No te engañes. No estoy pidiendo la segunda (tercera, cuarta, décima o centésima) oportunidad. Tú dejaste de ser en el momento en que te fuiste; en aquel instante que abdicaste de tu nombre, aquel nombre, con el que te conocí. Yo no te quiero de vuelta, yo no te quiero a ti. Yo quiero a aquella que fue y, que el tiempo, ha marcado (con hierro incandescente) en la memoria de quien no volverás a ser. No te engañes: yo no te pido a ti, pido a ella, la que bautizada con un bisílabo de fonemas repetidos, se marchó.
No te engañes, tú te fuiste, y extraño aquella que se marchó con ese bisílabo con el que me nombró: Go, go... no te engañes, tú te fuiste; y al hacerlo, se marchó ese que había sido yo. Go, go, me dijiste; y yo acepté, diciendo con la voz de un niño: Dí, dí.
Ociosilandia, actualmente es un blog donde publicaré ideas y alguna que otra reseña o yo qué se. Lo único que quiero aclarar es que los textos literarios se han trasladado a las siguientes páginas y allí seguirán siendo publicados los nuevos escritos: http://www.liibook.com/usuarios.php?ID=11930 **** http://wattpad.com/Marcojp **** http://es.scribd.com/Marcojp **** http://issuu.com/marcojuarez4
lunes, 17 de febrero de 2014
Explicación
Hidden track
No sé, no creo que sea la incertidumbre; en realidad no hay incertidumbre, hay certezas, la certeza de que no estás. Así, a secas, tan real como el mundo dando vueltas después del segundo vaso bien servido de ron. Así, a secas, a duras penas, a duras realidades, a duras certezas. Ahora me pregunto si alguna vez estuviste; si realmente existías, y no se trató solo de una extraña fantasía que construí por más de dos años. A veces pienso que no estabas, que yo dormí durante más de dos años a solas en una cama individual, que yo era el que roncaba y me despertaba con mis mismos ronquidos, que yo mismo estaba harto de mí y me quería aventar de la cama cada vez que roncaba, pero en lugar de verme a mí, te veía a ti.
Estabas ahí. Yo te recuerdo. Eras una sombra con cabellos dorados y piel clara, y ojos verdes que cuando lloraban, más que verdes parecían grises. Yo te veía ahí, no era mi reflejo en aquel pequeño espejo, con la imagen distorsionada de unas encías grandes, y unas entradas más pronunciadas que las mías. Yo te acuerdo, yo me acuerdo, yo te conocí, aunque ahora no quede más que una sombra, una sombra que me acompañó en viajes que no puedo volver a hacer. Una sombra que me decía a ratos, a veces en la mañana o en la tarde: te amo. Una sombra que me mandaba un mensaje de buenos días, cuando no despertaba a mi lado. Una sombra, quizá la mía, o quizá, en realidad era yo la sombra. Una sombra tuya, seguramente eso es lo que soy, soy una sombra de tus manos, en una noche ociosa de velas o veladoras mientras la luz regresa, donde cuentas a alguien la historia de una sombra que era tuya, y que abandonaste en algún lugar que ya no recuerdas (o no quieres recordar)... mientras lo arrullas, y lo abrazas, y lo asombras, con esta historia de sombras, donde a mí, no me recuerdas, donde a mí ya no me nombras. Y lo besas en la frente, y lo besas en los labios, y con un suspiro que no parece más suspiro, apagas la vela, y me apagas, y me olvidas; así, a secas; mientras le dices: te amo.
