Vaya extraño día. Me vienes de pronto a la cabeza sin razón del todo aparente. Luego en mis recuerdos de Facebook aparecen comentarios sobre la novela, es un buen comentario, quizá debería imprimirlo y tenerlo enmarcado para los momentos en que dude de mí. Corro a buscar el comentario original, para hablar con la persona en cuestión, y no lo encuentro en mi correo: debe estar en el Messenger, voy pasando hasta las conversaciones del 2015, y lo hallo. Me pone a pensar en la novela, en recordarla. Me pongo a pensar en mi incapacidad de enamorarme, que ha sido la constante últimamente; las historias de mis novelas, el denominador común del protagonista masculino en todas, es un tipo abatido, no está amargado, pero en general siempre coquetea con la idea del suicidio. Creo que eso dice más de mí que cualquier cosa que sea capaz de decir conscientemente.
Ahora veo las fotos que tengo de mí, y me doy cuenta que sólo sonrío en ellas cuando estoy con algún amigo y hay alcohol de por medio. Pero ya es una felicidad que viene con factura: los blackout, el malestar ligero en el estómago, la tristeza a modo de resaca. Justamente ayer pensaba en una escena donde un niño le preguntaba a mi personaje por qué estaba triste; él no lo sabe. Ha consumido tanto de una droga que lo hace dormir y ser dueño pleno de sus sueños, que le ha comido la memoria, al punto que tiene que contarse sueños y escribirlos antes de que se le olviden, a modo de recuerdos. Bueno, pues no es algo que esté tan alejado de la realidad: "la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Sin embargo, y como lo dije atrás, mi memoria ya ha dejado de ser la misma. Entre lo que pasó y la forma en que escribí lo que pasó, bueno, soy las historias que me he contado de mí mismo.
Así que al ver el mensaje de quien me había felicitado por mi novela, encontré que el usuario se había dado de baja. Si se van uniendo los hilos de lo que he escrito, podría ser evidente que hice algo: tenía años sin ver nuestras conversaciones en face. Dije que ya lo había superado, aún así me vino el temblor en la manos, el sudor frío, y el malestar en el estómago, seguramente era la cruda, porque también tenía la tristeza trepada.
Hace una semana un amigo me preguntó qué se sentía estar enamorado. Le expliqué a mi forma y tuve que caer en cuenta de lo mismo de siempre. Hay un antes y un después de aquella época. La verdad es que tampoco la recuerdo muy bien. Y bueno, ahí estoy en el messenger, viendo las últimas conversaciones, fotos. Cuando sonreía de verdad sin necesidad de "fiesta". Aquel amigo terminó diciéndome que ojalá algún día sepa lo que es estar enamorado. Tiene treinta años igual que yo y nunca ha tenido una relación con nadie. Entro a la conversación y puedo encontrar la voz que creía olvidada. En tus palabras, todavía puedo escucharte. No me duele el recuerdo o tú, o tu falta. Sólo el hecho de no volver a amar así, no volver a estar enamorado así. De ni siquiera poderlo chillar. El ir viendo cómo poco a poco me convertí en algo diferente. En cómo desde hace casi dos años, ya no les escribo poemas a las chicas que quiero enamorar, en cómo he dejado de hacer regalos con mis manos, cocinarles
De nuevo el cliché: extraño la época cuando era feliz y no lo sabía.
Cuidado, le dije a mi amigo, la felicidad que tienes al estar enamorado, tiende a ser directamente proporcional a la tristeza que queda tras la partida.
Llevo horas haciendo este texto, escribiendo lo que pasa, lo que pienso, y lo que dejo un rato para ponerlo después. Cada vez me siento más confundido. A veces siento que no siento nada. Otras, que me gustaría sentir, algunas más, que está bueno no sentir. Al final siempre termino extrañando. Extraño una profesora que me enviaba videos diciéndome que me amaba con su voz grave. Extraño a una cuentacuentos a la que nunca besé, pero me acurrucaba bien con ella. Y me pongo a pensar que a lo mejor no son ellas a las que extraño, sino el afecto que lograba sentir con ellas. Extraño el afecto que ya no sé sentir, no con el que me autoconvenzo, el de las pláticas de madrugada que ahorita ya sólo son oraciones reescritas. Después me confundo más, me pongo a leer más de las conversaciones de hace casi cinco años, y vaya que cursi y dramático sí era, je. Pero era honesto. Lo sé porque mientras lo hago, algo dentro de mí sí duele, no sé qué sea ni por qué, pero el llevaba sin llorar años, bueno, cambió... minutos apenas. Y entonces no sé nada. ¿Extraño mi vida de esos momentos, te extraño a ti, extraño al yo de ese momento? Quizá lo más sensato es decir que no se puede separar nada de eso. Todo viene siendo uno expresado con diferentes palabras.
