablarnos y saz, como si Cupido me trajera en jaque, termino dando las nalgas por ella. Pero bueno, yo en ese entonces no tenía novia, ni había tenido, seguramente hubiera dado las nalgas por cualquiera, así de fácil me dejaba querer, moviendo la cola como perro a quien me mostrara algo de afecto (y estuviera guapa).
                Una vez vino a la capital, me avisó de repente.
                —Mario, vine con mi papá a una exposición de estomatología. Voy a estar en el World Trade Center todo el día, ¿nos vemos?
                ¡Pues cómo chingados no! Tantas ganas que le traía a sus labios, bien definidos, a sus ojos ligeramente rasgados. Sentía que ya tenía novia, pero a la vez maldecía mi puta suerte para conseguirme a una que vivía hasta la chingada. Que pasara lo que tuviera que pasar. En ese momento lo único que tenía en la cabeza, era mandar a la verga cuantas clases se podían para llegar al centro de convenciones y ver qué podía sacarle.
                Ahí estaba Andrea, esperándome en la entrada de la exposición, con un pantalón de mezclilla y una sudadera rosa. Me sonreía y yo empezaba a sentir las patas como deshuesadas. Platicábamos de lo que era vivir en la ciudad y lo que era vivir en su rancho de San Luis, porque para ella todo lo que no fuera el Distrito, era un rancho.
Veíamos los diferentes stands, y conseguimos cepillos y pasta dental gratis. Era como una señal del destino que me decía: “órale cabrón, a lavarse el hocico para que la beses a gusto”. Pero por más que intentaba darle las indirectas, ella no se dejaba, por el contrario sí me permitía abrazarla; pero quién chingados se conforma con un puto abrazo cuando tiene una tarde para ver a la chica que lo trae babeando las alfombras y hacer algo más.
                Pero no se dejó. Por más que intenté, la desgraciada no se dejó. Perra, por no haber sido perra. Fuera de eso, pues no estuvo tan jodido, salvo por el final; habíamos intercambiado cositas especiales, yo le di un collar con una especie de cruz gótica con una piedra roja en el centro y ella unos pasadores, pero de beso nada. Incluso casi para despedirnos, cuando yo llevaba cargando como ocho bolsas de mierdas que ni siquiera eran para mí, tampoco me regaló uno. Por el contrario, su papá le habló por teléfono, le dijo que ya iba a pasar su tío por ellos y así, como si me metiera una patada en los wevos, me despachó diciendo que me fuera porque venía su tío y no quería que nos viera. Doblemente perra, ni beso y me trató como caca.
                Cuando hablé con ella por mail, me dijo que nunca me había mandado al carajo con esa intención, pero que lo del beso ella también quería darme uno; puta madre, por qué no me lo diste entonces, me quedé pensando; dijo que no podía darme un beso porque no éramos novios. Carajo, triplemente perra y amarrada. Pero igual seguimos hablando por mail, hasta que yo empecé a andar con Karla, ella se empezó a encelar y, un buen día, me cansé de los insultos para Karla. A mí, por el contrario, me elogiaba mucho y me armé de wevos para insultarla, fue la primera mujer que insulté, pero ella ya me tenía tan harto de que le dijera a Karla naquita y pendeja, que le tuve que decir lo suyo.
                —A ver, Andy, si es una naquita, o pendeja, es mi pedo, déjame en paz, ando con ella. Por lo menos es más de lo que te puedes encontrar allá. Los pinches weyes que me platicas, son unos pendejos que se creen mucho porque saben quién es Carlos Cuauhtémoc Sánchez; pero allá no te encuentras a ningún cabrón como yo. Pendejos a la vuelta de la esquina abundan, así que suerte con los tuyos.
                —¿Y crees que un pendejo como tú que es peor que un perro, o que la mierda de un perro, es mejor que ellos?
                —Tal vez. Por lo menos yo no tuve que compararte ofensivamente para decirte las cosas, así que piénsalo tú.