Edel Juárez – Mientras dure
Estabas ahí. Yo te recuerdo. Eras una sombra con cabellos dorados y piel clara, y ojos verdes que cuando lloraban, más que verdes parecían grises. Yo te veía ahí, no era mi reflejo en aquel pequeño espejo, con la imagen distorsionada de unas encías grandes, y unas entradas más pronunciadas que las mías. Yo te acuerdo, yo me acuerdo, yo te conocí, aunque ahora no quede más que una sombra, una sombra que me acompañó en viajes que no puedo volver a hacer. Una sombra que me decía a ratos, a veces en la mañana o en la tarde: te amo. Una sombra que me mandaba un mensaje de buenos días, cuando no despertaba a mi lado. Una sombra, quizá la mía, o quizá, en realidad era yo la sombra. Una sombra tuya, seguramente eso es lo que soy, soy una sombra de tus manos, en una noche ociosa de velas o veladoras mientras la luz regresa, donde cuentas a alguien la historia de una sombra que era tuya, y que abandonaste en algún lugar que ya no recuerdas (o no quieres recordar)... mientras lo arrullas, y lo abrazas, y lo asombras, con esta historia de sombras, donde a mí, no me recuerdas, donde a mí ya no me nombras. Y lo besas en la frente, y lo besas en los labios, y con un suspiro que no parece más suspiro, apagas la vela, y me apagas, y me olvidas; así, a secas; mientras le dices: te amo.
Edel Juárez – Mientras dure
Un poema que se cuela
No cabe duda de que la mejor musa, es una serie de enlaces químicos a los que bautizaron al alcohol. Brandy, Vodka, Wishky o (mi favorito) Ron.
Vuelves y te vas
entre las conchas de ostras viejas
(sin perlas;
las robaron)
y cartuchos de dinamita que se cebaron
entre miradas vidriosas
entre escupitajos secos
vienes y te vas
entre sueños
entre pesadillas
entre la orden de tacos
(dos de pastor, tres de tripa...
harta salsa, por favor)
En el buró hay dos pastillas
(que alientan abstenerse de ser ingeridas con alcohol)
de color blanco
como velos
y vestidos
o vestiduras
de satín y madera
en la ventana
cuatro pisos para un suelo
a 9.8 mts sobre segundo al cuadrado
ergo
un buen madrazo
quizá la muerte
quizá una contusión lisiadora
incertidumbre
un tedio
un cigarro
un tintero
posponer un futuro
que nos alcanza
tal vez mañana
tal vez mañana
una bocanada
de aire
de humo
tal vez mañana
un trago de ron
que confirma
tal vez mañana
Vuelves y te vas
entre las conchas de ostras viejas
(sin perlas;
las robaron)
y cartuchos de dinamita que se cebaron
entre miradas vidriosas
entre escupitajos secos
vienes y te vas
entre sueños
entre pesadillas
entre la orden de tacos
(dos de pastor, tres de tripa...
harta salsa, por favor)
En el buró hay dos pastillas
(que alientan abstenerse de ser ingeridas con alcohol)
de color blanco
como velos
y vestidos
o vestiduras
de satín y madera
en la ventana
cuatro pisos para un suelo
a 9.8 mts sobre segundo al cuadrado
ergo
un buen madrazo
quizá la muerte
quizá una contusión lisiadora
incertidumbre
un tedio
un cigarro
un tintero
posponer un futuro
que nos alcanza
tal vez mañana
tal vez mañana
una bocanada
de aire
de humo
tal vez mañana
un trago de ron
que confirma
tal vez mañana
miércoles, 12 de febrero de 2014
Intento fallido