Quizá sólo extraño sentir. Sentir de verdad
Luego me pongo a pensar, que quizá estaba completamente errado, y que quizá fue sólo una asociación inconsciente por ser este día. 26, ¿no?
Ociosilandia, actualmente es un blog donde publicaré ideas y alguna que otra reseña o yo qué se. Lo único que quiero aclarar es que los textos literarios se han trasladado a las siguientes páginas y allí seguirán siendo publicados los nuevos escritos: http://www.liibook.com/usuarios.php?ID=11930 **** http://wattpad.com/Marcojp **** http://es.scribd.com/Marcojp **** http://issuu.com/marcojuarez4
martes, 29 de agosto de 2017
veintinueve de agosto
miércoles, 26 de abril de 2017
Lo que se puede decir con diez palabras se dice con diez, lo que necesita cien, cien.
Creo que olvidé cómo escribir... fin.
jueves, 16 de marzo de 2017
vocación de picis
Tengo vocación de picis, de ir mirando por la ventana y perderme en mundos alternos o alterados. En uno de esos, no voy a descansar a mi cama, sino a la tuya. No como en el de hace dos semanas, donde tú llegabas a mi casa porque ahí vivías. O en el de hace tres días donde llegabas a mi trabajo a decir que me extrañabas. En el de ahorita, que no tiene que ver con el de hace tres minutos, vamos abrazados en el transporte; sigue siendo premañana, pero vamos con mochilas, venimos llegando de un viaje, cansados y sonrientes, casi como ahorita, que me gana el cansancio, y se me escapa la sonrisa entre tanta fantasía, pero no solo.
martes, 17 de enero de 2017
a modo de despedida
Ojalá pudiera reclamarte a modo de exigencia todo lo que me aseguraste: pasar conmigo el próximo fin de año, y casarte dentro de tres, el viaje a Puebla y el concurso de paella, el pedazo chiquito de la cama que habías reclamado tuyo si como el hueco entre torso y brazos donde cabías perfectamente. Había aún tantos besos en la boca para sembrarte en tu espalda desnuda, Dubai sonaba en los itinerarios de un futuro tan tuyo como mío, una playa de Veracruz que desconocías, y un tal Chepe. Me faltaron pues las hamburguesas de caimán, tu pizza casera y el ir de visita a tu casa con la confianza de que fuera propia, el verte morir antes porque no vienes de familia longeva, una ruta de vinos, el mole con el guajolote de moco azul, y la tuna roja cortada en una luna llena de septiembre , de una sierra allá en Oaxaca para pedirte matrimonio. Las 996 noches restantes de un libro, un rompecabezas de mil piezas, y el viaje por Europa después de haber ganado el Alfaguara, la cena en tu cumpleaños, el pago de las botellas a mis amigos. Esto no me lo dijiste, pero me negaste la posibilidad de cuidarte cuando te agarrara un achaque, cuando una gripe te tumbara en cama, cuando te llegara uno de tus momentos suicidas; la parte de conocerme cuando no tengo hambre ni sueño, cuando se me acaban los sueños; reconocer que no todo está bien aunque lo diga y confiar en ti para cuidarme... las clases de baile, la sonrisa, esa que regresará algún día, estoy seguro. Ojalá pudiera reclamarte a modo de exigencia, todas estas cosas y más que he pasado por alto, pero todo lo que estuve diciendo era enumerar formas de demostrar amor, y el verbo amar no admite imperativo, así que sólo me queda este pseudoreclamo a modo de despedida, porque así soy yo. Entre agradecido y melancólico, a modo de la nostalgia asabinada, ésa que no hay pero que añorar lo que nunca jamás sucedió. Y no, no te estoy diciendo que sigas siendo mi novia (aunque me numerase ganas porque lo sigas siendo, y verte mandar besos en video, y leerte cambiarme el material de mi corazón a cada rato, y sentirte abrazándome fuerte, fuerte)... pero esto es sólo mi tributo a modo de adiós.