                A la chingada como durante dos años. No sirvieron de nada todas esas llamadas por teléfono casi diario, ni los juegos de besos, abrazos y demás, ni siquiera que me hiciera cantarle canciones pendejas de pop meloso en español mientras hablábamos de larga distancia. A la chingada bien y bonito, con todo y nuestros planes ilusorios de una vida juntos. Andrea era demasiado cobarde para hacer cualquier cosa: le compré la guía para el examen de admisión que no hizo, le investigué sobre la escuela en la que estaba yo, ya hasta había convencido a mi mamá para que la adoptara como hija y se viniera a estudiar acá. A wevo, a cometer incesto cada que se pudiera con mi nueva hermanastra. Pero no, puras mamadas de su parte.
                Después me arrepentí, pese a todo, era buena onda la hija de la chingada, pero rencorosa como mi tío y mi abuela, no me contestó ningún mensaje para tratar de llevar las cosas tranquilas. Pero me buscó así de la nada, cuando apenas estaba conociendo a Lola, me dijo un día en el Face: “estoy aquí”. Qué pedo, atrás de mí o dónde. Pero no me dijo nada más hasta medio año después que se dignó a platicarme con más detalle.
                Al parecer estaba en el Distrito, había entrado a estudiar a casa Lamm. Llevaba un año y medio, o dos, aquí. Lástima por ella, lástima por mí, yo estaba con Lola, y estaba bien, sin intención de cambiar nada por nadie, y menos con ella que era tan pinche necia, más pinche necia que yo.
                Pero medio año más con Lola, y las cosas empezaban a verse diferentes. Pinche Lola, todo el tiempo pensando que le ponía el cuerno con alguien, hasta llegaba a olerme la ropa cuando me iba a dormir; la descubrí esculcándome los papelitos que tenía en las bolsas para ver si me encontraba algo, y cuando me descuidaba, también el celular. Me quería tener tan controlado que hasta me acompañaba a ver a mi mamá para que no me fuera a ningún otro lugar. Por eso terminamos esa ocasión. Ya estaba harto, hasta la puta madre porque no estaba haciéndole nada. Salvo haber visto a Lucía cuando llevábamos poco tiempo  de salir, y eso no se lo había confesado nunca. Por si fuera poco todo el tiempo estaba quejándose de que su mamá la presionaba para que regresara a casa porque se había ido sin terminar siquiera una carrera y no tenía nada en qué pararse, y como yo tampoco la tenía, aunque ganara más de dos mil pesos semanales en el bar, era visto como un pobre diablo, un señor que le había lavado el coco a su princesita, un meserito con el que tendría hijos meseritos. Así que órale, mejor a chingar a su madre, literalmente hablando. Y le dije a Andrea que nos viéramos.
                Ese día paseamos un rato. La invité a la casa, y aproveché que Lola aún no se llevaba sus cosas para decirle a Andrea que aún estaba con ella; ya sabía la forma en la que chingaban a su madre las cosas cuando las formalizábamos, y con ella había que ser muy precavido; un paso en falso y adiós Andrea durante medio año.
                Estuvimos saliendo durante dos semanas, iba, la veía, platicábamos; daban las altas horas de la noche y me regresaba a casa, siempre con los ojos entre pacheco y ebrio por tantos besos y abrazos, y ella siempre intentando que formalizáramos la relación; casi lo logra cuando me dijo que el universo confabulaba a nuestro favor para que por fin estuviéramos juntos. Incluso me aclaró el incidente con su tío, años atrás. Dijo que eso lo había hecho pensando en que quería venirse a estudiar acá, pero que si me veía ahí ese día, seguramente su tío terminaría convenciendo a sus papás de que no la dejaran venirse a vivir; si hasta su mamá le dijo que no quería que me buscara. Pinche mala suegra, aún se acordaba de que le había dicho que Andrea y yo nos queríamos casar. Pero no pudo convencerme para que diera las nalgas como tres años atrás.
                Incluso antes de irse a pasar las vacaciones con sus padres, fuimos al hotel, queríamos dormir juntos, pero como suele pasar en todo el mundo, terminamos más calientes que somnolientos. Al menos al principio. Porque después, me di cuenta de que realmente me gustaba esa mujer y que no me interesaba tanto sexualmente, yo quería amor, quería que me asfixiara entre su abundante melena negra, y después también quería que me dejara respirar porque sí me asfixiaba, quería que me abrazara entre su pecho desnudo. Y después tal vez, quería coger. Pero creo que mi cuerpo está en mi contra, otra vez no se me paró, hijo de puta. Y cuando lo logré, me pasó lo contrario de Lucía, Andrea estaba muy estrecha, el miedo de lastimarla porque no entraba, hizo que mi verga, valiera verga. Puta madre, putos fracasos conmigo, puto pito traidor. Pero no todo estuvo perdido, la parte del amor y las cucarachas voladoras en el estómago estuvieron chingonas. Me volví un puto cursi, y andaba suspire y suspire.
