No es falta de creatividad, vida mía, es sólo un re-post (del facebook)... ay, así no va la canción, pero Tin Tan me lo perdonaría...
—Estás sufriendo por mi culpa.
—Cálmate, Lilith. Yo soy mi propio infierno. No te sientas tan importante.
Lo había vuelto a hacer. Sin darse cuenta había soltado el golpe y la ponzoña. Ahora, seguramente, Lilith se iría. No lejos, no pasaría de un berrinche y unas lágrimas tiradas por las escaleras. Habría que adivinar si a la azotea o a la calle. Pero esta vez estaba seguro de que no la perseguiría pidiéndole disculpas. A veces la única fuerza para seguir, es la de no tener la fuerza suficiente para dejar de hacerlo. Era su mantra; sin embargo, no le importaba en estos momentos. No tenía ánimos ni apetito de seguir haciendo nada. Si Lilith se iba la dejaría hacerlo, sabía que o había vuelto a perder su juego de llaves y por lo mismo podía dejarla que se marchara a su antojo, seguramente regresaría, pero si no era así, daba lo mismo. Sin embargo Lilith no se fue, al menos no se fue de la casa. Se metió al baño y se encerró. Lo único que dejó tras de sí fue el rastro auditivo de la puerta cerrada con violencia tras de ella. Esa reacción lo enojó más que si se hubiera marchado. Había algo en él que no podía evitar sentir cierto grado de enojo. Se veía a sí mismo poseído por la rabia, llegando al baño y rompiendo la puerta a patadas; todo lo contrario a los embates que había hecho Lilith alguna vez cuando jugaba en el cachodeo donde no había mucho que hacer. Cuando Lilith lo miraba con esos ojos, él sabía que la única salida era correr al baño, atrancar la puerta y gritar fingiendo ayuda. En realidad, a veces no la fingía, pero algo dentro de él realmente quería que Lilith lo tomara y lo hiciera suyo, una anestesia de corto efecto sobre el peso de su propia vida. Durante esos momentos, en los que ella se apoderaba de su cuerpo, él no era más dueño de nada, quizá no era ni esclavo, más parecía una especie de zombie, y como buen zombie, sólo sabía gruñir y jadear. Pero eso era después. Las primeras veces Lilith terminaba tumbando el marco de la puerta, se asomaba y decía "Come out come out, wherever you are. Here's Lilith". Luego él gritaba presa de un miedo real. Pero no había mucho que pudiera hacer. Estaba condenado. Lilith cambiaba su tono a uno más sutil, empujando cuidadosa las palabras donde le decía si realmente no tenía ganas de hacerle el amor. Pateaba el resto colgante de la puerta y se desabotonaba la camisa que le había robado en los primeros días, para llamarla de su propiedad y usarla como pijama. Con las siluetas de los senos descubiertas de la tela, el miedo se iba combinando con la excitación que le producía el cuerpo joven de la chica, y entonces la voz destruía todo lo demás. Toda la duda y el plomizo miedo, se convertía en dorada lujuria. Promesas de un cielo que sabía más a cielo porque pese al tiempo que llevaban juntos, él no dejaba de tener presente el hecho de que Lilith aún era menor de edad, pero lo peor era saber que no duraría para siempre, un par de meses para que el reloj llegara a ceros, y el fruto prohibido fuera una manzana más con ganas de ser pera.
Por esa fecha tachonada en el calendario es que tenía un miedo a sus comportamientos. Legalmente él era esclavo de Lilith. Sin embargo, esta vez, no le importaba. Estaba demasiado enojado por su comportamiento, y quizá no era ése el problema pero sí se había vuelto el mensajero de una noticia que había olvidado; así que había que matar al mensajero, y si no matarlo, al menos dejarle en claro que estaba harto de sus berrinches.
Sin embargo, al acercarse a la puerta, pudo escuchar colarse por las hendiduras el rastro amargo de los sollozos de la chica, y junto con ellos un murmullo casi inaudible. Pegó la oreja a la ría pintura de la puerta de madera y prestó atención, ignorando a su vez la cólera que lo había llevado hasta ella. Maldijo el tránsito que también se colaba entre los ruidos de Lilith, haciendo una mezcla sonora que le impedía entenderla.
Durante unos segundos pudo escuchar a Lilith, con su voz grave y áspera, entre cortada y raspando la garganta. Se decía a sí misma que era una estúpida por estar preocupada por él, por querer interesarse, por estar enamorada.