martes, 20 de septiembre de 2016
cuatro putos años
Ya cuatro años de que mi tío no regresó
nada volvió a ser igual
y aún así
todo ha seguido haciéndose poquito mierda
a veces más
a veces no tanto
pero
cuatro años
se fueron las sonrisas
y la inocencia
el creer en el mañana será un mejor día
en los sueños que llegarían por el sólo poder que da soñar
por el poder que da la espera
eso de que la familia iba a estar allí siempre
eso de que el amor iba a llegar algún día y sería para siempre
eso de que las cosas nunca pueden estar tan malas
cuatro años
cuatro putos años
y aunque ya no es un pozo
sigo en el hoyo
y las ventanas
durante las noches
no dejan de corear mi nombre junto con el suelo
nada volvió a ser igual
y aún así
todo ha seguido haciéndose poquito mierda
a veces más
a veces no tanto
pero
cuatro años
se fueron las sonrisas
y la inocencia
el creer en el mañana será un mejor día
en los sueños que llegarían por el sólo poder que da soñar
por el poder que da la espera
eso de que la familia iba a estar allí siempre
eso de que el amor iba a llegar algún día y sería para siempre
eso de que las cosas nunca pueden estar tan malas
cuatro años
cuatro putos años
y aunque ya no es un pozo
sigo en el hoyo
y las ventanas
durante las noches
no dejan de corear mi nombre junto con el suelo
Otra carta
Es aquí que yo te guardo una despedida; así como logré guardar, antes de la hecatombe, unas frases sueltas, y dos o tres besos colados. En una cajita que guardo bajo la cama, no sólo dejé tus bragas... ahí también metí, a regañadientes, una frase cursi que se te escapó en una peda, dos gemidos de cada tres orgasmos, y la mirada perdida cuando el alcohol te sobrepasaba. Hay pues, si buscas bien (o guardas el silencio suficiente), las frases sueltas y tu risa; pero no las dejo salir... me sigue siendo imposible dormir con tanta luz.
Los dedos pues, nunca tuvieron dueño, se la pasaban inquietos en tu piel, así como el viento y las sonrisas, ¡Y tú que te esmeraste tanto en no salir retratada! Y yo tanto que intenté meterte en un bolero, en una canción de cuna para quienes no pueden dormir de noche; y tú que te regresabas siempre a tu cama mientras aún era de noche.
No te equivoques, no estoy mandando una carta de búsqueda. Más que nada una botella al mar, sin destinatario fijo, con la esperanza de una costa o una playa; un deseo al aire que atrape una estrella.
Mientras tanto yo seguí guardando las fuerzas para tu retorno o tu partida, guardando letras y caricias y las cosas bonitas que tenía en frasquitos dosificados para fechas lejanas o importantes. En la caja hay uno para dentro de un mes que dice, en letras chiquitas, "17 de octubre no abrir antes de esta fecha-bébeme": tiene guardado pirotecnia y caballitos de mar con sabor a tequila, y alguno de esos besos que te quería dar y no me diste, hay pues, también, sabor a chela.
No te confundas, aquí no hay un te quiero ni un te extraño (aunque haya un poco de ambos mientras te escribo esto); no hay un regresa, no hay un aparece, no hay la esperanza de un mensaje de vuelta. No hay pues las fantasías que anduve teniendo cuando te tenía a centímetros de mis ganas, no importa si fueron fantasías de semanas de meses o de años, aquí no las hay. Sólo el te quiero de alguien que te quiere (sí, dije que no había te quieros, pero me encontré como dos o tres), así, chiquito, como el espacio entre el pulgar y el índice de un gesto que dice "poquito"; a las cuatro de la mañana, casi a las cinco: no del quien te quiere en las mañanas ni en las noches o mientras estás ebria y te sobra cariño, que para que te quieran de esa manera, te sobran quereres, esos que se dan a media tarde cuando el sol colorea las nubes: de esos quereres que están a todas horas; hay, en cambio, quereres de madrugada, de esos que se quedan despiertos antes del amanecer, y luchan contra los monstruos de los sueños y bajo las camas. Tampoco hay tantos, insisto, dos o tres. De esos que te hubieran sido útiles si algún día tenías ganas de encontrarte con ese tipo de afectos.