                Pero ni madres, ni aun así iba a caer en el juego tramposo de tener una relación, y menos cuando no había podido terminar de tajo con Lola que seguía en el bar los fines de semana por el trabajo y donde se esforzaba porque regresáramos. Me coqueteaba y yo le regresaba los coqueteos, a veces creo que estábamos mejor que cuando andábamos de verdad. Lo único malo es que ella insistía en que le contara lo que hacía y si veía alguien más.
                Eso es masoquismo, no se le puede llamar de otra forma a esa mamada. Nadie en su sano juicio quiere saber si alguien a quien quieres, se anda chingando a otra persona, ni siquiera si se anda besando. Pero ahí estaba Lola, como pinche burra necia queriendo saber todo, hasta los calzones que usaba Andrea. Y ahí está el pendejo de Mario, contándole las cosas. Quizá Lola tenía razón, no había por qué sentirse mal por eso. No andábamos en ese momento, yo si quería podía hacer de mi culo un papalote, o un estuche para lápices.
                Andrea se fue con sus papás para pasar las fechas decembrinas, yo seguí conviviendo con Lola en el bar, y mientras más convivía, más me volvía a sentir atraído por ella. Pinche Lola, te odio, te odio, carajo, esa hubiera sido una ocasión perfecta para que te fueras a pelar los pitos que quisieras; pero no, ahí estaba con todo el puto reino animal en la panza, o una buena infección estomacal pensando en Lola, disfrutando esos dos días a la semana que Andrea me quería cortar, que me exigía cortar.
                Me agarré las bolas lo más fuerte posible y decidí que lo mejor era mandar todo a chingar a su madre. Quizá Andrea tenía razón y el universo confabulaba en nuestro favor, así que adiós Lola.
                Hicimos el amor una vez más, al terminar sabíamos que lo mejor era darnos espacio y mientras yo iba por un chocolate para ella, ella se iba lejos; poco a poco se iría llevando sus cosas, los días o las horas en las que yo no anduviera en la casa, para evitar vernos.
                Me hablaba con Andrea, pero sobre todo me mensajeaba, “Honey, lobiu” es como se despedía en sus mensajes. Tal vez había tomado la mejor decisión. Ya le había hecho caso a sus demandas. Sin embargo, ella no era capaz de hacer nada. No nos mensajeábamos más porque su mamá la regañaba por estar todo el tiempo en el celular, no me dejó irla a visitar porque ella quería que la visitara como su novio, y no como un conocido, y en ese momento no podía ser de otra forma la presentación . No me podía ir a ver a la capital de su rancho, porque según ella, andaban cortando cabezas y no quería que me decapitaran; pura mierda, tras mierda, tras mierda; pretexto más pretexto. Sin embargo aguanté un rato, un par de días más, a su vez veía lo que estaba teniendo con Lola. Lo dejé al azar, aunque en el fondo sabía lo que pasaría: le diría a Andrea que se regresara antes de con sus papás, si no, pues a la chingada.
                —No honey, es que entiéndeme, yo no puedo hacer lo que se me dé la gana, tú porque vives solo y no dependes de tus papás.
                —No te estoy pidiendo que te cases, nada más que te vengas una semana antes.
                —No, sweety, no puedo hacer eso, en serio.
                —¿Sabes qué, Andy? Haz lo que se te dé la gana.
                A la chingada con esto, ya sabía que pasaría así. Ojalá alguien me hubiera avisado de lo que podría pasar. Pero soy tan pinche necio que de seguro, igual que al pendejo de Marco “me ganó el amor”, en el fondo yo hice que se cagara esa relación porque lo que quería era estar con Lola. Quizá si le diera unos toques en lo wevos, lo convencería de que mandara a la verga a Liliana, pero no se puede. Uno está condenado a su destino porque está condenado a ser uno mismo.     

