domingo, 1 de octubre de 2017

Lubilú


Mi Lu
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma 
(Girondo)


Mi lu... mi lubilú 
mi lú-luna lubiluliana liliana.
mi hoja quieta en la ventana, en el recodo del río. 

Mi lu, mi luna didita autonombrada.
mi luna lilu abyecta autosalvada.
Mi lu, vestida de noche y de planetas
de faldas largas y escotes.
Mi luz de luna de noche
mi lámpara para dormir
mi lustre luciérnaga
temblor y calma
botella de ron vacía.

Me costó tanto olvidarte como para que regreses cinco años más tarde, vestida de palabras y reclamos que además hablan de risas. Nunca voy a reclamarte tu falta. Ni hacer de tu partida una carta que hable de pregones que exigen justificación. 

Lu mi luna liliana, mi luz lucero celeste.
mi noche amarga de otoño
mis viajes y nostalgias
mis mares, mi arena
mi playa nayarita en calma
Lu, mi lunika de cosas por hacer que no hice
mi evo 
mi recuento de daños
mis daños propios vueltos ajenos

el lugar al que uno va cuando muere, cuando es capaz de elegir dónde quedarse, donde volverse fantasma y entonces por qué calles caminar y habitar hasta el olvido. Allí, mis veinticinco años que se vuelven treinta tan de golpe y tan de falta. Como cuando uno se da cuenta de que habita sus propios pasos. Mi camino sigue, a pie juntillas, por el tiempo, el corazón y el amor se quedaron en cierta tarde o noche de hace años mientras dormía y dormías; mientras jugaba y no dejaba de jugar. 

Lu, mi lumía, mi lugar
mi lujo y lujuria
mi luto
Lu, mi luna Liliana
mi lustro de falta
mi silencio
mi limbo
mi hogar...

sábado, 30 de septiembre de 2017

martes, 29 de agosto de 2017

veintinueve de agosto

Vaya extraño día. Me vienes de pronto a la cabeza sin razón del todo aparente. Luego en mis recuerdos de Facebook aparecen comentarios sobre la novela, es un buen comentario, quizá debería imprimirlo y tenerlo enmarcado para los momentos en que dude de mí. Corro a buscar el comentario original, para hablar con la persona en cuestión, y no lo encuentro en mi correo: debe estar en el Messenger, voy pasando hasta las conversaciones del 2015, y lo hallo. Me pone a pensar en la novela, en recordarla. Me pongo a pensar en mi incapacidad de enamorarme, que ha sido la constante últimamente; las historias de mis novelas, el denominador común del protagonista masculino en todas, es un tipo abatido, no está amargado, pero en general siempre coquetea con la idea del suicidio. Creo que eso dice más de mí que cualquier cosa que sea capaz de decir conscientemente.

      Ahora veo las fotos que tengo de mí, y me doy cuenta que sólo sonrío en ellas cuando estoy con algún amigo y hay alcohol de por medio. Pero ya es una felicidad que viene con factura: los blackout, el malestar ligero en el estómago, la tristeza a modo de resaca. Justamente ayer pensaba en una escena donde un niño le preguntaba a mi personaje por qué estaba triste; él no lo sabe. Ha consumido tanto de una droga que lo hace dormir y ser dueño pleno de sus sueños, que le ha comido la memoria, al punto que tiene que contarse sueños y escribirlos antes de que se le olviden, a modo de recuerdos. Bueno, pues no es algo que esté tan alejado de la realidad: "la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Sin embargo, y como lo dije atrás, mi memoria ya ha dejado de ser la misma. Entre lo que pasó y la forma en que escribí lo que pasó, bueno, soy las historias que me he contado de mí mismo.

     Así que al ver el mensaje de quien me había felicitado por mi novela, encontré que el usuario se había dado de baja. Si se van uniendo los hilos de lo que he escrito, podría ser evidente que hice algo: tenía años sin ver nuestras conversaciones en face. Dije que ya lo había superado, aún así me vino el temblor en la manos, el sudor frío, y el malestar en el estómago, seguramente era la cruda, porque también tenía la tristeza trepada.

     Hace una semana un amigo me preguntó qué se sentía estar enamorado. Le expliqué a mi forma y tuve que caer en  cuenta de lo mismo de siempre. Hay un antes y un después de aquella época. La verdad es que tampoco la recuerdo muy bien. Y bueno, ahí estoy en el messenger, viendo las últimas conversaciones, fotos. Cuando sonreía de verdad sin necesidad de "fiesta". Aquel amigo terminó diciéndome que ojalá algún día sepa lo que es estar enamorado. Tiene treinta años igual que yo y nunca ha tenido una relación con nadie. Entro a la conversación y puedo encontrar la voz que creía olvidada. En tus palabras, todavía puedo escucharte. No me duele el recuerdo o tú, o tu falta. Sólo el hecho de no volver a amar así, no volver a estar enamorado así. De ni siquiera poderlo chillar. El ir viendo cómo poco a poco me convertí en algo diferente. En cómo desde hace casi dos años, ya no les escribo poemas a las chicas que quiero enamorar, en cómo he dejado de hacer regalos con mis manos, cocinarles

     De nuevo el cliché: extraño la época cuando era feliz y no lo sabía.

     Cuidado, le dije a mi amigo, la felicidad que tienes al estar enamorado, tiende a ser directamente proporcional a la tristeza que queda tras la partida.