Quizá habría podido escuchar más de aquella charla que Lilith tenía en confianza consigo misma, si no hubiera sido porque escuchar decir a Lilith que estaba enamorada lo tomó por sorpresa. En todo el tiempo que llevaban juntos, nunca la había escuchado decir nada de eso. Y ahora, una confesión se le escapa entre pintura y tránsito y voces rasposas que ella misma deseaba acallar. Algo se le removió en ese momento. Como si se le hubieran vuelto un licuado las tripas y la estatua de Lilith se rompiera poco a poco. No era invulnerable, y de alguna manera estaba herida. La había herido en medio del pecho y quizá el orgullo, y eso lo hacía sentirse importante y poderoso. Por ello decidió aprovechar su ventaja, arrancar la puerta y por fin, poder dominarla.
De una patada tumbó el marco provisional de la puerta.
—Come out, come out. Here is…
—Cállate. No me estés chingando.
Y ahora, veía una nueva faceta. Lilith nunca le había hablado con tal violencia y eso le regresó los pies a la tierra, haciéndolo caminar descalzo por piedras calientes que le gritaban a cada instante el recuerdo de que estaba a su merced. Que era suyo y no podía dejar de serlo, de darse el lujo, siquiera, de intentar cualquier locura o abuso, ni ponerle el dedo o u pétalo, ni media servilleta encima que no repercutiera en un grito que atinara el oído de algún vecino chismoso capaz de llamar a la policía. No estaba seguro de si eso podría pasar, pero prefería no arriesgarse.
Parado en la entrada, con una gota de sudor frío atravesándole la piel, el espinazo y el tuétano, escuchó nuevamente la voz de aquella sirena.
—Ven y bésame.
Y entonces, como solía ser costumbre en él, no hubo nada que pudiera hacer para evitar seguir la orden, aunque dentro se molestara, más con él que con ella, por ser in capaz de decirle nada. Por eso la tomaría de los hombros, la sacudiría para removerle una o dos ideas, y le diría que se estaba pasando, que era un abuso y estaba cansado, lo ensayaba en su mente a cada paso, y a cada respiro. La vio de espaldas, le daría la vuelta y se lo diría, le haría saber aquello que tenía a medio cogote; pero para ello primero habría de voltearla, mirándola a los ojos y no agachar la mirada, ni cubrirse con los párpados o la pena, o la falta de confianza. Sin embargo al voltearla, no pudo contra sus ojos claros, ni el embate de sus labios, y entre saliva y saliva, la cabeza no dejaba de reclamarle la cobardía. Repetía su mantra: A veces la única fuerza para seguir, es la de no tener la fuerza suficiente para dejar de hacerlo... sólo que ahora le agregaba que era un cobarde.
Ociosilandia, actualmente es un blog donde publicaré ideas y alguna que otra reseña o yo qué se. Lo único que quiero aclarar es que los textos literarios se han trasladado a las siguientes páginas y allí seguirán siendo publicados los nuevos escritos: http://www.liibook.com/usuarios.php?ID=11930 **** http://wattpad.com/Marcojp **** http://es.scribd.com/Marcojp **** http://issuu.com/marcojuarez4
lunes, 30 de junio de 2014
Re-post
Abandonad toda esperanza
Muy bien, Marquito, lo estás haciendo de puta madre: andar diciendo en el facebook que no se haga una reunión por parte de tus amigos para tu cumpleaños. ¿Adónde te lleva? ¡Un paso más cerca del fondo! Nunca es suficiente para llegar a él. Ahora ya viste los reclamos y el: "si ya saben lo mamila que es Marquito". Poca madre, romper relaciones y quedarte más solo. Esa estrategia tuya está dando resultados. Dentro de poco hasta el gato se escapará a la primera oportunidad. Además ese mujer fue una de las que se ofendió por tu comentario: "eres un pinchi aguafiestas". Pero eso es lo que querías, estar tan roto que llamaras su atención. Veamos si funciona tu estrategia, pero sabes que el berrinche pendejo nunca ha sido un aliciente. Pero no hay problema, la verdad no importa nada. La verdad ahorita no importa nada. Importa seguir escribiendo, importa mejorar tu nivel de escritura, e importan sus ojos, sus ojos y su cara bonita, y su voz grave. Importa esperar que algún día (esperemos pronto) te llame diciendo que se siente mal y que quiere que la escuches. Importa que te diga: Ya wey, no seas mamón, tómate unas chelas conmigo, y entonces vuelvas a fantasear durante semanas porque ahora no dejarías pasar la