jueves, 18 de julio de 2013

Venganza (a ella).

Yo te maté ayer. Aún estabas conmigo, con una calidez imaginaria, y una compañía imaginaria, y una sonrisa imaginaria. Estabas en mi cama, como lo habías estado la mayoría de las noches en las que eras de piel y huesos, o en las que eras solo de humo y cenizas. Yo te maté ayer, te abrazaba y me preguntabas por qué iba a hacerlo. Que te habías ido, que ella se había ido, pero que tú no lo harías. Que tú estarías a mi lado todo el tiempo que yo quisiera, todo el tiempo que siguiera amándote; me prometiste que no te irías, ¡me prometiste que no te irías!, como me lo prometió ella cuando aún estaba, como me prometió que no me haría daño, o que envejeceríamos para echar carreritas en sillas de ruedas. Te abracé, me abracé a tu cuerpo cálido, y te dije: lo siento. Saqué aquella pistola debajo de la almohada, esa pistola de mis sueños, y te metí una bala en la cabeza. Te busqué por todos mis recuerdos, por todos los rincones de la casa, una y otra y otra y otra vez; para matar a cada una de las tú que quedaban conmigo. Te busqué por todas las playas que conocimos para seguirte asesinando, por todas las carreteras, por todas las peleas los chistes las sonrisas las carcajadas, las madrugadas eternas que cambiaban a mañanas con la luz, los semáforos, los berrinches, los almohadazos, los celos, los engaños, las llamadas por teléfono en las que te quedabas dormida, los abrazos en el camellón donde, también, te quedabas dormida. Puta madre, te maté cada una de las veces que hicimos el amor (hasta la última, la penúltima, la primera), y por todos los lugares que lo hicimos; te maté tantas veces como pude hacerlo, hasta que ya no aparecías en ningún recuerdo; hasta que ya no apareciste en ninguna esperanza del futuro. Te maté hasta que dejaste de hablarme, hasta que las cobijas dejaron de ser tu cuerpo y volvieron a ser cobijas. Te maté tan bien, me doy cuenta, que ahora te extraño como la chingada, como si realmente ya no te tuviera; como si te extrañara por primera vez.

sábado, 13 de julio de 2013

CAPÍTULO 4



Les dejo, como regalo de mi cumpleaños, este capítulo. La próxima semana (como lo iba a hacer) colgaré los dos capítulos extra.

 

4. Febrero loco y marzo no tanto (afortunadamente).




Después de tres meses de locura, entre que sí y que no me quiere, por fin algo de cordura: lleva cuatro días viviendo conmigo, se le alocó; la convencimos de que lo peor que podría pasar es que las cosas no salieran tan chido y se regresara a su casa. A sus papás les dice que está quedándose con una amiga porque le queda más cerca de la escuela. Al menos es lo que acabo de escuchar que decía por teléfono. Algún día, en algún momento, les tendrá que decir que no la aceptaron. Pero ambos nos sentimos tan bien juntos. Despertar uno a lado del otro. Al menos es más fácil con este nuevo trabajo 'chale, no duramos ni dos meses en el otro'. Pero de seguro nos dará más tiempo para escribir; entramos a las cuatro de la tarde, incluso tengo tiempo de ir a la escuela en las mañanas. Nah, mentira, las mañanas son nuestras para pasarlas con Liliana, al medio día, tal vez, ya empezamos a carburar mejor… Me encanta hacer el amor con ella, el colchón vuela del piso, temo que un día los vecinos vendrán a reclamarnos por tanto ruido, o se caerá el suelo en los de abajo de tanto que brinca el colchón; pero es tan rico, y yo cada vez que cierro los ojos mientras lo hacemos veo circulitos de colores. Un color a la vez, un color por ocasión. Pero eso no es lo mejor. Me arranca suspiros a cada rato, verla dormida y que me conteste los besos tronados; o cómo me agarra de la mano y se aferra a ella, entonces a recostarme a su lado y acariciarle el pelo con la mano que me deja libre. Ya colgó.
                —Lilu, un día no te van a creer que estás con tu amiga.
                —Pues ya ni modo, les tendré que decir, pero es que yo quiero estar contigo, me encanta cómo hueles en las mañanas, no puedo despegarme de tu lado.