Últimamente no tengo mucho tiempo, sin embargo, siempre existe la manera de encontrar un descanso para ponerse a pensar en todo lo que debería estar haciendo en lugar de cualquier otra cosa que haga... lo sé, suena raro. Pero no es porque esté mal escrito; según lo que he podido constatar últimamente, soy una de las personas que mejor manejan el lenguaje (según comentarios de otras personas que, precisamente, tienen como trabajo: el lenguaje). Tiene que ver con una suerte de juegos que hago a la hora de escribir. Pero bueno, nada de eso compete a esta entrada, solo quizá la primera parte; y es que en verdad no tengo mucho tiempo, ando constantemente saturado por diversas cuestiones que no necesariamente tienen una relación directa con escribir (tal vez por eso es que estoy permitiéndome hacer esto, pues crear una entrada es escribir). Lo más extraño de todo, es cómo pese a todo lo demás que me come el tiempo, mi cabeza siempre encuentra espacio para divagar, puedo estar a medio camino rumbo al metro y voy divagando a pasos, o también divago entre bocados... divagar, divagar y recordar. Soy un ente que vive en su cabeza la mayor parte del tiempo, cuando estoy a solas, el ruido que más constantemente sale de mí es una sonora carcajada. Supongo que por eso es que puedo escribir tan bien: el ser humano siempre ha tenido la necesidad de expresarse, mi deficiencia e incapacidad para expresarme oralmente, ha hecho que pueda hacerlo de mejor manera cuando escribo. Y sí, escribo, ¿pero y luego qué?, ¿qué hago, qué más hago? Me hago bolita, me acuesto en piso, y como decía mi fallecido tío, me cubro los huevos y la cara. Así, en esa posición (metafórica), me sigo transitando la vida (o me sigue transitando a mí, porque luego se siente como si pasara por encima y reventara una o diez costillas); en realidad no me disgusta, es muy agradable pero... ¿funcional? A veces, claro que sí, porque con mis amigos puedo hablar a la perfección, o quedarme perfectamente callado...
Hay algo, sin embargo, siempre hay algo que me molesta... y aunque intuyo que lo sé sin empacho, parece que tengo miedo de eso que ni siquiera sé qué es. Me doy cuenta de que está ahí escondido porque quisiera decirlo (quería decirlo aquí, para ver si mi problema no se relacionaba con el Facebook) pero no puedo, y lo siento ahí, tal como se siente cuando un barro te va a salir, y aunque no lo veas, sabes que está. Supongo que con todo y ese conocimiento, no me queda más que esperar a que salga y reviente. Ya sea solito, o con un buen pellizco; solo espero que salga ya. El mutismo y la autocensura son de las pocas cosas que no sirven para ser escritor...
Hay algo, sin embargo, siempre hay algo que me molesta... y aunque intuyo que lo sé sin empacho, parece que tengo miedo de eso que ni siquiera sé qué es. Me doy cuenta de que está ahí escondido porque quisiera decirlo (quería decirlo aquí, para ver si mi problema no se relacionaba con el Facebook) pero no puedo, y lo siento ahí, tal como se siente cuando un barro te va a salir, y aunque no lo veas, sabes que está. Supongo que con todo y ese conocimiento, no me queda más que esperar a que salga y reviente. Ya sea solito, o con un buen pellizco; solo espero que salga ya. El mutismo y la autocensura son de las pocas cosas que no sirven para ser escritor...
viernes, 17 de enero de 2014
Otro fragmento aleatorio de novela
Desde hace unos tres o cuatro meses, estoy construyendo una novela de la que no tengo más que un capítulo, poco a poco, se me aparecen partes de esa historia y las escribo, quizá algún día se vuelvan parte del texto, no lo sé, lo que sí sé es que me muestran la vida de esos personajes que estoy tratando de escribir. Aquí dejo otro fragmento aleatorio de esa novela; lo más odioso, es que estoy trabajando en otra y me da ideas para esta que ya tenía varias semanas abandonada, detesto no poder terminar ninguna de las dos...
¿Realmente Lilith se había ido? ¿Había desaparecido entre humo y cenizas de mundo oníricos, tal como cuando llegó? Durante una decena de meses creyó había vuelto a los trocitos de olvido en los que se le alojaban algunos sueños que durante un tiempo fueron repetitivos, y después de mucho ignorarlos, decidían ignorarlo a él.