oportunidad, ya fuiste lo suficientemente caballeroso una vez como para volver a serlo, porque sabes que cuando vuelva a pasar será para que las cosas se den. Mientras qué queda: el trago, la lluvia y los cigarros, la poca comida, las letras. Las letras nunca se marchan y tú la quieres cubrir a ella de letras. La ventaja es que tu locura te consuela, sabes que ella será, que estará aquí, que vendrá, que, quizá para ese momento, ya estés en el abismo como tiene que ser. El abismo y la soledad ya no son feos, han cobrado cierta belleza, cierto agrado. Te hacen compañía cuando apagas la luz en tu cuarto y te dispones a dormir, y la sueñas, y entonces por fin tienes besos, y entonces, por fin, tienes su piel suave, y sus comentarios graciosos, y tienes su risa, y su risa ilumina todo y hasta el abismo deja de estar tan oscuro, porque te ilumina mientras van cayendo... No te enamores de mí, sálvate y no te desperdicies porque yo estoy muy rota y te voy a hacer daño. Pues bueno, rompámosnos, así será más grande la victoria ante el abismo, aun en la incertidumbre ella está contigo, porque siempre has sido así, cuando esa persona no está tú la tienes contigo, a palabras a letras, a pequeños textos como este, porque cuando está a tu lado, tú sabes que la tienes y entonces sólo queda estar, estar a manos y a piel, estar a oídos y a bocas, estar a salivas y a abrazos, no a escrituras, no a poemas, no a letritas; y así siempre está; y sabes que ahora ella está contigo, está a tu lado mientras escribes, está en el suspiro y en la memoria y en la imaginación, pero está, te acompaña en el camino a la condena. Pongámoslo así:
Y ahí estaban, abriéndose ante mí, las puertas del infierno. Conducido ante él, por los ojos bonitos de un ángel. Recordé el famoso: "abandonad toda esperanza". Me serví otro trago y me dejé abrazar por los gritos de los otros que, antes que yo, habían llegado para corear mi llegada. Me pregunto si en verdad había terminado de abandonar las esperanzas; pero la duda y el pequeño temor que me palpitaba en las manos, me hacían creer que no era así. Sin embargo no había marcha atrás. El barquero había recibido sus dos monedas y se había marchado sobre las aguas del Aqueronte, como si volara sobre ellas, en su barca de plata que era incapaz de hundirse. Me dijo: me llamo Caronte; y me prometió que al final de mi viaje se encontraba el Leteo como promesa del descanso eterno; y yo sólo quería descansar.
Y ahí estaban, abriéndose ante mí, las puertas del infierno. Conducido ante él, por los ojos bonitos de un ángel. Recordé el famoso: "abandonad toda esperanza". Me serví otro trago y me dejé abrazar por los gritos de los otros que, antes que yo, habían llegado para corear mi llegada. Me pregunto si en verdad había terminado de abandonar las esperanzas; pero la duda y el pequeño temor que me palpitaba en las manos, me hacían creer que no era así. Sin embargo no había marcha atrás. El barquero había recibido sus dos monedas y se había marchado sobre las aguas del Aqueronte, como si volara sobre ellas, en su barca de plata que era incapaz de hundirse. Me dijo: me llamo Caronte; y me prometió que al final de mi viaje se encontraba el Leteo como promesa del descanso eterno; y yo sólo quería descansar.
miércoles, 25 de junio de 2014
Diálogos internos destructivos
--Busca a alguien y pide ayuda.
--¿Para qué?
--Porque o puedes seguir así.
--Pero nunca hay nadie.
--Siempre hay alguien dispuesto a ayudarte.
--Nunca hay nadie. Por eso estoy hablando contigo.
--No mames, qué pinche necedad la tuya de sentirte solo.
--¿Necedad? No mames, como si a alguien le gustara realmente estar solo.
--A ti parece que te gusta.
--Me caga, pero qué más podemos hacer. Siempre estamos solos. Siempre estamos ahí para los demás cuando nos necesitan.
--¿Y por qué no dejas a los demás estar ahí cuando los necesitas?
--Porque no, porque no vale la pena decirles nada a los otros. Porque de qué serviría decirles algo.
--Para sentirte menos mal.
--A nadie le interesa.
--No empieces a regodearte en tu mierda.
--Me da igual, no sé siquiera si me estoy regodeando. Lo único que quiero es estar solo.
--¿Y por eso me hablaste?
--Sí, porque estar contigo es estar solo, estar platicando contigo es ponerme a platicar conmigo y seguirlo confirmando.