                Me hace cosquillas cuando empieza a olfatearme en el cuello y el pecho. Y después cuando se frota contra mí como si fuera gato… qué linda mirada. Aunque su cuerpo tenga una contorsión extraña, su sonrisa de niña chiquita me jala a mí una.
                —Mar, ya se te respondió una de las dudas del poema que me diste cuando empezábamos a salir.
                —¿Qué duda?
                —Qué se sentirá dormir a mi lado. ¿Te gusta?
                Dí, me guta mudcho.
                —¡Aaww, mi vida! Te amo.
                —Oh, qué linda, ¿por qué te tapas la boca? Yo también te amo.
                —¿Y por qué no me lo habías dicho?
                —No sé, me daba penita, ¿además qué tal si tú no sentías lo mismo?
                —No Mar, así no se vale. Tú eres el que tenía que decirlo primero.
                —¿Cuenta si lo pensé primero?
                —No. Eres un cruel.
                —Bueno, ya. Te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo. Ya, de todas las veces que te lo tenía que haber dicho antes.
                —Jajajaja, bueno, yo te quiero a madres.
                —No, no mames, Lilu, ¿otra vez vas a quererme menos?
                —Bueno te quie… tecito.
     ¬.¬ Liliana. No mames.
                —Ay Mar, no aguantas nada.
                —Pues no, me dejaste traumado con tu, lunes: te quiero. Martes: te quiero mucho. Miércoles: te quiero. Jueves: te quiero a madres. Viernes, ya no sé si te quiero.
                —Jajaja, tampoco es para tanto.
                —¡Híjole, qué mentirosa!, si hasta te estoy haciendo quedar bien, porque en lugar de lunes, martes, miércoles, era: mañana, mediodía, tarde noche. Jajaja.
                —Eres un tonto.
                Y ahora sácale la lengua y hazle una trompetilla. Jajaja, su cara de puchero. Mandémosle un beso, yyyyy, ahí viene el beso de vuelta. Muacckkksss. Jajajaja.
                —Oye, amor.
                —¿Qué?
                —¿Me ayudas a estudiar para poder hacer el otro examen y ver si ahora sí me quedo?
                —Sí, preciosa. Y si quieres también puedes meter solicitud en mi uni, no hace examen, es por sorteo, y a lo mejor alguna carrera te llama la atención, o la mía de Creación Literaria, ahí te pueden enseñar cosas relacionadas con el teatro, hay clases de Dramaturgia, Guion, y no sé qué cosas.
                —No sé, es que quiero estudiar teatro teatro. Eso es lo mío, me encanta, lo amo. Aunque me gusta más dirigir que actuar. En mi clase de dirección en el CEDART me felicitaron. Fui la única que se aventó a dirigir a maestros, dirigí a mi amigo Roberto que nos enseñaba malabar y a Brisa que nos daba corporal. Así aun estando en silla de ruedas y con el collarín y todo.
                —¿Fue en la época de tu accidente?
                —Sí, por esas fechas. Y ya, mis amigos me abandonaron con mi proyecto y tuve que hacerlo sola porque no les parecía, y no sé qué madres y por eso les pedí a ellos dos que me ayudaran. Hice todo un libreto sin diálogos, puras acciones guiadas con la música, porque en el teatro es muy importante el movimiento que luego puede decir más que las palabras. A todos les encantó.
                —Guau, si yo sabía que tenía una novia chingona.
                —¡Pues a wevo!
                —Jajaja, eres una vulgar.
                Nel, nel, nel, manto, así vulgar, lo que se dice vulgar, pos sí, a veces, la neta, jajajaja.
                Qué divertido me la paso con esta chica. De todo nos andamos riendo, hasta parecemos locos. Está tan rico, así encuerados, sentados en la cama, cagándonos de la risa. Puta. Si no fuera porque tengo que trabajar, me la pasaría todo el día con ella, a ver qué haciendo.
                —Pero oye, Mar, ¿por qué dejaste fiolos?