Había tantas y tan constantes dudas, que así lo sentía, como una especie de sombra que manchaba un claro soleado. Cuando estuvo por cumplir el año ni siquiera la recordaba, había aprendido a vivir tirándose de a loco al punto de que él mismo se había cansado de intentar hablarle.
Las señales también dejaron de aparecer. No había más lunas que mostraban su nombre burlón en el cielo no-estrellado de la noche citadina. Así como también el tono de su voz, se había vuelto como el de cualquier otra mujer que le alcanzaba los oídos con el aliento cálido, o el eco distante y frío de una plática que no le pertenecía.
Vivía en la oscuridad literal, era la manera de sentirse verdaderamente solo. Las sombras se tragaban su propia sombra, y el espejo no tenía luz que reflejara nada. Ahora dudaba siquiera que existiera un espejo en esa casa de sombras que conocía de memoria y que había medido a pasos.
Pero tampoco era tan drástico como a él le hubiera gustado que en realidad fuera, siempre tenía que salir para comprar algo de comida, solo que ya lo hacía con la mirada abajo, evitando mirar las paredes que en algún momento habían sido testigos de alguna fechoría infantil a las que Lilith lo alentaba, y que a veces, de soslayo, percibía poseedoras de las marcas que le habían dejado.
Un vecino que le llegaba a preguntar sobre ella, la rama de un árbol del que se había colgado para jugar a los piratas y decirle que había tierra a la vista, señalando el supermercado.
Odiaba eso, pero odiaba todavía más el no poder alejarse de esos lugares. Ponía mil y un pretextos, pero en el fondo solo había uno real. Una de esas profecías que tanto quería ignorar, haciéndose el fuerte y desinteresado, pero que no dejaba de susurrarle al oído, cada vez que pensaba marcharse, que Lilith regresaría, y cuando lo hiciera, sería demasiado tarde, y ella terminaría llorándole más de lo que él le había llorado. Movía la cabeza negando y en voz baja se decía orgulloso que él no había llorado. Cuando lo decía, le costaba tragar saliva, y no se trataba de otra cosa más que su cuerpo diciéndole mentiroso, un mal mentiroso que no era capaz de engañarse a sí mismo, un peor mentiroso, que se decía a sí mismo que no tenía por qué hacerlo, si nadie le había preguntado nada.
¿Realmente Lilith se había ido? ¿Había desaparecido entre humo y cenizas de mundo oníricos, tal como cuando llegó? Durante una decena de meses creyó había vuelto a los trocitos de olvido en los que se le alojaban algunos sueños que durante un tiempo fueron repetitivos, y después de mucho ignorarlos, decidían ignorarlo a él.
Había tantas y tan constantes dudas, que así lo sentía, como una especie de sombra que manchaba un claro soleado. Cuando estuvo por cumplir el año ni siquiera la recordaba, había aprendido a vivir tirándose de a loco al punto de que él mismo se había cansado de intentar hablarle.
Las señales también dejaron de aparecer. No había más lunas que mostraban su nombre burlón en el cielo no-estrellado de la noche citadina. Así como también el tono de su voz, se había vuelto como el de cualquier otra mujer que le alcanzaba los oídos con el aliento cálido, o el eco distante y frío de una plática que no le pertenecía.
Vivía en la oscuridad literal, era la manera de sentirse verdaderamente solo. Las sombras se tragaban su propia sombra, y el espejo no tenía luz que reflejara nada. Ahora dudaba siquiera que existiera un espejo en esa casa de sombras que conocía de memoria y que había medido a pasos.
Pero tampoco era tan drástico como a él le hubiera gustado que en realidad fuera, siempre tenía que salir para comprar algo de comida, solo que ya lo hacía con la mirada abajo, evitando mirar las paredes que en algún momento habían sido testigos de alguna fechoría infantil a las que Lilith lo alentaba, y que a veces, de soslayo, percibía poseedoras de las marcas que le habían dejado.