--Vales verga. Qué complicado eres.
--No lo soy, sólo estoy harto y aburrido, cansado.
--Tu primo tenía razón, por lo menos te la hubieras cogido.
--No mames, es mi amiga, o era, y tiene novio. Ya no somos los mismo de antes.
--¿Cuándo te ha servido hacer lo correcto? Tienes una novela ahí donde cuentas cómo hiciste lo correcto y todo valió verga. Hacer lo correcto nunca ha servido de nada; nadie lo valora, nadie pone importancia en esas acciones; y ahora perdiste una amiga de a gratis. Por lo menos te la hubieras chingado.
--Nunca nos ha interesado coger por coger, siempre hemos preferido ser honestos.
--Y la honestidad siempre nos ha llevado a estos malos ratos.
--Da igual, ¿no?
--¿Y las cartas suicidas?
--Bah, sabemos que si no nos matamos con lo otro, menos con esto. El pedo está en que duele.
--Siempre dolerá.
--Y siempre seguirá doliendo. Y quizá, algún día el dolor sea lo suficientemente fuerte. Más que nosotros, y entonces, tal vez entonces lo haremos. Mientras sólo nos queda seguir escribiendo.
--¿Para qué?
--Porque o puedes seguir así.
--Pero nunca hay nadie.
--Siempre hay alguien dispuesto a ayudarte.
--Nunca hay nadie. Por eso estoy hablando contigo.
--No mames, qué pinche necedad la tuya de sentirte solo.
--¿Necedad? No mames, como si a alguien le gustara realmente estar solo.
--A ti parece que te gusta.
--Me caga, pero qué más podemos hacer. Siempre estamos solos. Siempre estamos ahí para los demás cuando nos necesitan.
--¿Y por qué no dejas a los demás estar ahí cuando los necesitas?
--Porque no, porque no vale la pena decirles nada a los otros. Porque de qué serviría decirles algo.
--Para sentirte menos mal.
--A nadie le interesa.
--No empieces a regodearte en tu mierda.
--Me da igual, no sé siquiera si me estoy regodeando. Lo único que quiero es estar solo.
--¿Y por eso me hablaste?
--Sí, porque estar contigo es estar solo, estar platicando contigo es ponerme a platicar conmigo y seguirlo confirmando.
--Vales verga. Qué complicado eres.
--No lo soy, sólo estoy harto y aburrido, cansado.
--Tu primo tenía razón, por lo menos te la hubieras cogido.
--No mames, es mi amiga, o era, y tiene novio. Ya no somos los mismo de antes.
--¿Cuándo te ha servido hacer lo correcto? Tienes una novela ahí donde cuentas cómo hiciste lo correcto y todo valió verga. Hacer lo correcto nunca ha servido de nada; nadie lo valora, nadie pone importancia en esas acciones; y ahora perdiste una amiga de a gratis. Por lo menos te la hubieras chingado.
--Nunca nos ha interesado coger por coger, siempre hemos preferido ser honestos.
--Y la honestidad siempre nos ha llevado a estos malos ratos.
--Da igual, ¿no?
--¿Y las cartas suicidas?
--Bah, sabemos que si no nos matamos con lo otro, menos con esto. El pedo está en que duele.
--Siempre dolerá.
--Y siempre seguirá doliendo. Y quizá, algún día el dolor sea lo suficientemente fuerte. Más que nosotros, y entonces, tal vez entonces lo haremos. Mientras sólo nos queda seguir escribiendo.
domingo, 22 de junio de 2014
Liberarse de un alma
Destierro de un alma a base de narcóticos, suspiros y esas madres. Llenarse de todo lo que se pueda, hasta que el cuerpo se hinche de tanta llenadera y no le quede otra cosa que empujar el alma pa'fuera, expulsarla de una buena vez y dejar en su lugar humo y alcohol, humo y químicos, humo y humo, y a veces un poco de aire, y seguir metiéndose hasta los dedos con tal de que no quede un hueco por donde quiera entrar de vuelta, meterse los dedos por la nariz y por la cola, meterse los dedos por los ojos, hasta estar seguro de que ahí no caben más que ojos, y en la nariz no caben más que mocos, y en las orejas un poco de cerilla y algún bicho que se ha colado, pero nada de elementos sobre naturales, no más almas, ni propias ni ajenas, rellenar los huecos que dejan cuando se marchan a base de cemento y sudor, a base de gemidos, a base de vómito y mareos, y nostalgias, y desfantasías y desueños. Rellenarse a base de vacío, de oscuridad y de nada; salir a la calle mientras llueve para llenarse de enfermedad y de alegría, de un resfriado, de una neumonía. Llenarse de gotitas y de humedad los pulmones, llenarse el hígado de piedras y la sangre de grasa, llenarse de desesperanza, ante este mundo y esta vida, ante el sujeto que aparece en el espejo y en los recuerdos y, si se ha hecho bien hasta ahorita, el que estaba en las fantasías.