Pero pos bueno, no hay mucho más, tampoco es que la cajita tuviera mucho guardado, tampoco es que hubiera mucho por guardar. Hay un collar de corteza de vainilla con forma de luna que traje de Teco, y una tortuga marina que liberé en el océano durante mi viaje, con tu nombre. Pero realmente no hay mucho. Yo, durante un par de noches más, dormiré pensando en abrazarte, y sentiré mis manos como si fueran tuyas tocándome un poco más, pero no hay mucho. Yo durante un par de lunas, le contaré a la luna lo que es pensar en tenerte un rato cerquita. Le narraré la historia de lo que no pasó, como si hubiera pasado, cuentos, poemas y fantasías. Y ella jugará a oírme, y a hacer como que le cuento la verdad. Aun cuando sepamos que no pasó. A mi cama le contaré de tu regreso incierto mientras agoniza, esperando que muera en un sueño bonito; y dejaré las noches a extrañar... vaya que se me da bien eso de extrañar. Antes de dormir me acariciaré la cabeza, mintiéndome: creyendo que son tus manos las que me pasan, creyendo que es tu cuerpo el que siento. Así, hasta que las noches vuelvan a ser solo noches, nubes, luna...
Pero antes, mientras espulgo las ranuras y los recovecos de aquella caja, encuentro dos cabellos tuyos y eso es suficiente para dormir. En silencio. Con esta carta que es secreto y también silencio.
Pd. Y es una larga posdata... cuántas palabras no caben en el silencio... cuántos besos... cuántas acciones... esperando que si no sé más de ti, al menos sea alguien que lograra escribirte algo bonito, bastante bonito, o al menos medianamente bonito, o por lo menos ligeramente bonito... aunque tu pinche corazón frío no disfrute de estas cosas...
PD2... si llegas a aparecer en mi sueño, ten por seguro que te abrazaré fuerte, fuerte... aunque sea una última vez (y si se pude te cojo rico, y si no, pos también).
Los dedos pues, nunca tuvieron dueño, se la pasaban inquietos en tu piel, así como el viento y las sonrisas, ¡Y tú que te esmeraste tanto en no salir retratada! Y yo tanto que intenté meterte en un bolero, en una canción de cuna para quienes no pueden dormir de noche; y tú que te regresabas siempre a tu cama mientras aún era de noche.
No te equivoques, no estoy mandando una carta de búsqueda. Más que nada una botella al mar, sin destinatario fijo, con la esperanza de una costa o una playa; un deseo al aire que atrape una estrella.
Mientras tanto yo seguí guardando las fuerzas para tu retorno o tu partida, guardando letras y caricias y las cosas bonitas que tenía en frasquitos dosificados para fechas lejanas o importantes. En la caja hay uno para dentro de un mes que dice, en letras chiquitas, "17 de octubre no abrir antes de esta fecha-bébeme": tiene guardado pirotecnia y caballitos de mar con sabor a tequila, y alguno de esos besos que te quería dar y no me diste, hay pues, también, sabor a chela.
No te confundas, aquí no hay un te quiero ni un te extraño (aunque haya un poco de ambos mientras te escribo esto); no hay un regresa, no hay un aparece, no hay la esperanza de un mensaje de vuelta. No hay pues las fantasías que anduve teniendo cuando te tenía a centímetros de mis ganas, no importa si fueron fantasías de semanas de meses o de años, aquí no las hay. Sólo el te quiero de alguien que te quiere (sí, dije que no había te quieros, pero me encontré como dos o tres), así, chiquito, como el espacio entre el pulgar y el índice de un gesto que dice "poquito"; a las cuatro de la mañana, casi a las cinco: no del quien te quiere en las mañanas ni en las noches o mientras estás ebria y te sobra cariño, que para que te quieran de esa manera, te sobran quereres, esos que se dan a media tarde cuando el sol colorea las nubes: de esos quereres que están a todas horas; hay, en cambio, quereres de madrugada, de esos que se quedan despiertos antes del amanecer, y luchan contra los monstruos de los sueños y bajo las camas. Tampoco hay tantos, insisto, dos o tres. De esos que te hubieran sido útiles si algún día tenías ganas de encontrarte con ese tipo de afectos.