                —¿Fiolos?, no, yo dejé Filos. Y la dejé porque no pude con las dos, lo intenté un semestre, pero no mames, me despertaba a las seis de la mañana para ir a Creación, y de ahí me iba a las doce a Filos, me dormía una o dos horas en las Islas de CU, y vámonos a las clases, hasta las nueve de la noche. Pero ese no era el pedo. El pedo era que lecturas por aquí, lecturas por allá, y escribir por los dos lados. Y luego el pedo más grande es que las lecturas de Filos estaban más complicadas, tenía que releer el texto varias veces, y me harté, además yo me metí a Filos para escribir, y pues en Creación es lo que hago. Aunque mi asesora me dice que deje el ciclo básico y que me meta de una vez al ciclo superior.
                —¿Y hay alguna chica que te guste ahí en la escuela?
                —(Pregunta tramposa. Maniobra evasiva) Lilu, ¿por qué sacas eso?
                —Es que no me parezco a Karina, y me da miedo que un día me cambies por una chica como ella, o que regreses, que aparezca en al bar te salude, y te vayas.
                —(Trampa evadida) Lilu, amor, yo quiero estar contigo.
                —Mar, contéstame, no me cambies el tema.
                —No Lilu, no me gusta ninguna chica de la escuela (No, no lo hagas, cállate, suficiente, en serio, déjalo ahí). En Filos conocí a una que fue mi musa, pero no la veo desde una semana después de terminar con Karina.
                —¿Y le escribías cosas más bonitas que a mí?
                —(Puta madre, estamos caminando por terreno peligroso. Respira, piensa) Voy por un cigarro.
Muy bien, así ganamos unos segundos. Qué le podemos contar y qué no… 'pues chingue su madre, ¿qué tiene de malo decir la verdad?'. Que después nos lo va a reclamar.
—¿Para qué quieres que te cuente amor?, luego vas a reclamármelo.
                —No, Mar, no tendría por qué hacerlo, eso ya fue, ¿no?
                —(Con cuidado, cualquier pregunta es una mina) Pues sí, ella nunca quiso nada conmigo.
                —¿Entonces por qué le escribías?
                —No sé, estaba loca. Peor que tú, pero a ella no la aguanté lo que a ti y también cambié de escuela y pues la dejé de ver tanto. Yo creo que ella ayudó a que siguiera intentándolo contigo, ella me preparó para tu bipolaridad. Y pues tal vez por ese afán de lograr que fuera algo mío es que le escribí tanto.
                —O sea que a mí ya no me vas a escribir porque ya estoy contigo.
—No es eso, lo que pasa es que solo me sale, escribo porque de repente un día tengo ganas y ya. Generalmente escribo cuando estoy enamorado.
                —Entonces de ella estabas enamorado.
                —(Puta, ya pisamos una mina, a ver si solo fue un raspón o ya me chingué una pierna) Pues me gustaba, ha sido mi amor platónico.
                —O sea que todavía sientes algo por ella. Yo pensé que me tenía que preocupar de Karina, pero creo que me tengo que preocupar más de esta chica.
                —(Chingó a su madre. Pisé otra y creo que ya me chingué las dos piernas) Tranquila Lilu. Dijiste que no me ibas a reclamar (ni modo, juego sucio, igual que ella).
(…)
                Ahora ya llevamos dos horas sin hablar, ni me invitó a bañarme con ella, no sé si sea porque ya se resignó a que no soporto el agua caliente, o de plano, lo más seguro, sigue molesta conmigo. Chale ojalá pudiera hacer algo para calmarla, quedarme con ella y darle un masaje o algo, quizá en la noche, ahorita me tengo que ir a trabajar. No me gusta estar peleado, ojalá se le pase rápido.
—Ya me voy, amor, nos vemos en la noche.
Está toda seria. Ni nos voltea a ver, está viendo la tele.
                —Hoy no, voy con mis papás.
                —¿Qué tienes?
                —Nada.
                —¿Segura?
                —Sí, estoy bien.
                —Liliana, dime.
                —No pasa nada, Marco.
                —Ok, amor, como tú quieras, con cuidado. Te amo.
                —¿Ya te vas?
                —Sí, ya es tarde para ir a trabajar.
                —¿A trabajar?
                —Sí, Liliana, puedes ir al bar cuando quieras para que veas a quién me estoy cogiendo.
                —Eres un imbécil.
                —Lo sé, pero si vas, no olvides llevar tu IFE si no, no te dejan pasar.     
                —Ok.
                —Te amo.
                —Sí.