Reminiscencias
--Hola.
--¿Sí?
--Hola.
--No, otra vez tú.
--Síííí.
--No mames, pensé que ya estabas muerto, habíamos quedado que ya estabas muerto y que la última vez que te vería, o que sabría de ti, sería en la novela.
--Lo siento. Así funciona esto, preciosa.
--No me jodas. Pero... pero... pero, te habías muerto. No mames.
--No puedo morir, soy parte de ti.
--Pero no estoy tan ebrio. ¿Para qué apareces?
--Soy el fantasma de las navidades pasadas y te vengo a recordar las cosas.
--No mames, qué cosas.
--Tú sabes qué cosas.
--¿Y no se te había ocurrido que no quiero saber de ti otra vez? Ya de había dejado morir en paz, tuviste una bonita muerte. Hay lectores que me han dicho que hasta lloraron con tu muerte.
--No puedo morir.
--Vales verga. ¿Qué quieres?
--Que dejes de cagarla.
--¡Ahora qué hice!
--No mames, qué estás haciendo... estás enamorándote de una morra que tiene novio (¿te suena familiar?).
--No es así como pasan estas cosas.
--A ver, aguanta, no me estoy poniendo como antes, no tengo ira, hasta parece que somos el mismo (otra vez).
--Porque en realidad, hasta en la novela, siempre fuimos el mismo.
--Vales madre.
--No, tú vales madre, Mario.
--Marco, Marco, Marquito.
--No me digas así, así me dice ella.
--Lo sé. Yo sólo estoy aquí como recordatorio. Como advertencia a tantos cigarros y tantos litros de alcohol diario.
--No son litros. Vas a asustar a nuestros lectores.
--Ok, sé que no son litros, pero los asustas tú, con tus publicaciones donde parece que no sólo son litros sino galones.
--Es parte de la ficción.
--Sigues siendo un fraude como escritor.
--Y tú sigues siendo un pretexto para escribir cosas raras.
--Ok, te lo concedo. Pero aun así sabes que te estás metiendo en problemas.
--Siempre nos metemos en problemas.
--Sí, pero generalmente lo escribes cuando ya pasaron, ya que sabes cómo es el final de las cosas. Y aquí estás a la deriva. Como un barquito de papel miniatura esperando no ser tragado por el desagüe del inodoro.
--Tengo miedo.
--No mames, tú nunca tienes miedo de esas cosas. Lo que pasa es que realmente lo quieres. Quieres que esa morra se quede contigo, y no te puedes aguantar tanto las ganas que me has revivido para platicar con alguien, porque, otra vez, estás solo.
--Te odio.
--No es cierto. Soy tu mejor amigo, soy el único que siempre está y que siempre tiene palabras para ti, ya sean de aliento o desaliento.
--Eso no quita que te odie.
--Ok, me odias. Yo solo vine a que tomaras conciencia de que estás pensando mucho en un morra que ha tenido más penes que tú en la mano.
--Pendejo, yo sólo he tenido mi propio pene en la mano.
--Y el mío.
--Si eso fuera verdad, sólo lo sería porque es el mismo pene.
--Para el caso ha tenido muchos, muuuuuchos más de los que te gustaría saber. Así que sólo vengo a recordarte que estés consciente de ello y que no fantasees de más. Como se lo dijiste a tu amiga la otra vez: no te enamores solo. No le hagas la chamba a esa morra.
--Te odio.
--Lo sé, soy esa parte sensata de ti. Está chido, está guapa, alta, es inteligente, es buena onda, te hace reír, tiene un carácter poca madre y está bien rota (además de sus ojos claros que no parecen ojos claros). Es todo lo que te gusta. Te mueve la hormona, el ego (nada más para joderte quiero recordar que es modelo) y el intelecto (su promedio en su universidad es de 9.7... tsss, no mames, es hasta más inteligente que tú). Y, además de esas tres cosas, te mueve las entrañas porque vive en el abismo. Te vas a dar bien bonito en la madre aunque no pase nada. La cagas, pero la aventura está poca madre. Trata de que dure lo suficiente. En estos días ya le has escrito páginas y páginas de textos. Es buena musa. Trata de no cagarla y no la asfixies. Sólo venía a eso. Ahora puedo regresar a mis cenizas que soplaste al amanecer por la ventana. Por cierto: NO LA CAGUES!!!!!