Un vecino que le llegaba a preguntar sobre ella, la rama de un árbol del que se había colgado para jugar a los piratas y decirle que había tierra a la vista, señalando el supermercado.
Odiaba eso, pero odiaba todavía más el no poder alejarse de esos lugares. Ponía mil y un pretextos, pero en el fondo solo había uno real. Una de esas profecías que tanto quería ignorar, haciéndose el fuerte y desinteresado, pero que no dejaba de susurrarle al oído, cada vez que pensaba marcharse, que Lilith regresaría, y cuando lo hiciera, sería demasiado tarde, y ella terminaría llorándole más de lo que él le había llorado. Movía la cabeza negando y en voz baja se decía orgulloso que él no había llorado. Cuando lo decía, le costaba tragar saliva, y no se trataba de otra cosa más que su cuerpo diciéndole mentiroso, un mal mentiroso que no era capaz de engañarse a sí mismo, un peor mentiroso, que se decía a sí mismo que no tenía por qué hacerlo, si nadie le había preguntado nada.
miércoles, 8 de enero de 2014
Poemas apocalípticos (inicio)
Qué si he cambiado, que si me he mermado la esencia? Me da igual, yo lo único que sé es que quiero-tengo que escribir.
I
Primero vino la oscuridad
los gritos
el silencio
Al día siguiente no amaneció
y nuevamente los gritos
y nuevamente el silencio
Los que salieron de casa
no volvieron
caminaron
perdidos
gritaron
se los comió la oscuridad
Silencio
II
Tampoco amaneció
a tientas se buscaban
los unos
los otros
se encontraban
Una madre susurraba
el nombre de su hijo
Lo llamaba con los dedos
con el pensamiento
Con el corazón había callado
lo sabía en el pecho
en el vientre
Dentro de poco lo sabrían las manos
ojos ciegos
que no querían mirar
III
El primer niño salió porque escuchó su nombre
Afuera era un buen día
todo estaba quieto
en la calle los pájaros cantaban
una melodía fúnebre
al otro lado de la calle
el niño seguía escuchando
su nombre
No le cayó una bomba
no encontró una bala
Nadie lo sabe
en ese momento el mundo
guardo
el luto
Silencio.
IV
Algunos se creyeron ciegos
Algunos se creyeron mudos
Los que gritaban estaban plenamente sordos
otros más, en la desesperación
creían que ya no sentían
que la piel se les había marchitado
otros menos, también
desesperados, se arrancaron
los ojos
los que alcanzaron a ver
con una sonrisa
se colgaron
con el rostro ufano
se cortaron el cuello
las venas.
lunes, 6 de enero de 2014
Poemas apocalípticos
Los unos se abrazaban al alcohol
los otros a sus argumentos
explicaciones racionales
dudas
refutaciones
planteamientos
los más alejados no tenían idea alguna
los más mundanos
no paraban de decir
que se le había reventado el culo al mundo
para otros cuantos los rezos
para otros tantos
los besos
y al final
cuando no quedaba nada más en qué creer
ningún quién a quien nombrar
unos veían a dios en un libro
otros en una visión orgásmica
algunos cuantos en el hálito del vaho
yo lo hacía en sus brazos
entre sábanas
que no prometían más certeza
que los calzones puestos por fuera
mientras un niño gritaba
al caer de un sexto piso
que era superman
y él creía
fielmente creía
que lo que hacía era volar
**********
A fuera todo se venía cayendo a pedazos
se escuchaba el cielo romperse en dos
y quizá lo que por ahí alguien podía tachar de trompeta
(otro más loco diría que tocada por un ángel)
(otro más obsesivo corregiría que era un arcángel)
ella en cambio se abrazaba a mí
me pedía que le prometiera que todo estaría bien
yo me convencía de que todo estaría bien
y al final
ambos nos abrazábamos a mentiras
y aunque ambos creíamos
con fervor religioso
cuerpos más
cuerpos menos
no dejaban de ser mentiras
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