     Llevo horas haciendo este texto, escribiendo lo que pasa, lo que pienso, y lo que dejo un rato para ponerlo después. Cada vez me siento más confundido. A veces siento que no siento nada. Otras, que me gustaría sentir, algunas más, que está bueno no sentir. Al final siempre termino extrañando. Extraño una profesora que me enviaba videos diciéndome que me amaba con su voz grave. Extraño a una cuentacuentos a la que nunca besé, pero me acurrucaba bien con ella. Y me pongo a pensar que a lo mejor no son ellas a las que extraño, sino el afecto que lograba sentir con ellas. Extraño el afecto que ya no sé sentir, no con el que me autoconvenzo, el de las pláticas de madrugada que ahorita ya sólo son oraciones reescritas. Después me confundo más, me pongo a leer más de las conversaciones de hace casi cinco años, y vaya que cursi y dramático sí era, je. Pero era honesto. Lo sé porque mientras lo hago, algo dentro de mí sí duele, no sé qué sea ni por qué, pero el llevaba sin llorar años, bueno, cambió... minutos apenas. Y entonces no sé nada. ¿Extraño mi vida de esos momentos, te extraño a ti, extraño al yo de ese momento? Quizá lo más sensato es decir que no se puede separar nada de eso. Todo viene siendo uno expresado con diferentes palabras.

     Quizá sólo extraño sentir. Sentir de verdad

     Luego me pongo a pensar, que quizá estaba completamente errado, y que quizá fue sólo una asociación inconsciente por ser este día. 26, ¿no?

jueves, 16 de marzo de 2017

vocación de picis

Tengo vocación de picis, de ir mirando por la ventana y perderme en mundos alternos o alterados. En uno de esos, no voy a descansar a mi cama, sino a la tuya. No como en el de hace dos semanas, donde tú llegabas a mi casa porque ahí vivías. O en el de hace tres días donde llegabas a mi trabajo a decir que me extrañabas. En el de ahorita, que no tiene que ver con el de hace tres minutos, vamos abrazados en el transporte; sigue siendo premañana, pero vamos con mochilas, venimos llegando de un viaje, cansados y sonrientes, casi como ahorita, que me gana el cansancio, y se me escapa la sonrisa entre tanta fantasía, pero no solo.

martes, 17 de enero de 2017

a modo de despedida

Ojalá pudiera reclamarte a modo de exigencia todo lo que me aseguraste: pasar conmigo el próximo fin de año, y casarte dentro de tres, el viaje a Puebla y el concurso de paella, el pedazo chiquito de la cama que habías reclamado tuyo si como el hueco entre torso y brazos donde cabías perfectamente. Había aún tantos besos en la boca para sembrarte en tu espalda desnuda, Dubai sonaba en los itinerarios de un futuro tan tuyo como mío, una playa de Veracruz que desconocías, y un tal Chepe. Me faltaron pues las hamburguesas de caimán, tu pizza casera y el ir de visita a tu casa con la confianza de que fuera propia, el verte morir antes porque no vienes de familia longeva, una ruta de vinos, el mole con el guajolote de moco azul, y la tuna roja cortada en una luna llena de septiembre , de una sierra allá en Oaxaca para pedirte matrimonio. Las 996 noches restantes de un libro, un rompecabezas de mil piezas, y el viaje por Europa después de haber ganado el Alfaguara, la cena en tu cumpleaños, el pago de las botellas a mis amigos. Esto no me lo dijiste, pero me negaste la posibilidad de cuidarte cuando te agarrara un achaque, cuando una gripe te tumbara en cama, cuando te llegara uno de tus momentos suicidas; la parte de conocerme cuando no tengo hambre ni sueño, cuando se me acaban los sueños; reconocer que no todo está bien aunque lo diga y confiar en ti para cuidarme... las clases de baile, la sonrisa, esa que regresará algún día, estoy seguro. Ojalá pudiera reclamarte a modo de exigencia, todas estas cosas y más que he pasado por alto, pero todo lo que estuve diciendo era enumerar formas de demostrar amor, y el verbo amar no admite imperativo, así que sólo me queda este pseudoreclamo a modo de despedida, porque así soy yo. Entre agradecido y melancólico, a modo de la nostalgia asabinada, ésa que no hay pero que añorar lo que nunca jamás sucedió. Y no, no te estoy diciendo que sigas siendo mi novia (aunque me numerase ganas porque lo sigas siendo, y verte mandar besos en video, y leerte cambiarme el material de mi corazón a cada rato, y sentirte abrazándome fuerte, fuerte)... pero esto es sólo mi tributo a modo de adiós.

martes, 20 de septiembre de 2016

cuatro putos años

Ya cuatro años de que mi tío no regresó
nada volvió a ser igual
y aún así
todo ha seguido haciéndose poquito mierda
a veces más
a veces no tanto
pero
cuatro años
se fueron las sonrisas
y la inocencia
el creer en el mañana será un mejor día
en los sueños que llegarían por el sólo poder que da soñar
por el poder que da la espera
eso de que la familia iba a estar allí siempre
eso de que el amor iba a llegar algún día y sería para siempre
eso de que las cosas nunca pueden estar tan malas
cuatro años
cuatro putos años
y aunque ya no es un pozo
sigo en el hoyo
y las ventanas
durante las noches
no dejan de corear mi nombre junto con el suelo