--¿Sí?
--Hola.
--No, otra vez tú.
--Síííí.
--No mames, pensé que ya estabas muerto, habíamos quedado que ya estabas muerto y que la última vez que te vería, o que sabría de ti, sería en la novela.
--Lo siento. Así funciona esto, preciosa.
--No me jodas. Pero... pero... pero, te habías muerto. No mames.
--No puedo morir, soy parte de ti.
--Pero no estoy tan ebrio. ¿Para qué apareces?
--Soy el fantasma de las navidades pasadas y te vengo a recordar las cosas.
--No mames, qué cosas.
--Tú sabes qué cosas.
--¿Y no se te había ocurrido que no quiero saber de ti otra vez? Ya de había dejado morir en paz, tuviste una bonita muerte. Hay lectores que me han dicho que hasta lloraron con tu muerte.
--No puedo morir.
--Vales verga. ¿Qué quieres?
--Que dejes de cagarla.
--¡Ahora qué hice!
--No mames, qué estás haciendo... estás enamorándote de una morra que tiene novio (¿te suena familiar?).
--No es así como pasan estas cosas.
--A ver, aguanta, no me estoy poniendo como antes, no tengo ira, hasta parece que somos el mismo (otra vez).
--Porque en realidad, hasta en la novela, siempre fuimos el mismo.
--Vales madre.
--No, tú vales madre, Mario.
--Marco, Marco, Marquito.
--No me digas así, así me dice ella.
--Lo sé. Yo sólo estoy aquí como recordatorio. Como advertencia a tantos cigarros y tantos litros de alcohol diario.
--No son litros. Vas a asustar a nuestros lectores.
--Ok, sé que no son litros, pero los asustas tú, con tus publicaciones donde parece que no sólo son litros sino galones.
--Es parte de la ficción.
--Sigues siendo un fraude como escritor.
--Y tú sigues siendo un pretexto para escribir cosas raras.
--Ok, te lo concedo. Pero aun así sabes que te estás metiendo en problemas.
--Siempre nos metemos en problemas.
--Sí, pero generalmente lo escribes cuando ya pasaron, ya que sabes cómo es el final de las cosas. Y aquí estás a la deriva. Como un barquito de papel miniatura esperando no ser tragado por el desagüe del inodoro.
--Tengo miedo.
--No mames, tú nunca tienes miedo de esas cosas. Lo que pasa es que realmente lo quieres. Quieres que esa morra se quede contigo, y no te puedes aguantar tanto las ganas que me has revivido para platicar con alguien, porque, otra vez, estás solo.
--Te odio.
--No es cierto. Soy tu mejor amigo, soy el único que siempre está y que siempre tiene palabras para ti, ya sean de aliento o desaliento.
--Eso no quita que te odie.
--Ok, me odias. Yo solo vine a que tomaras conciencia de que estás pensando mucho en un morra que ha tenido más penes que tú en la mano.
--Pendejo, yo sólo he tenido mi propio pene en la mano.
--Y el mío.
--Si eso fuera verdad, sólo lo sería porque es el mismo pene.
--Para el caso ha tenido muchos, muuuuuchos más de los que te gustaría saber. Así que sólo vengo a recordarte que estés consciente de ello y que no fantasees de más. Como se lo dijiste a tu amiga la otra vez: no te enamores solo. No le hagas la chamba a esa morra.
--Te odio.
--Lo sé, soy esa parte sensata de ti. Está chido, está guapa, alta, es inteligente, es buena onda, te hace reír, tiene un carácter poca madre y está bien rota (además de sus ojos claros que no parecen ojos claros). Es todo lo que te gusta. Te mueve la hormona, el ego (nada más para joderte quiero recordar que es modelo) y el intelecto (su promedio en su universidad es de 9.7... tsss, no mames, es hasta más inteligente que tú). Y, además de esas tres cosas, te mueve las entrañas porque vive en el abismo. Te vas a dar bien bonito en la madre aunque no pase nada. La cagas, pero la aventura está poca madre. Trata de que dure lo suficiente. En estos días ya le has escrito páginas y páginas de textos. Es buena musa. Trata de no cagarla y no la asfixies. Sólo venía a eso. Ahora puedo regresar a mis cenizas que soplaste al amanecer por la ventana. Por cierto: NO LA CAGUES!!!!!