Pero pos bueno, no hay mucho más, tampoco es que la cajita tuviera mucho guardado, tampoco es que hubiera mucho por guardar. Hay un collar de corteza de vainilla con forma de luna que traje de Teco, y una tortuga marina que liberé en el océano durante mi viaje, con tu nombre. Pero realmente no hay mucho. Yo, durante un par de noches más, dormiré pensando en abrazarte, y sentiré mis manos como si fueran tuyas tocándome un poco más, pero no hay mucho. Yo durante un par de lunas, le contaré a la luna lo que es pensar en tenerte un rato cerquita. Le narraré la historia de lo que no pasó, como si hubiera pasado, cuentos, poemas y fantasías. Y ella jugará a oírme, y a hacer como que le cuento la verdad. Aun cuando sepamos que no pasó. A mi cama le contaré de tu regreso incierto mientras agoniza, esperando que muera en un sueño bonito; y dejaré las noches a extrañar... vaya que se me da bien eso de extrañar. Antes de dormir me acariciaré la cabeza, mintiéndome: creyendo que son tus manos las que me pasan, creyendo que es tu cuerpo el que siento. Así, hasta que las noches vuelvan a ser solo noches, nubes, luna...
Pero antes, mientras espulgo las ranuras y los recovecos de aquella caja, encuentro dos cabellos tuyos y eso es suficiente para dormir. En silencio. Con esta carta que es secreto y también silencio.
Pd. Y es una larga posdata... cuántas palabras no caben en el silencio... cuántos besos... cuántas acciones... esperando que si no sé más de ti, al menos sea alguien que lograra escribirte algo bonito, bastante bonito, o al menos medianamente bonito, o por lo menos ligeramente bonito... aunque tu pinche corazón frío no disfrute de estas cosas...
PD2... si llegas a aparecer en mi sueño, ten por seguro que te abrazaré fuerte, fuerte... aunque sea una última vez (y si se pude te cojo rico, y si no, pos también).
sábado, 17 de septiembre de 2016
Allá más fácil
allá todo era más fácil
fingirme muerto sobre el mar
dejar que la olas jugaran conmigo a mi muerte
ser arrastrado a la arena
ser revolcado en la espuma
allá todo era más fácil
aunque el sol quemara en la piel
incluso cuando ya había llegado la noche
y el aire fuera caliente en los pulmones
y la playa cuece las pisadas
allá todo era más fácil
como si entre tantos kilómetros de espacio
se pudiera olvidar todo
y no quedara más que el arrullo de costa
y una luna grandota diluida en el agua
Allá todo era más fácil
el murmullo de las cuijas
la cacarra de las cigarras
el ir y venir del viento en la cara
Allá, como si todo se hubiera detenido
como si el mundo por fin tuviera una pausa
y el mar abierto sedujera amarrarse una piedra a los pies
o atarse con flores los labios... encallar
allá, por fin el olvido
acá, de nuevo a olvidarte
fingirme muerto sobre el mar
dejar que la olas jugaran conmigo a mi muerte
ser arrastrado a la arena
ser revolcado en la espuma
allá todo era más fácil
aunque el sol quemara en la piel
incluso cuando ya había llegado la noche
y el aire fuera caliente en los pulmones
y la playa cuece las pisadas
allá todo era más fácil
como si entre tantos kilómetros de espacio
se pudiera olvidar todo
y no quedara más que el arrullo de costa
y una luna grandota diluida en el agua
Allá todo era más fácil
el murmullo de las cuijas
la cacarra de las cigarras
el ir y venir del viento en la cara
Allá, como si todo se hubiera detenido
como si el mundo por fin tuviera una pausa
y el mar abierto sedujera amarrarse una piedra a los pies
o atarse con flores los labios... encallar
allá, por fin el olvido
acá, de nuevo a olvidarte
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