domingo, 26 de abril de 2015

Un dolor añejo

Eso es todo
un dolor añejo
que no me deja de doler
en el esternón
en las manos
cuando bebo
cuando hace frío

eso es todo
un dolor añejo
una herida de guerra
que a veces se abre
justo antes de dormir

no es nada
es como el pie fantasma
que sigue picando
una vez amputado

sólo que aquí es la mano
que le falta a mi mano
y que no deja de doler

jueves, 5 de febrero de 2015

Somníferos, por favor, que sea con somníferos.

A veces me ponía a pensar por qué me llegaban momentos de apatía. Cuál era la razón que los detonaba. A qué se debía. Me preguntaba si era una depresión que tenía escondida. Después se iban, se cambiaban por otros estados anímicos, incluso tenía momentos de franca emoción. Pero siempre terminaban llegando estados en los que todo me daba igual. Quizá siga deprimido en un nivel que soy incapaz de confirmar. Últimamente cuando leo, las lecturas me terminan dando una gran sensación de tristeza y, curiosamente, muchas de las lecturas con las que me he encontrado tienen temas del suicidio... Camus tenía razón: la única pregunta verdaderamente importante para el hombre es por qué no se suicida. Creo que todo el que tiene una idea del futuro es menos propenso a tomar dicha determinación, o al menos un futuro no tan atroz, o tan trágico, porque queda claro que si alguien ve en su futuro el hecho de una enfermedad que lo va a llevar a la desintegración del cuerpo y la psique, terminará más cercano a la acción del cese de la vida por voluntad propia y consciente.
     Sé que el suicidio tiene que ver con la etapa en la que se encuentra uno, y que es una forma de decir que no quiere seguir viviendo esa etapa; vaya, un suicida en realidad (la mayoría de las veces) no quiere matarse, sino matar todo lo de afuera, pero la única forma que termina encontrando es haciéndolo consigo mismo...
     Pensaba que quizá la soledad era el problema; pero he salido y me doy cuenta de que no me interesa estar con nadie. Pensaba que el dinero era el problema, pero estuve en un buen trabajo, donde hasta me hice el tatuaje que quería desde hace años, y tampoco me sentí tan diferente. Lo único que ha seguido en mi cabeza es ponerme a escribir, no es algo que me entusiasma demasiado, y a la vez es algo que me apasiona, y quizá ése sea el gancho que realmente me tiene aquí. No veo el suicidio como una solución a una vida que me desagrada; y es que el problema básicamente es ése: estoy apático: no me desagrada mi vida, pero tampoco me agrada. No quiero estar aquí, pero tampoco me afecta estar. No quiero estar soltero, pero tampoco quiero estar acompañado... en resumidas cuentas, salvo por escribir, no me interesa nada; no hay odio, no hay amor, no hay furia, no hay miedo, no hay esperanzas, no hay desesperanza, no hay preocupación; ni siquiera el tomar me produce una sensación de ese estilo; antes tomaba para sentir esa agradable nostalgia que se impregna con recuerdos, esa añoranza, pero ahora ni estar ebrio me llama la atención... y a la vez no dejo de sentir efimeramente las cosas, río cuando hay que reír, lloro cuando hay que llorar, maldigo, me enojo, me pongo triste, me emociono, me lo que sea, sólo que ya nada permanece; es raro...
     Hay una sola cosa que sí le agradezco a mi soledad (además de dejarme escribir, y leer): esa deficiente capacidad para formar vínculos con los otros, me han hecho darme cuenta que cuando eso de la escritura se acabe (y si no llega otra cosa parecida), no habrá nada ni nadie capaz de evitar mi resolución, pues nada ni nadie me interesa realmente (o al menos tanto como para hacerme cambiar de opinión). Quizá tengo demasiado tiempo libre para pensar. Por ahí decían que el pensar durante mucho tiempo (los escritores) detonaba esas tendencias suicidas. Quién sabe.
   



A seguir con esa novela.

Tengo prisa

Debo escribir una gran novela. Después, quizá sólo después, confirme que mi vida no ha tenido nunca otro sentido que escribir esa gran obra, y podré irme tranquilo, aunque los demás piensen que me habré ido demasiado pronto. Tengo que ser mejor y lo tengo que ser pronto; a veces, hay días en que ya no aguanto.

domingo, 1 de febrero de 2015

Terezinha

Terezinha... hace mucho tiempo que buscaba esta canción. No recuerdo de quién la escuché, creo que venía de una época antigua cuando una de mis tías cantaba. En realidad no sé por qué cantaba. Yo recuerdo que la familia decía que era buena cantando. No sé por qué dejó de cantar. Ahora que lo pienso, tampoco sé por qué la cantaba, quizá eran los recuerdos de un amor del que nunca nos enteramos, como nunca nos enteramos de algún otro amor posterior. Entonces suponía, sin suponerlo, que era el canto a un tiempo sin tiempo para los demás, a unos oídos que eran otros oídos diferentes a los que llegaba la voz, la melodía y la letra.