sábado, 21 de junio de 2014
Para seguir callando
Tú le escribes a ella, lo revisas, lo corriges, dudas. Lo ocultas. Esperas que algún día lo lea sin leerlo. Esperas que sienta lo que escribes. Desde hace un tiempo piensas en ella, la tocas en ese calor que se acumula en tu cuarto, sientes que te toca en ese frío que se acumula en tu cuarto. Le sigues hablando en silencio y a escondidas, esperas que te hable, que te cuente de sus frustraciones, de sus miedos y sus planes a futuro. No te das cuenta de que te involucras, de que la anhelas acompañarte algunas noches en la cama. No por el hecho de cogértela, no por el hecho de tocarla; por la compañía, por su aroma, por la vitalidad que irradia, como si supieras que aquella vitalidad te revitaliza, como si quisieras ignorar que se vacía, que se expone y se sigue vaciando. Sientes que se vacía hasta la muerte, en su sonrisa se vacía. Y quieres ser el tapón que la ayude a no derrarmarse entera, el tapón que pare el seguir manando a esa herida que es su sonrisa. Pero esa sonrisa te da vida, te hace pensar que a veces puede sonreírte por algo más que la fantasía de una amistad sincera. Te da vida pensar que esos labios que le enmarcan la carcajada se cierren en torno a tus labios, que esos ojos curiosos paren su curiosidad en tus pupilas, detengan el tiempo. Ella es ella, así como se ha mostrado, en esa sincera caricia de su voz áspera y grave, en esa caricia que se detiene tras de sus anteojos, y que, a veces, se muestra en la necesidad de un abrazo, donde se quita los lentes y llora sobre tu hombro. No te gusta que llore, pero sabes que los ojos se le hacen más bonitos cuando se le caen unas lágrimas. Cuando le apagas la luz para que llore a gusto, y después te diga: ¿Por qué apagaste la luz? Y tú le contestes que no es nada, que sólo respetas su intimidad, y a ella no le quede más que decir que se ve fea llorando, y a ti no te quede más que decirle que es mentira, y que ella lo sabe, que ella seguirá siendo hermosa tenga una sonrisa o un llanto colgado de la cara. No te interesa mucho nada, sólo esos momentos de compañía, hasta que de pronto se aparezca en tu casa, y te acompañe en la bebida, y platiquen horas en otras lenguas, y beba, y sigan bebiendo; hasta que le gane el sueño, y te pida dejarla dormir y le ofrezcas tu cama, y ella te ofrezca dormir a su lado. No seas mentiroso, esto ya lo habías fantaseado, te toma por sorpresa sin tomarte. Tú sentías que sólo era cosa de estar un día a solas, de dejar que se desvistan los tapujos y las moralidades, de abandonarlos o beberlos con ron hasta que desaparezcan. Tú sabías, ella te lo había transmitido: el día que estuvieran a solas algo pasaría. ¡Y entonces qué haces! Le haces piojito, con un brazo que le sirva de almohada, y la escuchas plácida y placentera sentir las caricias, y la sientes mover su cuerpo hacia el tuyo, y te dejas llevar hasta que la culpa te detiene, hasta que ella misma platica, hasta que se queda dormida otra vez, y te dices a ti mismo que es momento de parar, que hay que ser sensato y no hacer nada porque tiene novio, y no quieres que engañe a su novio, no quieres ser motivo de culpa, no quieres que por ti pase lo que sabes que tiene que pasar y, más aún, no quieres ser uno más. Uno de esos que sólo la han visto como objeto, como una chica guapa, linda, hermosa, con la cual sacarse una tercia de orgasmos, para pensar después en ella, pero no como un ella, sino como esa muñequita que coge rico, a la que sólo se la quieren coger otra vez. No, tú lo que quieres es la niña asustada detrás de esa máscara de mujer liberal. Tú lo que quieres es lo que tiene atrás del pecho y no del brassier. Y entonces respetas, le haces piojito y evitas los embates de su cadera que busca tu pelvis, y sólo la quieres plácida y apacible, recostada a tu lado, como esa promesa de un beso que será algún día, y será sincero y será, sobre todo, incierto. Pero eso no evita tu duda, tu sensación de que la cagaste, de que debiste aprovechar la oportunidad y cogértela; de haber sido como cualquier otro, porque nadie toma en cuenta ese tipo de detalles, y todos prefieren acordarse de la buena cogida, o de la cogida que pudo haber sido, pero que no quisiste aprovechar. Y entonces, solo te queda aferrarte a la idea de que hiciste lo correcto, y de que lo correcto fue no haberle sacado ni un beso, y olerla, y metértela en la cabeza y en el pecho, y en la imaginación y en la memoria, y en la incertidumbre. Y entonces no te queda más que la incertidumbre y la vocecilla que dice que la cagaste, y se pelea con la vocecilla que te dice que hiciste lo correcto. Y la dos tienen razón, y las dos apestan, y las dos lo saben. Y todo tú lo sabe, pero ella no. Así que callas, y escribes para seguir callando.
Not yet
Ojalá no me hubiera dicho nada. O, mejor aún, me hubiera dicho que sencillamente no le gustaba, que estaba muy feo, muy gordo, muy flaco, muy alto, muy clavo, muy pendejo, cualquier cosa diferente... Pero no, me tuvo que decir que ella sólo se enamora de gente rota y que yo no estaba tan roto como yo mismo creía. Ojalá no me hubiera dicho que ella vivía en el abismo, tratando, como yo, rescatar almas descarriadas. Qué mierda. Si no lo hubiera dicho, no habría entrado en mi cabeza la idea de irme cada vez más abajo. Porque de algo estoy seguro: cuando estuvo entre mis brazos, cuando me susurraba preguntas sobre por qué la había elegido a ella, cuando me susurraba que no me enamorara, a mí me parecía una invitación, un: pase usted joven, desmádrese hasta que no pueda más porque yo lo salvaré; y entonces no habría empezado a idear (iconscientemente) un plan para darme bonito en la madre para "dejarla que me salve", pues, la verdad, yo también quisiera salvarla a ella. Quisiera dejarle en claro que la vida es bonita por muchas cosas mierda que pasen, y hacerle ver que toda esa sarta de cursilerías, son cursis porque estadísticamente tienden a ser tan reales como las cosas jodidas. Pero no, no fue así, mientras más me decía que no me enamorara de ella, más se me metía en la cabeza, más sentía que me pedía lo contrario. Me lo dijo tanto como si fuera una letanía y, entonces, yo terminé rezando:
-- No te enamores de mí.
--Ya es tarde.
--No te enamores de mí.
--Ya es demasiado tarde.
--No te enamores de mí.
--Yo ya estaba enamorado.
--No te enamores de mí.
Y recordé que en verdad, ya me había enamorado de ella, me había enamorado mucho tiempo atrás, me había enamorado cuando la vi hace años por primera vez, pero la ignoré y el tiempo nos hizo olvidarnos un poco, me enamoré cuando hace menos de un años se metió en una charla, me enamoré cuando nos dieron un aventón a toda la bolita en el carro y yo venía estorbando el retrovisor, y me dijo que me recargara en su hombro, y me entró hasta por la nariz. Y después me volví a olvidar de que ya estaba enamorado, la consideré mi amiga y así la quería, y así la habría seguido queriendo si no me hubiera dicho y re-dicho que no me enamorara... si no me hubiera dicho que nos conocíamos de otra vida, si no me hubiera dicho que a mí me gustaba desde entonces en esa otra vida, si no me hubiera dicho "aún no estás listo", y yo no hubiera leído entre líneas: estaremos juntos pero todavía no. Not yet, my darling. Not yet, mon chérie.
-- No te enamores de mí.
--Ya es tarde.
--No te enamores de mí.
--Ya es demasiado tarde.
--No te enamores de mí.
--Yo ya estaba enamorado.
--No te enamores de mí.
Y recordé que en verdad, ya me había enamorado de ella, me había enamorado mucho tiempo atrás, me había enamorado cuando la vi hace años por primera vez, pero la ignoré y el tiempo nos hizo olvidarnos un poco, me enamoré cuando hace menos de un años se metió en una charla, me enamoré cuando nos dieron un aventón a toda la bolita en el carro y yo venía estorbando el retrovisor, y me dijo que me recargara en su hombro, y me entró hasta por la nariz. Y después me volví a olvidar de que ya estaba enamorado, la consideré mi amiga y así la quería, y así la habría seguido queriendo si no me hubiera dicho y re-dicho que no me enamorara... si no me hubiera dicho que nos conocíamos de otra vida, si no me hubiera dicho que a mí me gustaba desde entonces en esa otra vida, si no me hubiera dicho "aún no estás listo", y yo no hubiera leído entre líneas: estaremos juntos pero todavía no. Not yet, my darling. Not yet, mon chérie.
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