Terezinha me sonaba a Teresa, y ésta a su vez, con trenza; entonces cuando escuchaba Teresa, me imaginaba la parte posterior de una cabeza llena de cabello amarrado en una enorme trenza; y por asociación con mi tía, aquella trenza era de un cabello chino, o al menos ondulado. Terezinha, por tanto, carecía de rostro, carecía de ojos de mirada y de nariz, carecía de boca, pero no de voz; era, por tanto, una sombra que hablaba de tres amores, que hablaba desde lo oscuro, en la noche, y que de la voz le brotaba un oso de peluche, y un broche de amatista. Después le salía un borracho sin playera, con garrafa en mano y malos modales, que se sentaba a la mesa devorando todo sólo para desaparecer nuevamente en la oscuridad y el silencio. Y después brilló una nada, otra oscuridad, donde estaba aquella Terezinha, aquella trenza; y en aquella oscuridad, se sentía calidez, aunque nunca hubiera brotado de su boca palabra alguna que se le pareciera un poco.
No fue sino hasta muchos años después, cuando esa canción ya había sido olvidada donde son olvidadas las pláticas con los abuelos y las canciones de Cri-cri con las que me arrullaban de chiquito, que apareció Terezinha. Apareció con otro nombre y sin trenza, y aunque el cabello era ondulado, no era oscuro sino claro, y tenía nariz, ojos, bellos ojos, y tenía también boca, bella boca, y en la punta de la boca una voz que cantó durante un tiempo antes de asustada decir: no.


sábado, 31 de enero de 2015

Como si amar fuera importante; como si dejar de amar, voluntario

Me caga la palabra amar
como si amar fuera importante
como si dejar de amar
voluntario

falacias
para llamar
un conjunto de ritos funerarios
extremaunción

Salve, César
los que vamos a morir
y te saludan

pedazos de intestino
y pecho
en arenas del tiempo
esparcidas por los meses
y a veces por los años

Ave, Caesar
murituri te salutant

el culo lo sigo arrastrando
y los wevos
y los labios

Ave, Caesar
los que vamos a morir
te saludan

y ahí está el coliseo
la gloria de la fama
lo efímero
en intento de lo eterno

Salve, César
murituri te salutant

el tullido
el amputado
la piltrafa de humano
que era humano

(por esta santa unción)
se vuela
(y por su bondadosa misericordia)
se quema
(te ayude el Señor)
se mutila lo propio
(con la gracia del Espíritu Santo)
se machaca lo ajeno
(Para que)
se vuela
(libre de tus pecados)
se quema
(te conceda la salvación)
en eterno rescoldo
(y te confronte en tu enfermedad)
por los siglos de los siglos
(Amén)

Ave, Caesar
murituri te salutant
Y ahora sumido
en vestigios de soledad
y cenizas
de polvo y amnesia
evocaciones
con intención de invocar
una sonrisa tangible
una caricia certera
y no las caricias
que el alcohol
te deja sentir
ella se fue hace tiempo
y a pesar de todo ese tiempo
de innegable ausencia
él no le ha dejado
de hacer el amor

El loco ha perdido a su dios
lo han matado todos los hombres
y, la tierra, descarriada
adónde ira
sin Sur o sin Norte

caminando con una linterna
a pleno día encendida

El poeta ha perdido su Luna

se ha vaciado el mar
se ha borrado completamente el horizonte
la tierra ha perdido su sol
y no hay más lugar dónde caer
que a todos lados

El poeta ha perdido su dios
el loco ha perdido su Luna
y no hay iglesias donde yacer
que no sean monumentos funerarios
de polvo
ceniza y amnesia
y de cantos
(¡Dios ha muerto, viva Dios!)
en coro
para una Luna
que no ha dejado de amar


lunes, 19 de enero de 2015

El loco

¿Dormir mirando una fotografía hará posible el soñar con esos muertos? ¿En esas tierras congeladas a veces más eternas que la memoria? Y si uno construye una fantasía, ¿podrá, acaso, construir un recuerdo? un recuerdo de lo que aún no ha pasado, que se olvide, y sólo aparezca para decir: no sé cómo pero esto ya lo había vivido.
El loco fuma un cigarro, mira la fotografía, y construye un recuerdo que todavía no ha vivido.